Sonría, lo estamos grabando

Todos sabíamos que Cristina Kirchner destrataba a sus colaboradores, apretaba a jueces y fiscales y armaba causas. Pero escuchárselo decir a ella misma es muy impactante.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

2017-02-07_PARRILLILa tecnología está haciendo estragos en la política.
Primero fue el descubrimiento de la posibilidad de reproducir las grabaciones de archivo. El que empezó con eso fue Raúl Portal, que después tuvo muchos imitadores. Nadie resiste un archivo, se dice. Hablamos de grabaciones con declaraciones públicas, realizadas a medios de comunicación que luego son reproducidas cuando a veces incompletas, a veces editadas y siempre fuera del contexto en las que se dijeron.
La novedad ahora son las palabras pronunciadas en privado, las conversaciones personales donde los que participan ignoran que están siendo grabados. Personas que hablan de un modo desprevenido, que no miden sus palabras, que hablan con la confianza que lo hace cualquiera que supone que sólo está siendo escuchado por quien está al otro lado de la línea.
Muchas veces las conversaciones no sonreveladoras de información desconocida sino simple confirmaciones de datos que ya contaban con fuertes sospechas de nuestra parte. Pero aún así, el impacto puede ser devastador, al menos para una franja de los que consumen información.
Todos sabíamos que Cristina Kirchner destrataba a sus colaboradores, apretaba a jueces y fiscales y armaba causas. Pero escuchárselo decir a ella misma es muy impactante.
Todos suponíamos que los grandes clubes de la AFA contaban con el favor de los árbitros pero escuchar al presidente de Boca pedir que los jugadores de su club reciban una sanción leve o que un árbitro sea bueno con su equipo, es muy fuerte.
De todos modos, muy pocos kirchneristas cesarán en su apoyo al tener evidencia de que su jefa desprecie a sus colaboradores, al Partido Justicialista y trate de influir sobre la justicia de la peor manera. Tendrán como explicación que esa conducta está subordinada a una causa justa, a sacar a los pobres de la miseria, a defender el interés nacional y que, por ese motivo, se justifica todo lo que dijo.
Igual con Angelici: casi ningún hincha de Boca le censurarán que trate de lograr por medios non sanctos que su equipo triunfe como sea. Se dirá que los otros clubes también lo hacen, que lo importante es ganar y sumar títulos.
Como sea, todo esto aporta a la transparencia. Aunque sea involuntaria. Llegará un momento en que las posibilidades de corrupción estén tan acotadas y comprimidas que será muy difícil perpetrarla. O muy riesgoso. En buena hora.



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