Triunfo póstumo de una estrategia K

Por estos días, el Centro Cívico se encuentra difundiendo un sugestivo spot a través de los medios de comunicación. En él se comunica al pueblo de Córdoba el feliz arreglo con la Nación por el déficit de la Caja de Jubilaciones

Por Pablo Esteban Dávila

DYN29, OLIVOS, 26/10/2016, EL PRESIDENTE MAURICIO MACRI RECIBIO EN OLIVOS AL GOBERNADOR DE CORDOBA, JUAN SCHIARETTI. FOTO:DYN/PABLO MOLINA.

Por estos días, el Centro Cívico se encuentra difundiendo un sugestivo spot a través de los medios de comunicación. En él se comunica al pueblo de Córdoba el feliz arreglo con la Nación por el déficit de la Caja de Jubilaciones, que permitirá el ingreso de dos mil millones de pesos extras a las cuentas públicas. La pieza recuerda que este logro es consecuencia “de la política llevada cabo por las administraciones provinciales en los últimos años”.
Esta política, no obstante, es paradójica. Su origen no tiene mucho que ver con la voluntad inicial del gobierno de Unión por Córdoba sino con una deliberada estrategia K. Para dimensionar el exacto momento en que comenzó a gestarse debe retrocederse algunos años, cuando Juan Schiaretti cursaba el segundo año de su primer gobierno.
Por aquél entonces, la situación económica nacional era delicada. La gestión de Cristina Fernández se encontraba sacudida por los coletazos de la crisis de las hipotecas sub prime que, originada en los Estados Unidos, azotaba a buena parte del mundo occidental. Con el quebranto a la vista, Schiaretti puso en marcha un ajuste draconiano, que incluyó incrementos impositivos y nuevas formas de los haberes jubilatorios. En forma paralela comenzó al reclamar a la Nación que auxiliase a la Caja, dado que este apoyo se encontraba previsto para aquellas jurisdicciones que, a medidos de los ’90, no habían transferido sus sistemas previsionales a la ANSES.
Debido a que Córdoba no estaba alineada con el kirchnerismo –todavía se encontraba fresco el respaldo del peronismo cordobés con el sector agropecuario en los días de la Resolución 125– la presidente ordenó que no se proporcionase ninguna ayuda financiera a la provincia. Sin embargo, el gobernador supo jugar sus cartas y, finalmente, Amado Boudou (entonces ministro de Economía) firmó un acuerdo para solucionar el pleito a mediados de agosto de 2010. Todo parecía andar bien, especialmente cuando la Nación giró la primer remesa en cumplimiento de lo convenido.
Sin embargo, no hubo un segundo pago. Como un año después Schiaretti traspasaba el mando a José Manuel de la Sota, los reclamos no pasaron de la vía administrativa. El nuevo gobernador, decidido a llevarse mejor con la Casa Rosada, movió sus fichas en aras de lograr la necesaria concordia. Una de ellas consistió, nada menos, que en sacrificar la lista de diputados nacionales de Unión por Córdoba para evitar que el Frente para la Victoria pasara un mal trago electoral. Corrían los últimos meses de 2011 y De la Sota estaba convencido de que, con una mezcla de buenos modales y una adecuada cohabitación política, él y la presidente podrían dejar atrás su común historia de desconfianza y lejanía.
Pronto sus esperanzas se revelaron como vanas. Cristina no pensaba reconstruir ningún lazo con este peronista de modales y convicciones liberales. Envalentonada con el 54% de los votos obtenidos en oportunidad de su reelección, radicalizó su discurso y su dialéctica de confrontación. Le cupo al gobierno provincial entender de inmediato de que se trataba el nuevo talante inaugurado por la viuda de Néstor Kirchner. Si, hasta entonces, las relaciones entre la Casa Rosada y el Centro Cívico habían sido de regulares a malas, lo que sobrevino a partir de 2012 fue una guerra abierta. Salvo la coparticipación, Córdoba no recibió de la Nación un solo peso más, ni en transferencias ni en obras públicas. La estrechez fue tan grande que De la Sota tuvo que recurrir a una gabela de dudosa constitucionalidad, la Tasa Vial, para sobrevivir. Sólo así el ministerio que conducía Ángel Mario Elettore logró salvar a la provincia de la quiebra.
