La banalización de Malvinas

Así como el estéril rugido revolucionario del Che Guevara terminó trivializado en las fotos de Korda en stikers y remeras, la causa Malvinas se muestra apta para estimular las ínfulas patrioteras de muchos aspirantes a salvadores de la patria.

Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

2017-01-05-stanley-malvinasAsí como el estéril rugido revolucionario del Che Guevara terminó trivializado en las fotos de Korda en stikers y remeras, la causa Malvinas se muestra apta para estimular las ínfulas patrioteras de muchos aspirantes a salvadores de la patria.

Nos referimos al desafortunado saludo de fin de año del ministerio de Desarrollo Social que salió adornado con un mapa de Argentina lleno de estrellitas pero que no incluye a las Islas Malvinas ni tampoco la porción de la Antártida que nuestro país reivindica también como propio.

Como era de esperar, a Carolina Stanley (que para colmo cuenta con el sospechable infortunio de llevar como apellido la denominación británica de la capital del archipiélago) le saltaron a la yugular. Una larga fila de nacionalistas sacó rápidas conclusiones: que a este gobierno no le importa un pepino la causa Malvinas, que se trata de una administración entreguista, y cosas por el estilo. Todas obvias y sobreactuadas. Ha habido incluso quien metió una denuncia a la ministra por el presunto delito de traición a la patria. ¿No es demasiado?

Malvinas da para esto y mucho más. Nilda Garré, ministro de Defensa del anterior gobierno dijo en su momento que los muertos en Malvinas deben sumarse a la lista de los desaparecidos por la dictadura. Hebe de Bonafinise despachó también con una frase cariñosa: sostuvo que ninguno de los que combatieron en Malvinas debió de regresar con vida porque “eran todos fachos”. Emocionantes aportes a la memoria de la gesta de Malvinas, sin dudas.

Pero volviendo a la descuidada publicidad del ministerio, la ministra pidió suficientes y necesarias disculpas. Hubo falta de atención y de criterio. No supone intención ni opinión alguna sobre el diferendo diplomático. Esto es obvio pero carece de importancia para quienes están prestos a rasgarse las vestiduras para demostrar su presunto patriotismo.

Como era de esperar, a Carolina Stanley (que para colmo cuenta con el sospechable infortunio de llevar como apellido la denominación británica de la capital del archipiélago) le saltaron a la yugular. Una larga fila de nacionalistas sacó rápidas conclusiones: que a este gobierno no le importa un pepino la causa Malvinas, que se trata de una administración entreguista, y cosas por el estilo. Todas obvias y sobreactuadas. Ha habido incluso quien metió una denuncia a la ministra por el presunto delito de traición a la patria. ¿No es demasiado?

Vale la pena recordar que a la propia Nilda Garré, militante montonera y ministro de Defensa de Cristina, le sucedió algo similar. Pero peor. Durante su gestión en esa cartera, en la Revista de la Defensa, publicación a cargo del ministerio que ella comandaba, se ilustra la nota “La misión de las FFAA en la Argentina actual” con un mapa argentino que incluye a las Islas Malvinas pero que reproduce todas las denominaciones británicas. Así aparecen llamadas Falklands y Puerto Argentino señalado como Stanley. Más aún: entre paréntesis se lee UK (UnitedKingdom – Reino Unido) como país de pertenencia de las islas.

Hechos como estos, incómodos y desafortunados, dan más para el chascarrillo que para la deducción de sesudas conclusiones acerca del bajo nivel de patriotismo en este o aquel gobierno.

Como frutilla del postre, y también a modo de argumento irrefutable, puede mencionarse el hecho de que en el sitio web del lujoso Hotel Los Sauces, propiedad de la familia Kirchner, el mapa argentino que ilustra también adolece de las Islas Malvinas.

Y… ¿quién podría poner en duda el elevado patriotismo de los Kirchner?



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