Visita a la Alta Gracia jesuítica

El Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers, ofrece a los visitantes un recorrido que va del siglo XVII al XIX.

Por Gabriel Abalos
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ABAL-estanciaaltagraciaDe martes a viernes se habilitan las visitas a la Estancia Jesuítica de Alta Gracia, que se abre a sí misma como valioso patrimonio arquitectónico, y abre también sus exposiciones permanentes y sus muestras específicas, que conforman diecisiete ofertas de turismo histórico.
Esto es posible porque el cuerpo principal del Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers cuenta con diecisiete salas de exposición permanente, ambientadas según las etapas históricas a través de los siglos XVII, XVIII y XIX de lo que fue la antigua residencia jesuítica, parte del casco de la Estancia. Los días miércoles, además, los visitantes pueden participar de una Visita Temática.
La Estancia, llamada ya Nuestra Señora de Altagracia, pasó a manos de la Compañía de Jesús en 1643, por donación, y a comienzos de la década de 1660 se edificó la iglesia definitiva, en su emplazamiento actual. Los padres convirtieron las instalaciones en un gran emprendimiento productivo para contribuir con el mantenimiento del Colegio Máximo y el templo, en Córdoba. En su período de mayor actividad, el centro rural participaba de la trama de relaciones comerciales con las otras estancias jesuíticas, y también proveía de mulas al circuito andino, actividades en que atravesó parte del siglo XVIII. Esto fue traumáticamente interrumpido por la expulsión de los Jesuitas, algunos de cuyos padres fueron prendidos por orden del rey en la Residencia de Alta Gracia, el 14 de julio de 1767, tapiándose en el acto la puerta de la iglesia.
A comienzos del siglo XIX, un día muy especial, el 25 de Mayo de 1810, mientras el pueblo de Buenos Aires derrocaba a la administración española, el héroe de la Reconquista y ex Virrey del Río de la Plata Santiago de Liniers, decidido a mudarse a los aires conservadores de Córdoba, adquiría la Estancia de Alta Gracia a su entonces propietario, Victorino Rodríguez. Éste, ex catedrático y ex gobernador de la provincia, la había rescatado en un remate del embargo de bienes de su finado padre, don José Rodríguez, dueño también y constructor de la Casona donde vivió el Virrey Sobremonte, en la ciudad de Córdoba. Es sabido que tanto Liniers como Rodríguez acabaron fusilados por el mismo pelotón, tres meses más tarde, el 26 de agosto. Eso fue lo que duró como huésped de la casa de Alta Gracia, el desgraciado marino y político de origen francés.
La residencia, conservada en su estructura y convertida en Museo en 1977, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en conjunto con la Manzana Jesuítica y las otras estancias de la orden en la provincia de Córdoba.
La historia de la Estancia de Alta Gracia está grabada en sus paredes, y el Museo ofrece además al visitante un paseo por la vida cotidiana en las épocas históricas, recorriendo los salones ambientados según períodos, del mil seiscientos al mil ochocientos, percibiendo los viejos tiempos detenidos entre sus muros con la ayuda de objetos: fotografías, documentos, maquetas, dioramas, muebles, que la recrean al paso de los siglos. El mobiliario describe tanto la sala suntuosa del Virrey, como la rústica habitación del pueblo llano. Se puede también apreciar en el exterior un cañón de tiempos de las invasiones inglesas, y ver los jardines del Museo, a la altura del primer piso de la casa. El complejo histórico comprendía la residencia jesuítica de dos plantas, la iglesia, el obraje, la ranchería de los esclavos, los molinos, hornos de cal y ladrillos y la herrería, hoy en diverso estado de conservación. La iglesia, en el ala sur, muestra el encanto del barroco colonial americano. Está edificada como una sola nave y se caracteriza por la curvatura de los muros que bajan desde la cúpula. En su interior se destaca el retablo del altar mayor, con columnas salomónicas y el púlpito tallado en madera.
En la planta baja de la residencia, que en la época jesuítica servía como almacén y depósito, están instaladas actualmente la Dirección, la Recepción, el Área administrativa y la Tienda del Museo. La institución brinda de martes a viernes, en el horario extendido de Temporada Alta (9 a 20 hs.), visitas guiadas a cada hora, con cupos de 25 a 30 personas. Los sábados, domingos y feriados abre de 9.30 a 20.
El Museo acostumbra tender visitas guiadas temáticas en su agenda anual, relacionando determinados recorridos que se centran en enfoques históricos de la cultura, de la religión, o alusivos a determinadas celebraciones, como la que ofreció el viernes pasado en ocasión de la Noche de los Museos de Alta Gracia, titulada Oro, incienso y mirra, la presentación del Niño ante los Reyes. Este miércoles (desde el 4 hasta el 25 de enero), se puede participar en la Visita Guiada La Residencia y la Iglesia de la Estancia Jesuítica, donde los participantes podrán conocer los espacios del Museo y de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced, experimentando la unidad íntima de trabajo y de oración que se vivía entre la Residencia de la Estancia y su Iglesia. Las visitas se realizan a las 11 y a las 18.
La misma geografía urbana de Alta Gracia está en gran medida determinada por la presencia de la estancia jesuítica, cuyo cuerpo quedó emplazado en el centro de una ciudad que crecía a su alrededor. No sólo cuenta la contundencia simbólica y arquitectónica de sus edificaciones, sino también el tajamar, dique artificial de 80 m. de largo proyectado y construido por los jesuitas, que le sigue brindando identidad propia a la bella ciudad situada a 36 kilómetros de la ciudad de Córdoba, por la ruta 5.