Dificultades con la verdad

Cada día se nos aparece algún signo de los setenta, del tiempo del terrorismo y el contraterrorismo. El drama se resiste a cesar.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

carlotto-baccaCada día se nos aparece algún signo de los setenta, del tiempo del terrorismo y el contraterrorismo. El drama se resiste a cesar.

Hace un par de años, con la reaparición del nieto de Estela de Carlotto, Ignacio Urban, existió un conato de conflicto entre los deseos del joven y la resolución judicial que era de rigor para estos casos: condenar a padres de crianza, acusarlos de “apropiadores” y cambiar nombre y apellido del nieto hallado.

Esta vez las cosas han ido más allá y el conflicto se planteó en la Justicia, donde se ha resuelto aunque no todavía de un modo definitivo.

El Tribunal Oral Federal 4 de la Capital Federal ha autorizado a Hilario Bacca a usar su propio nombre y apellido rechazando el pedido de las Abuelas de Plaza de Mayo para que le sea impuesto el de sus padres biológicos.

Las Abuelas quedaron furiosas con el fallo. Estiman que constituye “una afrenta a su memoria”, a la de Hilario Bacca. También, que se “vulnera los derechos de los familiares de los desaparecidos”.

Próximo a cumplir 39 años, Hilario Bacca acaba de ganar un juicio que lo habilita a utilizar su propio nombre, el que ha tenido desde que fue adoptado por sus padres de crianza y no el de sus padres biológicos. La razón de su preferencia es bien simple: para él, sus padres son quienes lo criaron, cuidaron, educaron. Sabe que es hijo de una pareja de desaparecidos pero no siente inclinación alguna respecto de construir un vínculo con sus ancestros biológicos. Esta preferencia se funda, naturalmente, en el amor y seguramente el agradecimiento hacia sus padres de toda la vida. Más aún: sus padres adoptivos lo incitaban a buscar su origen y era el propio Bacca quien no se interesó por remontar su propia historia biológica.

Hilario Bacca ha vivido como un martirio el empecinamiento de la agrupación HIJOS y de las Abuelas de Plaza de Mayo, por obligarlo a encontrar su origen biológico. Describe la situación como una persecución que incluyó allanamientos a su propiedad a los fines de obtener el ADN que él no quería aportar pues no deseaba establecer un vínculo con su familia biológica.

Sus padres adoptivos fueron condenados y Bacca intentó establecer una relación con sus abuelas de sangre pero no lo logró. Él dice que no sentía nada hacia ellas y que, además, ellas cuestionaban a quienes lo adoptaron, o sea, a sus padres de toda la vida. Ahora, el Tribunal Oral Federal 4 de la Capital Federal ha autorizado a Hilario Bacca a usar su propio nombre y apellido rechazando el pedido de las Abuelas de Plaza de Mayo para que le sea impuesto el de sus padres biológicos.

Las Abuelas quedaron furiosas con el fallo. Estiman que constituye “una afrenta a su memoria”, a la de Hilario Bacca. También, que se “vulnera los derechos de los familiares de los desaparecidos”.

Un complejo de razones de ambos lados donde intervienen factores emocionales, políticos, jurídicos y, sobre todo, ideológicos. El encuentro de los hijos de desaparecidos es una aspiración legítima, por supuesto. Pero cabe plantearse qué sucede cuando el nieto privilegia de un modo excluyente el vínculo con sus padres adoptivos, tal como ocurre en este caso. Al parecer, eso resulta inaceptable para los abuelos biológicos que normalmente catalogan como “apropiadores” a los padres que casi siempre de buena fe los adoptaron, les dieron una familia, los educaron, cuidaron y protegieron. Bacca ama a sus padres adoptivos y para él su familia biológica no significa nada importante.

Cabe preguntarse entonces si su voluntad, su decisión, sus afectos y su opinión no cuentan para nada en las decisiones de las Abuelas de Plaza de Mayo. Pareciera que ellas, que sin duda han padecido profundos desgarramientos por la desaparición de sus hijos, ahora valoran al nieto encontrado como un trofeo político más que como una persona cuyos sentimientos, necesidades y preferencias son importantes.

El nieto que buscaban fue encontrado. Pudieron constatar que goza de buena salud, que recibió amor, educación y verdad. Cuando tenía 4 años, sus padres le información su condición y luego lo incitaron a buscar su familia de origen. Sus padres lo llevaron desde una prisión sangrienta hacia un hogar; podría decirse que le salvaron la vida. Y luego fueron condenados a 6 años de prisión. ¿No merece ser respetada la decisión de Hilario Bacca de usar su apellido y no el de sus padres biológicos? ¿No deberían estar felices las Abuelas al ver que Hilario está vivo, que ha tenido una vida con cariño, familia y hogar? ¿O esto les es completamente indiferente?

Un dilema ético que probablemente nunca podremos resolver pero que parece muy claro, en este caso, para los protagonistas de uno y otro lado.



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