Trump ha puesto de rodillas al Ministerio de la Verdad

Es injusto que en la elección para presidente del mundo sólo puedan votar los ciudadanos de Estados Unidos. Yo, que en la Argentina no voto para intendente, ni para gobernador ni para presidente, esta vez, si hubiera podido, habría puesto mi voto para Donald Trump.

Por Daniel Gentile

donald-trumpEs injusto que en la elección para presidente del mundo sólo puedan votar los ciudadanos de Estados Unidos. Yo, que en la Argentina no voto para intendente, ni para gobernador ni para presidente, esta vez, si hubiera podido, habría puesto mi voto para Donald Trump. En realidad, no tanto a favor de Trump como en contra de Hillary Clinton. Esta señora, que se ha mostrado como uno de los rostros más importantes del más violento neofeminismo radical, que ve con simpatía la legalización del asesinato de los niños por nacer, que ha apoyado la financiación a Planned Parenthood (organismo que lucra con el comercio de órganos de fetos sacrificados), es merecedora de todo mi repudio. Es cierto que a quienes somos pro-vida nos choca terriblemente la subsistencia de esa atrocidad que es la pena de muerte, y que Trump no la cuestiona ni la cuestionará porque está en su adn y en el de sus votantes. Pero también es cierto que la Sra. Clinton tampoco prometió abolirla. Entre la incoherencia vida-muerte de uno y la coherencia muerte-muerte de la otra, me decanto esta vez por la incoherencia.
Además, algo me dice que con Trump puede venir el comienzo del fin de la dictadura de la corrección política promovida por el neomarxismo. Si Donald puede con esas poderosas sectas de fanáticos que son la ideología de género, el neofeminismo, el ecologismo, el aborigenismo, el animalismo, y todas las caras diversas y cambiantes de ese Proteo que es el neomarxismo gramsciano, nos habrá hecho un gran bien. De ningún modo estoy pidiendo la proscripción de estas ideologías. Todo lo contrario. Estoy deseando que no sean obligatorias, que no sean impuestas a palos, a garrotazos, como ocurre hoy en todo el mundo occidental.
Creo que los norteamericanos, esencialmente individualistas, han votado eso. Hartos de la corrección política que hace un cuarto de siglo los (y nos) sojuzga, hartos de un Estado monstruoso que nos castiga por pensar y por decir lo que pensamos, se decidieron simplemente por un rebelde en el que intuyen, por su enfrentamiento con el poder establecido, que puede salvarlos de la opresión.
Es un hecho evidente que Trump ha luchado contra el establishment. El nuevo establishment conformado por las diversas ideologías que mencioné. Ganó una interna durísima y una general en la que luchó contra todos los medios hegemónicos del mundo. Los ha derrotado, como ha derrotado a la Asamblea General de la Onu, a la Corte Internacional de La Haya, a Amnesty Internacional, a Greenpeace. Trump ha puesto de rodillas al Ministerio de la Verdad que había profetizado (y que para su bien no alcanzó a sufrir) el genial George Orwell. Donald Trump es un luchador y un luchador contra corriente. Un rebelde. Y eso me encanta.
Hace unas horas estuve viendo la emisión de un canal de televisión argentino que es algo menos que un átomo en el universo mediático dominante, y muestran la hilacha. No se han resignado a la derrota. Exhibían a toda pantalla durante largos minutos, a unos cuantos manifestantes, con subtítulos como “Estados Unidos resiste a Trump” y “Estados Unidos dividido por Trump”. Las manifestaciones existieron, existen y existirán, pero esos títulos son tendenciosos. Sólo falta que el Colegio de Abogados de Córdoba me mande por mail una circular adhiriendo al pesar por la derrota de Hillary. Si ello ocurre (y no es imposible que ocurra), no tendré dudas de que los norteamericanos votaron bien.
Lo que pienso y digo no sólo lo digo yo. Víctor Orban, primer ministro de Hungría, ha declarado que la victoria de Trump puede ser el principio del fin de la tiranía de la corrección política que padece Occidente.
La Argentina es un país ínfimo, insignificante. Todo nos llega del Norte y de Europa, y nos llega un poco tarde. Así como nos llegó (y nos oprime hasta hoy) la dictadura “pc”, también nos llegará la reacción que de la mano de este excéntrico personaje puede producirse en los Estados Unidos.
En fin, si la progresía está histérica, algo me late que Donald debe tener cosas buenas. Y ese hubiera sido el fundamento de mi voto. El único fundamento, pero suficiente. Por lo demás, en otros aspectos nunca podría haber votado a Trump porque sigo siendo antinacionalista, universalista y antipopulista. Siento un instintivo rechazo por toda manifestación multitudinaria y colectiva. En eso no he cambiado y no creo que cambie.
Por último: Se lo presenta a Trump como un nuevo Hitler. Tengo unos cuantos amigos liberales y judíos, gente muy formada intelectualmente, que son trumpistas de la primera hora, y están celebrando. Ellos sí, con fundamentos estrictamente racionales.
Alguien puede acusar a este libelo de adolecer de cierta debilidad en sus argumentaciones lógico-intelectuales. A quien así lo haga, le digo que tiene plena razón. Esto es un desfogue casi puramente emocional.



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