El error de creernos Escandinavia

Cada vez que se habla de modificar algún aspecto de la legislación laboral, los sindicalistas saltan y se rasgan las vestiduras por la probable eliminación de las “conquistas sociales”.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

afip2Cada vez que se habla de modificar algún aspecto de la legislación laboral, los sindicalistas saltan y se rasgan las vestiduras por la probable eliminación de las “conquistas sociales”.

Lo cierto es que en la Argentina la mitad de los que trabajan en relación de dependencia, lo hacen “en negro”, esto es en forma irregular. Sus empleadores no los declaran, no les realizan aportes y ellos se ahorran las contribuciones.

En general, los que emplean en tales condiciones son los pequeños comercios y talleres o industrias. Y lo hacen porque, en caso de tener que declarar a sus empleados, su precaria actividad desaparecería pues los números mostrarían una pérdida que les resultaría insostenible. Y las grandes empresas, al contrario, pueden pagar lo que la ley les indica y además realizan todas las contribuciones patronales a que los obliga la legislación vigente.

Se dice que Argentina tiene una legislación social de avanzada. Es probable que sea cierto. Pero es carísima y su contracara es el empleo en negro.

El gobierno anterior agregó varios feriados nacionales en el año. Este gobierno, ya añadió uno, el de Güemes, seguramente muy merecido pero que se suma al costo de los que producen. Argentina tiene una legislación laboral de país escandinavo pero productividad de latinoamericano. Y es un problema del cual no puede salir fácilmente.

La última vez que se intentó alguna modificación fue con los contratos temporarios en los años de Menem. Pues bien: se los calificó de “contratos basura”. Al menos ellos permitían regularizar temporariamente a algunos trabajadores. Suprimido el sistema, los que trabajaban en él no fueron a parar al sistema regular e institucionalizado sino a la economía irregular.

Se dice que Argentina tiene una legislación social de avanzada. Es probable que sea cierto. Pero es carísima y su contracara es el empleo en negro.

El gobierno anterior agregó varios feriados nacionales en el año. Este gobierno, ya añadió uno, el de Güemes, seguramente muy merecido pero que se suma al costo de los que producen. Argentina tiene una legislación laboral de país escandinavo pero productividad de latinoamericano.

En el concepto del gobierno anterior, se sabe, los empresarios eran enemigos de los trabajadores. Los succionaban. Debían ser castigados. Se les eliminaron incluso los tickets canasta, producto de una negociación anterior que había sido aceptada por los sindicatos y que permitía a los empleadores no pagar cargas sociales por una parte menor del salario. Al eliminarse, se incorporaron esos montos al salario y se sometieron al pago de cargas sociales como el resto del sueldo.

Aquel que está en duda de declarar sus empleados en negro seguro recuerda situaciones como esa y piensa que las condiciones ventajosas que puede ofrecerle el gobierno actual para que blanquee su personal, luego pueden ser borradas de un plumazo por un cambio de guardia en la Casa Rosada.

El costo laboral argentino no es un tema de fácil solución. Limita las posibilidades de exportación en aquellos rubros en que no tenemos ventajas comparativas, como la industria. Y restringe las posibilidades de contratación de nuevos empleados. Es una conquista social que impide que los que ahora están afuera y no gozan sus beneficios, puedan ingresar fácilmente a compartirlos.



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