Alfonso Prat Gay: el falso profeta de la gradualidad

La salida del ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, produjo múltiples interpretaciones que fueron desde el choque de personalidades con el presidente Mauricio Macri, los magros resultados económicos u otras internas con miembros del famoso “mejor equipo de los últimos cincuenta años”, que tuvo su primera baja a poco de cumplir el primero.

Por Fernando Rosso
@RossoFer

2016-12-29_prat_gayLa salida del ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, produjo múltiples interpretaciones que fueron desde el choque de personalidades con el presidente Mauricio Macri, los magros resultados económicos u otras internas con miembros del famoso “mejor equipo de los últimos cincuenta años”, que tuvo su primera baja a poco de cumplir el primero.
Sin embargo, una lectura se tornó predominante: lo “renunciaron” por considerarlo demasiado gradualista para achicar el déficit fiscal y ordenar las cuentas públicas.
Esta interpretación viene íntimamente acompañada de otro mito: Prat Gay expresaría una caritativa sensibilidad social, un heterodoxo que se negó a un ajuste salvaje, casi un socialdemócrata.
El ex – ministro ya utilizó toda esta confusión general en su última conferencia de prensa y se probó traje de candidato reivindicando su gestión de punta a punta y repitiendo hasta el cansancio la necesidad del “gradualismo”.
Pero la realidad es muy distinta. El ministro que fue responsable de la devaluación, del acuerdo con los holdouts y el reinicio de un feroz endeudamiento, que avaló -con algunos matices- la política de tasas altas del Banco Central que plancharon la economía y el consumo, que bajó las retenciones a la soja y las eliminó para las otras commoditiesagrarias y que alentó la apertura indiscriminada de la economía (pese a los límites que hubo que poner luego); no expresa en su “gradualismo” una política de no ajuste, sino un ajuste en la medida que se lo permite la relación de fuerzas.
La velocidad con la que lo lleva adelante no depende de su alma caritativa, sino de cierto realismo para, dicho en criollo, “no chocar la calesita”.
La rapidez y la orientación del ajuste no dependen de las características personales de un ministro, sino de las demarcaciones que impone el entramado social y político.
Los reemplazantes de Prat Gay (Nicolás Dujovne y Luis Caputo) se encuentran frente al mismo problema y quizá ante un panorama peor, porque las condiciones internacionales están cambiando drásticamente y estamos a punto de entrar al año electoral que decidirá el destino de Cambiemos.
Sería cómico que, con esta lógica del “mal menor” aplicada al análisis político, mañana frente a una eventual llegada del talibán del neoliberalismo argento, José Luis Espert, se termine debatiendo la sensibilidad “social-gradualista” de Dujovne y su equipo.
En síntesis, el gobierno de Macri se encuentra aún frente al grueso de su tarea inconclusa y Prat Gay fue todo lo radicalmente neoliberal que habilitó la realidad. Por lo tanto, no está para vestir santos… gradualistas.



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