Nuevas definiciones de Francisco (III y última nota)

La Teología de la Liberación, es un modo de mirar el mundo y especialmente América Latina y la acción del catolicismo, fundado en el libro de ese mismo nombre escrito por el cura peruano Gustavo Gutiérrez y que sirvió de sustento ideológico a los movimientos sacerdotales que se volcaron a la lucha violenta durante los años setenta.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

Papa-FranciscoAl decidir el abandono del equilibrio y la moderación propios de su investidura, Francisco entra de lleno en el debate político y lo hace con una condena enérgica al “liberalismo”, al que le atribuye la ruina económica de América Latina.

Ese posicionamiento ideológico de Francisco lo desliza hacia una afinidad que resulta sorprendente.

Dice el Papa: “La teología de la liberación fue una cosa positiva en América Latina. Fue condenada por el Vaticano la parte que optó por el análisis marxista de la realidad. El cardenal Ratzinger hizo dos instrucciones cuando era perfecto de la Doctrina de la Fe. Una muy clara sobre el análisis marxista de la realidad. Y la segunda retomando aspectos positivos. La teología de la liberación tuvo aspectos positivos y también tuvo desviaciones, sobre todo en la parte del análisis marxista de la realidad”.

Como todos recordamos, la Teología de la Liberación, es un modo de mirar el mundo y especialmente América Latina y la acción del catolicismo, fundado en el libro de ese mismo nombre escrito por el cura peruano Gustavo Gutiérrez y que sirvió de sustento ideológico a los movimientos sacerdotales que se volcaron a la lucha violenta durante los años setenta. En el caso de la Argentina, el Movimiento de sacerdotes por el Tercer Mundo, que se sumó a la lucha terrorista de esos años.

Cierto es que Francisco en su momento tomó clara distancia de este movimiento pero ahora le reconoce “aspectos positivos”. Asimismo, la orientación que ha dado a su magisterio es apoyada con entusiasmo por el sector de la Iglesia que aún hoy sostiene estas posiciones de izquierda.

Esta muestra de simpatía hacia la “teología de la liberación” resulta inevitable pues la visión económico-social de Francisco tiene muchos puntos de coincidencia con ella. Y esto refuerza nuestra convicción de que el sumo pontífice ha buscado en el arcón ideológico de los años setenta el sustento principal de su modo de mirar el mundo de hoy.

La visión de la “teología de la liberación” supone la existencia de “países opresores” (los del Primer Mundo, según la terminología de la época) y “países oprimidos” (los del Tercer Mundo). Los primeros son los responsables del atraso y la pobreza de los otros. Un regreso a la teoría de la opresión imperialista, que ya había sido abandonada por Juan Pablo II y, con gran énfasis, por Benedicto XVI. Pero Francisco regresa a ella. Es la ideología de sus años mozos, la que lo entusiasmó durante los setenta, cuando se sentía atraído por el grupo Guardia de Hierro. Un nacionalismo de raigambre peronista, que el Papa exhibe sin pudores ni moderación alguna. Hacia allí está llevando Franciso a la Iglesia, con convicción y firmeza. A los años de Paulo VI, de Medellín y Puebla. Hacia los tiempos de la épica antiimperialista, que ahora aparece bajo la forma de una cruzada anti-liberal.

En su entusiasmo nacionalista, Francisco comete una gaffe graciosa. Explica al periodista el origen de la palabra “cipayo”:  “Es una palabra clásica, literaria, que está en nuestro poema nacional. El cipayo es aquel que vende la patria a la potencia extranjera que le pueda dar más beneficio. Y en nuestra historia argentina, por ejemplo, siempre hay algún político cipayo. O alguna postura política cipaya.”

En realidad la palabra “cipayo” ha sido introducida a la política argentina por los nacionalistas de los años treinta. Así se denominaba en la India a los soldados que formaban parte del sistema de ocupación británico y reprimían a sus propios connacionales. Francisco dice que está tomada del Martín Fierro pero no es así. Algún ultra nacionalista, al verificar la endeblez de los conocimientos que el Papa exhibe acerca de esta obra esencial de la literatura de su país, podría enojarse y tildarlo de… cipayo.



No hay comentarios

Dejar respuesta