Palabra autorizada

Estamos muy lejos de poner la mano en el fuego por éste o por cualquier gobierno en materia de corrupción.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

2017-02-09_CRISTINA_MACRISi alguien pudiera asesorar a Cristina Kirchner, debería decirle que quizá no esté acertando con la dirección que le da a su crítica a Mauricio Macri y su gobierno. Sobre todo, en un aspecto.
Dejemos de lado las alusiones al “feroz ajuste neoliberal”, que no ha existido según la evidencia que aportan todos los números importantes: el gasto sigue alto y aumenta más, la emisión monetaria no se ha detenido en la medida que se anunciaba, el dólar está nuevamente atrasado, los ajustes tarifarios han sido más bien suaves.
Pero no nos referimos a esto sino al ataque al gobierno en razón de presuntos actos de corrupción. Primero fueron los Panamá papers, por sociedades sin movimiento y muy lejanas en el tiempo. Luego por el caso Arribas, un funcionario que no tiene antecedentes en cargos públicos y que presenta papeles que informan que vendió un inmueble y le transfirieron el dinero a su cuenta. Enseguida, el caso del vuelo en helicóptero presidencial por parte de la esposa y la hija menor del primer mandatario. Y ahora, una convocatoria de acreedores de Correo Argentino, empresa de la familia Macri, donde se llegó a un arreglo con los acreedores, entre ellos el estado nacional.
Estamos muy lejos de poner la mano en el fuego por éste o por cualquier gobierno en materia de corrupción. No se trata de eso sino de que la crítica kirchnerista en estos temas no resulta demasiado creíble aun reconociéndole a los funcionarios K la gran experiencia que puedan haber acumulado durante todos estos años en materia de corrupción, de apropiación de fondos públicos y de enriquecimiento ilícito.
Cierta vez contrataron a Maradona para hacer una campaña en contra del consumo de drogas, es cierto. Pero luego la levantaron por el mismo motivo que ahora apuntamos: su credibilidad no resultaba excesiva.
Uno trata de imaginar cómo ha de sentirse un medio que durante los años de Menem realizó importantes denuncias sobre corrupción y luego hizo un silencio de doce años aunque por sus ojos desfilaban descomunales hechos delictivos que involucraban a funcionarios públicos de primer nivel. Poco después, la misma prensa retomó su conducta anterior y nuevamente comienza a denunciar al nuevo gobierno.
En estos casos, la credibilidad es ciertamente muy baja. No sólo por aquello de la paja y la viga sino también por una larga serie de hechos tales como los bolsos revoleados, los terrenos comprados a vil precio, los hoteles para blanquear, la obra pública, los millones en la caja de seguridad de la hija, el intento de comprar la fábrica de billetes, los trenes viejos comprados como nuevos, Sueños Compartidos, la Tupac y decenas si no centenares de hechos similares.
Por eso: mejor no hablar del tema y, en todo caso, proclamar a los cuatro vientos que Macri no está dispuesto a liberar a América Latina del yugo imperialista.
Y ahí sí, todos les creeremos. Y seremos felices.



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