Macri, la posverdad y el correo

El concepto de posverdad ya existía. Tiene el ADN de aquella remotarecomendación acerca de la conducta de la mujer del César. O del consejo de Joe Kennedy a su hijo presidente: “Más importante que ser honesto es parecerlo”. La idea de la posverdad parece confirmar también la sentencia de Churchill: “En política, la verdad es tan importante que siempre se encuentra rodeada y protegida por un ejército de mentiras”.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

2017-02_14_MACRIAunque todavía carece de reconocimiento por parte de la Real Academia Española, el vocablo post-verdad o bien simplemente posverdad, fue consagrada en 2016 como la palabra del año por el Diccionario Oxford.
La expresión “post-truth” ha sido definida como “Que se refieren o denotan circunstancias en las que los hechos objetivos tienen menor influencia en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. O sea, la verdad carece de importancia. Lo verdaderamente decisivo es el impacto que una frase, una idea o un concepto tienen sobre la opinión pública, independientemente de la cuota de verdad que pueda encerrar. En otras palabras, se trata del predominio de las emociones sobre la razón, del corazón sobre el cerebro.
El concepto de posverdad ya existía. Tiene el ADN de aquella remota recomendación acerca de la conducta de la mujer del César. O del consejo de Joe Kennedy a su hijo presidente: “Más importante que ser honesto es parecerlo”. La idea de la posverdad parece confirmar también la sentencia de Churchill: “En política, la verdad es tan importante que siempre se encuentra rodeada y protegida por un ejército de mentiras”.
El año de consagración de la posverdad como palabra estrella es el mismo del triunfo del Brexit y de Donald Trump, año en el que las apelaciones a los sentimientos y las emociones vivieron momentos cumbre y éxitos inesperados. Voces de ultratumba convocaron a las voluntades mayoritarias y barrieron con las razones y verdades instaladas, que habían gobernado la política durante décadas.
Es a la luz de estos conceptos que se puede entender lo que está sucediendo por estos días con la discusión por los avatares judiciales que tuvo la convocatoria de acreedores de la empresa de Franco Macri que explotaba la concesión del correo argentino.
Las razones no tienen importancia. Ninguna importancia. No hay argumentos técnicos que valgan. Ni la ley de concursos y quiebras. Ni siquiera el hecho de que la deuda del deudor concursado se haya licuado de un modo abrupto durante los años de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Afectamos desconocer que, en el tiempo que transcurre a partir de la verificación del crédito, el monto adeudado no puede sufrir ningún tipo de actualización ni recargo por intereses.
Nada importa. Lo único que vale es que el principal acreedor del concursado es el gobierno ejercido por Macri y el deudor es su propia familia. No importa que se hayan seguido los pasos procesales legales. No importa que el tema esté en manos de la justicia. No importa que el gobierno se abra a todos los controles que sean necesarios. Nada importa. La idea a instalar es que Macri está perdonando una parte de la deuda a sus parientes. Los cálculos que circulan son desaforados, fuera de toda escala y completamente ajenos a lo que establece la ley de concursos. Pero eso tampoco importa.
Todo esto carece de importancia porque forma parte de la verdad “técnica” y “jurídica”. Lo que vale es la verdad “política”, esto es el impacto que logre la denuncia en las emociones de los votantes.
La cuantía de ese impacto es fácil de vaticinar: si la economía mejora de un modo ostensible para los bolsillos, entonces esta acusación y las que vendrán pasarán desapercibidas. Pero si la situación económica desmejora, entonces las acusaciones contra el gobierno de Macri cobrarán credibilidad.
Así pasó –aunque al revés- con Menem y Cristina. En el caso de Menem, las acusaciones de corrupción recién tomaron peso electoral en los comicios de 1997, cuando la economía había aflojado. En el caso de Cristina, todo era perdonado mientras circulara dinero, planes y empleo público. Aunque todo eso nos estuviera llevando hacia Venezuela.
Por ahora, así funcionan las relaciones entre verdad y política.



1 Comentario

  1. La “verdad histórica” quedará sepultada el día en que un tribunal superior al que actualmente cobija al Concurso Preventivo, dictamine definitivamente que el Art. 19 de la Ley 24.522 que suspende los intereses es legal y está vigente (tanto para Socma como para las decenas de miles de empresas grandes, medianas, Pymes, monotibutistas y autonomos de todo el pais desde el año 1995 en adelante). Y otro tribunal pero del fuero Civil y Comercial a su vez dictamine que los créditos reclamados por Socma (producto de la cancelación de la concesión ordenaa por Nestor Kirtchner) deberán ser actualizados al 2% mensul más la Tasa Pasiva del BCRA, desde la iniciación de la demanda que supongo será 2001 o por alli cerca. En ese momento se pruducira el juicio politico de la Fiscal que embarro la cancha en el Cosejo de la Magistratura por pésimo desempeño, desconocimiento del derecho y daños al patrimonio público

Dejar respuesta