Olave, bastión y símbolo político

El retiro de la actividad del arquero de Belgrano representa un problema no solo deportivo para el club sino también para el DT y la gestión de Armando Pérez. El aliado más importante pega un paso al costado. Una personalidad cinematográfica.

Por Federico Jelic
@fedejelic

2016-12-12_olave-1Que Juan Carlos Olave haya anunciado su retiro de la actividad el próximo domingo, para el hincha de Belgrano significó algo así como perder un clásico con Talleres en el último minuto, con un gol con la mano, y que se consagrara campeón en tu cara, para mandarte al descenso. Porque el “Pirata” pierde mucho más que un referente. Es cierto que había anunciado que esta sería su última temporada, solo que la mayoría imaginaba que podría darse en junio de 2017, con chances de convencerlo por un año más, apelando a su amor por los colores. Pero a los 40 años, este escenario era posible. Solo que cuando sucede, uno no lo acepta. Es como aquel pariente enfermo que no querés perder jamás. Pero en este caso, Olave no solo que no está enfermo sino que goza de la mejor salud y es el causante de que Belgrano no esté peor en la tabla. Su nivel sigue siendo superlativo. ¿Dónde está el presidente Armando Pérez para intentar convencerlo de que juegue al menos hasta junio? ¿Por qué el arquero se va ahora y no a fin de temporada? Interrogantes…

Más que un arquero
Líder absoluto del vestuario del “Celeste”, Olave, quien el otro fin de semana evitó una derrota atajando un penal a Temperley, dice adiós. Y no es el caso en el que el fútbol te retira, sino que se va en uno de sus mejores niveles. Temperamental, pasional, son algunas de sus características. Tiene tanta personalidad que no puede disimilar cuando está disconforme. Como hizo después del penal ante Temperley, la seña de “quedate callado”, y después en la zona mixta increpó al periodista Juan Pablo Estela, de Cadena 3. No mide consecuencias a la hora de enfrentarse a oponentes de ninguna naturaleza.
Árbitros, rivales en la cancha, periodistas, compañeros, dirigentes…Olave estuvo por encima de todos en este segundo ciclo en Belgrano, cuando llegó en 2007. Una década ganada, con levantamiento de quiebra, ascenso a Primera División, mandando a River Plate al descenso en el mismísimo Monumental, tres torneos internacionales, salida al exterior por Copa Sudamericana por primera vez en la historia…Tantos logros existieron que al hincha ya la nostalgia lo invade, porque todo eso se encuentra representado en la figura del arquero ex Las Palmas. Precisamente, Las Palmas podría ser su destino final: nació en el barrio, es hincha, se puso los guantes por primera vez ahí y entonces, el sueño de retirarse en los “Azules” es algo latente. Encima, con el incentivo de que podría compartir campo con su hijo Thiago, hoy en el primer equipo de Las Palmas, que compite en el Federal B. Juega de delantero. El deseo está pronto a cumplirse.
“Tengo la decisión tomada. Tengo que hablar con los dirigentes, algo les había adelantado. Estuve diez años atajando en el club del cual soy hincha, diez años casi seguidos, pero tuve dos pasos antes. Tuve la fortuna y el privilegio de vestir esta camiseta. Logramos cosas importantes, arrancamos en la B Nacional y terminamos jugando copas internacionales. Estuvimos dos veces cerca de clasificar a la Copa Libertadores, cuando diez años atrás en Belgrano era impensado. Ser parte del mejor momento de la historia me tiene que generar felicidad”, graficó con claridad.
El tema es averiguar qué precipitó a Olave a adelantar su retiro formal de la actividad, más allá de su edad, en un gran nivel deportivo.

Desgaste con todos
¿Cómo será la relación de Olave con Armando Pérez? Era su fiel consejero. Cada refuerzo que sonaba para venir a Alberdi, necesitaba la aprobación del arquero, dependiendo los casos, claro está. Pero había tomado preponderancia fuera de la cancha, por ser capitán y líder, además de ganarse el respeto tanto de sus compañeros como de los oponentes. Era el aliado ideal.
Algunos aducen que ya la salida de Ricardo Zielinski mostraba algunos cortocircuitos generales, producto de un desgaste por tantos años juntos. Otros aducen que Olave estaba harto de muchas situaciones, de algunas críticas sistemáticas con el tema de la edad de muchos referentes (cuestión por la que prepeó al periodista Estela) más la frustración por la eliminación ante Coritiba por Copa Sudamericana, después del gran partido realizado en Brasil, hicieron mella en el ánimo. La Copa Argentina era el último pretexto para seguir luchando. Se terminó en semifinales.
Al arquero le costaba dominar su carácter. En la cancha, a veces histriónico cuando sale a “retar” a sus compañeros cuando salva algún gol o cuando se cruza la cancha entera para recriminarle justicia al árbitro por algún fallo no del todo transparente, o para “meter el pecho”.
Todo ese perfil lo erige también como un cómplice de la dirigencia. Con Armando Pérez lejos de Belgrano a pesar de ser presidente, ya casi no hay comunicación. El hombre de los cosméticos tiene como prioridad dirigir la Comisión Normalizadora de AFA y no es tan fácil ya encontrarlo por teléfono como antes.



Con códigos
Olave tiene una lengua filosa para declarar; sin embargo, su salida fue diplomática. Sabe cuándo utilizar sus recursos para la guerra y para negociar. Por eso, no “prendió el ventilador” con las cosas que lo enojaron de la institución, sabiendo que en algún futuro, tiene la puerta abierta. “Siento que puedo seguir jugando al fútbol, pero creo que es el momento oportuno para dejar que Belgrano consolide su próximo arquero. Le hace falta reestructurarse y volver a ser, y de a poco lo va logrando. Hemos pasado muchísimos momentos difíciles. Con el apoyo de todos, Belgrano va a salir una vez más adelante”. Político total. Olave se ganó el respeto y admiración hasta de los hinchas de Talleres. Colaborando con causas solidarias, sea con donación de juguetes a orfanatos y hospitales, o apoyando a causas de los deportistas adaptados como los “Murciélagos” y otros damnificados con distintos tipo de enfermedades. Colaboró con la campaña de la familia Oviedo, fanática de Talleres, en su batalla contra la fibrosis quística pulmonar. Eso es grandeza.
¿Qué dirá Armando Pérez, al perder su mejor jugador, por lejos, de la campaña? Sabe que sin Olave, el vestuario se le puede rebelar, que los resultados pueden tomar un vuelco más negativo incluso sin su piedra basal fundamental.
Pilar, referente, de temperamento fuerte, con carácter, arquerazo y con cintura política tanto para la respuesta provocativa como para los elogios. Pérez se queda sin un aliado fundamental, una de sus cimientos. ¿Afectará a su gestión? Muchos, a Olave, lo imaginan presidente en unos años…



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