El Sub 20 y el desahogo de la Comisión Normalizadora

La clasificación al mundial de la categoría fue mucho más que un desahogo para Pérez, Marín y su séquito. La improvisación de la elección de Úbeda fue un riesgo que pudo traer un inmenso costo político, en un año electoral y caótico.

Por Federico Jelic

2017-02-12_PEREZ

El estruendo y desahogo del final, cuando el árbitro hizo sonar el silbato en el estadio Atahualpa de Quito por toda la delegación del Seleccionado Sub 20 no llegó ni a la mitad del tenor de lo que se festejó en los pasillos de AFA, con la clasificación al mundial. Detractores y opositores a la Comisión Normalizadora de AFA ya tenían servilleta atada al cuello y cuchillo más tenedor afilados, para hacer leña del árbol caído, y todo presagiaba que se iba a concretar el fracaso. Llegó el empate entre Colombia y Brasil, el milagro se concretó, y al final Argentina clasifica al mundial de la categoría por méritos más ajenos que propios. Una constante, aunque en tiempos de una AFA desordenada y con batallas intestinas feroces, se celebra el logro, pero queda en el borrador miles de asuntos por corregir.
Al menos, Armando Pérez, presidente de Belgrano y del Comité Regularizador, respira aliviado. Difícil le iba a ser salir ileso si el Sub 20 no sacaba pasaporte al mundial de Corea del Sur. El costo político hubiera sido inmanejable, cuasi destituyente.

Suspiros en AFA
Imagínense si Argentina no clasificaba, escenario más que potable y posible en consonancia con lo producido por el equipo, aunque los astros estuvieron de nuestra parte en el partido final. Brasil quedó afuera. Venezuela se lleva el boleto restante. Inconcebible desde el punto deportivo por los proyectos y los pergaminos de ambos, pero esto no es producto de la casualidad. De fracasar, el costo político hubiese sido un lastre prácticamente imposible de sobrellevar para la gestión.
Hay que ser claros: en la calle Viamonte el agua no llegó más allá del cuello por amor propio más que por causa un proceso. Hace años que no existe un proyecto de juveniles serio y perdurable, se cambian técnicos como fusibles y lo más lógico (hasta un acto de justicia) hubiera sido que se quedara al margen del mundial. Se hizo todo mal, y en este caso, la responsabilidad también excede a la junta normalizadora. Herencia también de sus antecesores.
Pero de todas maneras, Pérez y su séquito también tienen su parte de la culpabilidad. El proceso de elección del DT fue una desprolijidad absoluta, muestra fiel del caos reinante en AFA. Porque, primero se llamó a “licitación”, por decirlo de alguna manera, con proyectos presentados en carpeta por 44 entrenadores, entre ellos de algunos de renombre y consagrados como Francisco Ferraro y César Luis Menotti, y algunos llamativos, como Gabriel Batistuta, Roberto Ayala y José Chamot, para que al final la elección cayera en Claudio Úbeda, quien no había entregado ninguna carpeta.
Esa improvisación e incoherencia no salió mal porque Dios demostró una vez más que si no es argentino, al menos tiene domicilio radicado en nuestro territorio. Y esa decisión pesa por sobre Fernando Marín, el empresario sindicado por el Gobierno Nacional al frente de “Fútbol para Todos” y que también forma parte de la mesa chica con las negociaciones de los derechos de TV del fútbol argentino con los oferentes existentes.



Marín, el improvisador
Marín, ex presidente de “Blanquiceleste”, empresa que gerenció a Racing Club de Avellaneda, eligió a Úbeda a pesar de su inexperiencia y su escasa formación, solo por tener los colores albicelestes del club de sus amores. La influencia del ex titular “Académico” también prevaleció en el nombrar a Miguel Miccó en las categorías menores de Ezeiza. Sin embargo, ni él es consciente del riesgo que tomó por obrar con el “amiguismo” y no con el criterio profesional que este tipo de determinaciones fundamentales reviste.
Más allá del final feliz al terminar la película, AFA no queda bien parada en cuanto a imagen por todo lo que tuvo que pasar el Seleccionado Sub 20 para llegar al objetivo, después de ostentar cinco títulos mundiales FIFA en esa categoría.
Es decir, se armó un proceso de selección y se obró premiando a dedo al que mejor le caía al hombre que maneja el circo, que evidentemente tiene muchísimo peso en el seno de la Comisión Normalizadora. Mientras rescinde el contrato de Casa Rosada y “Fútbol para Todos” con AFA, se da el gusto de nombrar a hombres de su club, sin tantos diplomas, para la formación de la cantera y semillero del fútbol argentino. Las consecuencias pudieron ser insostenibles en caso de dar un paso en falso. Situación que no se dio simplemente porque Argentina le empató a Brasil en el quinto minuto de descuento en la penúltima jornada, resultado que le permitió soñar hasta la fecha final. Un milagro, argumento por el cual sobrevive AFA.

Salió bien, pero…
Imaginamos a Armando Pérez con un desahogo eufórico aunque medido por la “salvación”. Desde que asumió al frente del Comité Regularizador tuvo que soportar miles de frentes, enfrentado con los clubes (principalmente del ascenso) por el reparto del dinero de la TV, con la renuncia de Gerardo Martino a la Selección mayor y otros desbarajustes económicos indisimulables.
La designación de Edgardo Bauza también le trajo disidencias. Aún no está garantizada la clasificación a Rusia 2018 y está claro que ahí está cimentado gran parte del futuro y de la reputación de esta intervención. De consumarse la eliminación del Sub 20, le iba ser muy cuesta arriba remontar la confianza y la “gobernabilidad”, en un año tan crucial como este 2017, con tintes electorales. La Comisión Normalizadora deja sus funciones en abril y le facturarían eternamente haber quedado fuera del mundial Sub 20, por improvisar con la elección de DT inexperto y amigo de Marín. Y después, con Bauza en la mayor, que no es del gusto ni el paladar de la mayoría. Por ahora transitan en aguas agitadas, superando los primeros obstáculos pero lejos de la armonía. Una transición sinuosa.
La oposición hubiese atacado con furia, como lo sigue haciendo ahora, sin piedad. Más de algún opositor, Claudio “Chiqui” Tapia y el propio Daniel Ferreiro seguramente no festejaron el 0 a 0 entre colombianos y brasileños. Les hubiera venido como anillo al dedo en pos de su “golpismo” y desestabilización. Las ansias de destitución los superan. Contra todo eso lucha Pérez. Así son las internas en el fútbol argentino.
Pero eso no deslinda responsabilidades. El festejo del dirigente Jorge Miadosqui en Ecuador fue fiel ejemplo, junto al embajador Luis Juez, llamado a ser el nuevo gurú o cábala, tras su charla al grupo y su incidencia en el partido de Atlético Tucumán por la Copa Libertadores ante El Nacional. La Comisión Normalizadora esquivó la primera bala pero tampoco quedó ileso del todo. Políticamente hubiese sido un retroceso peligroso. A Pérez y compañía le restan la instrumentación del nuevo estatuto, las elecciones, y el pasaje a Rusia.



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