Trump “nacional y popular”

Uno de los aspectos más controvertidos del pensamiento de Donald Trump es el que se relaciona con la globalización, el fenómeno del mundo interconectado con fluida circulación de factores productivos, incluida la mano de obra.



Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

2016-11-16_trump_franciscoUno de los aspectos más controvertidos del pensamiento de Donald Trump es el que se relaciona con la globalización, el fenómeno del mundo interconectado con fluida circulación de factores productivos, incluida la mano de obra.
Trump representa el pensamiento de una amplia franja de la sociedad norteamericana que mira con desconfianza si no con fastidio la decisión de los EEUU de trasladar fuera de sus fronteras los procesos industriales más sencillos, reservándose para sí los más complejos. Ese norteamericano también rechaza la inmigración masiva de latinos y de otras latitudes pues siente que los inmigrantes compiten con el asalariado local, abaratando sus sueldos y disputándole los puestos de trabajo.
Es una suerte de reacción de la economía del Siglo XX, contra la que se rige con los parámetros del Siglo XXI.
Son los que se sienten desplazados, los que perciben que su nivel de vida ha caído con el mundo global. No quiere que el trabajo se desplace fronteras afuera. Ni hacia México, amparados en el NAFTA ni hacia el sudeste asiático en búsqueda de salarios más bajos que los norteamericanos.
Es un intento de regreso al nacionalismo económico de raigambre clásica.
En tal sentido, no se entiende bien cómo es que muchos liberales se muestran felices con el triunfo de Trump.
Este perfil “nacional y popular” del magnate norteamericano quizá haya sido lo que sedujo a la ex presidenta y a Guillermo Moreno, quienes han tenido palabras elogiosas hacia el presidente electo, ante el horror –imaginamos- de los muchachos de Carta Abierta para quienes Trump es el demonio mismo.
En tal sentido, Trump representa un fenómeno similar al expresado por el Brexit y por los movimientos nacionalistas de Europa, algunos de ellos con acentuados tintes retrógrados. En todos los casos, se mezclan con estos factores económicos, otros de índole cultural que es preciso tener en cuenta si es que se quiere comprender estos hechos en forma completa.
La pregunta es si esta política de nacionalismo económico de los países desarrollados será aceptada por sus pueblos una vez que sus efectos se hagan visibles y comiencen a aumentar los precios de algunos artículos de consumo como indumentaria, automóviles y otros.
El rumbo que van tomando los acontecimientos revela la falsedad de una creencia de largo arraigo: que la globalización favorece a las grandes potencias y perjudica a los países menos desarrollados. Al parecer, en aquellos países son muchos quienes piensan que es al revés. Es probable que si el proteccionismo de los países ricos logra extenderse, crezcan los padecimientos del resto del mundo.



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