No vale la pena repasar los agravios del kirchnerismo hacia Córdoba pero, como es posible advertir, las ininterrumpidas arbitrariedades nacionales permitieron el surgimiento y consolidación de una política de defensa de los derechos provinciales que, astutamente, Schiaretti y De la Sota construyeron con la inestimable ayuda de la presidente y sus ministros. Esto les permitió lograr dos cosas en forma simultánea. La primera, convencer a la oposición que existía una causa que trascendía a los desacuerdos locales; la segunda, persuadir a los cordobeses en general de que eran ellos dos los que monopolizaban aquella defensa. El resultado no fue otro que la preeminencia política de esta dupla por sobre cualquier otro competidor.
Uno de los grandes convencidos de la discriminación que habían sufrido los cordobeses fue Mauricio Macri, quien, una vez en la presidencia, decidió que había llegado el momento de solucionar la amarga disputa. Lo suyo no fue, por supuesto, sólo una cuestión de altruismo federal, sino un estricto cálculo de conveniencia. Fue Córdoba el distrito que le permitió el triunfo en la segunda vuelta. Se impuso, por consiguiente, ofrecer una respuesta apropiada a uno de sus históricos reclamos. El hecho la provincia estuviera en manos, nominalmente, de la oposición, no importaba. Tanto De la Sota como Schiaretti y él mismo habían hecho del kirchnerismo un enemigo en común. Debía, pues, restañar las heridas causadas por su antecesora
Le toca, por tanto, al actual gobernador cosechar las mieles tardías de la original estrategia K consistente en aislar al gobierno provincial hasta que, de rodillas, solicitase la ayuda federal. Al no lograrlo (y siguiendo aquella máxima popular sobre que lo que no mata, fortalece) le permitió que Unión por Córdoba tuviera una poderosa razón para vivir y diferenciarse, una fórmula que le ha permitido conservar el poder y, tal como se advierte, contar con el apoyo entusiasta del presidente.
¿Qué habría pasado si Cristina hubiera cedido en su obcecación de destruir al peronismo cordobés? Piénsese, únicamente, si Jorge Capitanich hubiera enviado la Gendarmería en la funesta noche del 3 de diciembre de 2013, cuando la ciudad de Córdoba se encontraba incendiada por los saqueos generados por una inédita huelga policial. De la Sota no habría podido afirmar, 48 horas después, que “los cordobeses deberíamos quemar nuestro DNI argentino”, exhibiendo una prueba terminal, indubitable, de la vocación de la Casa Rosada por quitarlo del mapa a lo que diera lugar. En su lugar, tendría que haber agradecido al jefe de gabinete de Ministros que, previsiblemente, hubiera estado a su lado.
Es un hecho que, si el kirchnerismo hubiera obrado de otro modo, Córdoba no disfrutaría, por estos días, de su ventaja sobre el resto de sus colegas jurisdiccionales. Tal vez hasta el spot auto celebratorio, con el que el gobierno promociona esta victoria, no existiría. La suposición es, por supuesto, historia contrafáctica y, hasta cierto punto, irrelevante. Pero de lo que no hay dudas es que, sin la intransigencia K, las protestas de De la Sota y Schiaretti se hubieran diluido en los lugares comunes. Por el contrario, hasta es posible de suponer que Cambiemos hubiera tenido algún elemento a mano para mejorar su performance en el distrito, y que Macri no tendría que estar girando la cantidad de recursos que actualmente envía a las cuentas que administra Osvaldo Giordano. Es otra de las tantas consecuencias póstumas de la década ganada que, en su intimidad, el gobernador agradece.



1 Comentario

  1. Nada es gratis, recordemos que el quite del 11% a los jubilados provinciales. Ese » ajuste» se lo estaba pidiendo la nación en tiempos k. El hoy legislador que preside la unicameral dijo en ese tiempo que no era posible (el ajuste) pues la constitución provincial no lo permitía. Sin embargo, entre gallos y medianoche y con la complicidad de gran parte de la oposición y sector sindical se hizo el famoso recorte, a todas luces inconstitucional y confiscatorio, aunque no está todo dicho, porque como sucedió en los anteriores gobiernos radicales, deben pronunciarse el TSJ y demás instancias que quedan por recurrir. Un jubilado…

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