Aplazado por la política… ¿reivindicado por el fútbol?

Como los expertos saben, la clasificación del Sub 20 fue mucho más una carambola de resultados ajenos que la consecuencia de su excelencia deportiva. Tanto Juez como los jugadores tienen derecho a festejar todo lo que quieran pero, convéngase, mucho más que rezarle a Colombia paraque le empatara a Brasil no podían hacer en la instancia que se encontraban.



Por Pablo Esteban Dávila

ilustra-luis-juez-escondiendo-la-bolaUn par de acontecimientos deportivos totalmente ajenos a la política han devuelto cierto protagonismo a Luis Juez, el embajador argentino en Ecuador. Juez venía de una serie de traspiés en la provincia de Córdoba, cuyo punto culminante fue la magra elección que protagonizó como candidato a intendente junto a Olga Riutort, otrora blanco predilecto de sus denuncias. Antes había violado un acuerdo con Mauricio Macri por el que sería candidato a Senador a condición de no azuzar el avispero en la capital provincial, distrito comandado por Ramón Mestre y otro de los aliados del presidente. Este desplante, a su vez,había sido posterior a su ensamble en Cambiemos, resistido por el radicalismo en pleno (con excepción de Oscar Aguad) y por buena parte del electorado macrista.
Muchos creyeron que, al enviarlo a Quito, Macri había tomado una de las decisiones más atinadas en lo que lleva de presidente. Más allá de que Rafael Correa fuera uno de los mandatarios preferidos de Cristina Kirchner lo cierto es que Ecuador dista,objetivamente,de ser un país estratégico para la Argentina. Si el exintendente hubiera sido despachado a, por ejemplo, Uruguay, probablemente su exilio habría estado matizado de inevitables polémicas y malentendidos bilaterales, dada su escasa vocación por la diplomacia. Pero allí donde hoy se encuentra, excepto por alguna impensable disputa por el comercio de bananas, es difícil que su poder de daño pudiera generar algún incordio irreparable a la Administración que dice integrar.
En Cambiemos su partida tuvo poco de dramática. Casi todos respiraron aliviados de que el polémico dirigente se radicara a unos cuantos miles de kilómetros de distancia. Se sacaban de encima un factor de permanente desasosiego que, lejos de unificar la entente, trabajaba en forma constante para dinamitarla aunque, justo sea decirlo, le encantara desgañitarse (todavía hoy lo hace) con la cantinela de que es un “hombre del presidente” y exageraciones por el estilo.
No obstante, Juez siempre se las ingenia para retornar a los primeros planos. Un problema con el vuelo chárter que debía trasladar a Atlético Tucumán hacia la ciudad de Quito le sirvió para mostrarse en todo su esplendor. Como ya todo el mundo sabe, el embajador movió cielo y tierra para que los tucumanos pudieran jugar contra El Nacional de aquella ciudad a pesar de las demoras. El triunfo del equipo “Decano” por uno a cero sirvió de broche de oro para las gestiones del cordobés.
Apenas cuatro días después, la inesperada clasificación del seleccionado nacional al mundial sub 20 (también se jugaba en Ecuador) fue el otro motivo para poner la cara. Festejo en la embajada, arengas a los jugadores y abundantes mensajes en Twitter lo mostraron en Argentina como un político que sabe gestionar el deporte y representar los colores patrios como Dios manda.
Lo interesante del asunto es que el aporte de Juez, en el caso de los tucumanos, fue sólo de corte logístico, mientras que en el tema de la clasificación de equipo sub 20 ni siquiera puede reclamarese mérito. Es cierto que la gente de Atlético hizo una patriada enorme (al menos desde la épica del futbol, una idealización que siempre nos parecerá exagerada) pero que Juez sea el hombre del momento por tal hecho se antoja un tanto pretensioso. Después de todo, que un representante argentino se involucre activamente ante las desventuras de sus compatriotas en el exterior no deja de ser parte de su trabajo. Si las dificultades del vuelo se hubieran revelado con, por ejemplo, un equipo de andinistas, su ayuda no habría tenido la difusión que tuvo aunque, seguramente, la hubiera prestado igual.
En la cuestión del seleccionado el ejemplo es incluso más lejano. Como los expertos saben, su clasificación fue mucho más una carambola de resultados ajenos que la consecuencia de su excelencia deportiva. Tanto Juez como los jugadores tienen derecho a festejar todo lo que quieran pero, convéngase, mucho más que rezarle a Colombia paraque le empatara a Brasil no podían hacer en la instancia que se encontraban. Si el festejo fue algo así como un desahogo tribal por haber recibido una gracia inesperada no hay objeciones, a menos que se considere que el embajador es una especie de chamán deportivo que obró este milagro.
Lo cierto es que, luego de haber sido aplazado duramente por la política local, Juez parece estar siendo reivindicado por el deporte. La visita que acaba de prodigarle Héctor Baldassi parece ratificar esta impresión. El diputado de Cambiemos se encuentra visitando Quito como miembro de la comisión arbitral de la CONMEBOL y ratificando que, al igual que el embajador, el fútbol es el ingrediente más importante de su vocación pública.
Es prematuro especular sobre hasta dónde llegará este resurgir del exintendente. ¿Se trata de la participación en un torneo de verano o de un triunfal regreso a la primera A de la política nacional? Algunos, especialmente sus colegas en Cambiemos, comienzan a preocuparse por la segunda posibilidad. La interna en ciernes es pródiga en malos presagios. A la candidatura ya anunciada de Baldassi se le suman las pretensiones del radicalismo y, ahora, la segura amenaza que proviene desde Ecuador. No obstante que, previsiblemente, la coalición podría aspirar a cuatro bancas, quien encabece la boleta será el dirigente que reclame la condición de hombre fuerte del presidente en la provincia.
Juez imagina para sí el poder ostentar esta dignidad. Meses atrás sólo pretendía trabar una buena relación con Correa, uno de los pretendidos “populistas tecnoeficientes” de la región. Ahora, envalentonado por su pericia logística en las calles de Quito, sueña con recuperar el tiempo perdido ante la Casa Rosada. No sólo para ayudar al presidente desde el Congreso, conforme su volición pública, sino para medrar de un escenario propicio en la ciudad de Córdoba de cara a 2019.
Se trata, claramente, de un intento de regreso por la claraboya política, pero que posee una racionalidad que no debería ser soslayada. Ramón Mestre no tiene un sucesor claro, ni dentro de su partido ni entre la oposición. De no cambiar en demasía el escenario, el próximo intendente también lo será con un porcentaje que ronde el 30%. Con pocos centros de gravedad articulando la oferta electoral en el distrito, no es aventurado suponer que Juez busque revancha por su monumental yerro de 2015. El radicalismo, que ya lo daba por extinto, observa con el ceño fruncido la inesperada popularidad deportiva del personaje. Que los tucumanos pretendan declararlo ciudadano ilustre, vaya y pase, pero que Macri pueda considerarlo como tal en un futuro próximo es otra muy distinta. Suficiente ya tienen con el idilio presidencial con Schiaretti como para tener que soportar eventuales flirteos de este embajador que tantos felicitan por hacer su trabajo.



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