Vidal, única certeza de Cambiemos

El segundo semestre pasó con más pena que gloria. Lilita Carrió sigue siendo inmanejable. Los radicales sólo quieren cargos. La reactivación se demora más de la cuenta. Susana Malcorra quedó afuera de la Secretaría General de la ONU. Tinelli quiere la AFA.

Por Pablo Esteban Dávila

2016-10-27_vidalEl segundo semestre pasó con más pena que gloria. Lilita Carrió sigue siendo inmanejable. Los radicales sólo quieren cargos. La reactivación se demora más de la cuenta. Susana Malcorra quedó afuera de la Secretaría General de la ONU. Tinelli quiere la AFA. Armando Pérez resiste pero no disfruta. Gils Carbó se queda por un tiempo más. Francisco sonríe ma non troppo. El gobierno de Cambiemos parece, por momentos, una sucesión de desconciertos. Pero de lo que no hay duda, la única certeza, es que María Eugenia Vidal sigue bien arriba, lejos de cualquier derrumbe.
Frente a un presidente cuya imagen se encuentra, para ser indulgentes, estancada, la figura de la gobernadora de Buenos Aires se agiganta cada vez más. Cualquiera sea la encuesta que se consulte, publicada en el medio que usted prefiera, la muestran fuerte, inmune a los abismales problemas de gestión que presenta la principal provincia de la Argentina.
En los últimos días, titulares edulcorados dan alguna idea sobre el grado de credibilidad que esta mujer ha logrado en la opinión pública. En su edición digital de ayer, La Nación destacó un mensaje que les prodigó a los jueces: “Las penas deben cumplirse” (sesuda sentencia). Tres días antes, el mismo medio había mostrado su vocación de mani pulite, informando la remoción de toda la cúpula del Servicio Penitenciario Bonaerense. En forma contemporánea, Clarín la presentaba como adalid de la prudencia administrativa: “No tengo para pagar el bono de fin de año”. Chan. Palabra de Vidal. Palabra santa.
Qué tiene María Eugenia para cautivar a sus electores y a la prensa durante todo el tiempo es una suerte de misterio, al menos para quienes entendemos la política en clave tradicional. Habla suave, sus ideas no parecen revolucionarias y sus convicciones (más allá de los lugares comunes del PRO) son bastante etéreas. Es complicado encontrarle un estilo homologable en términos históricos. Claramente no es Eva Perón, ni tiene los modales o el carisma de Cristina Fernández. Tampoco podría emparentarse con Dolores Uribarri “la Pasionaria de la guerra civil española” pero sigue estando lejos de Ángela Merkel, una dirigente más próxima en términos ideológicos. ¿Puede hablarse, a estas alturas, de un estilo cien por ciento Vidal, así como la prensa de la moda elogia el que ostenta Juliana Awada?
No sería descabellado proponerlo. A su modo, la gobernadora le ha puesto una impronta personal a una provincia que, en sí misma, era cosa de machos. No le esquiva a las barriadas pobres, les habla de tú a tú a la clientela histórica del peronismo y repite hasta el hartazgo sus objetivos de seguridad. La fórmula, por ahora, no sólo que le ha bastado para transformarse en una referente nacional sino que, de yapa, oculta el hecho que nada ha cambiado en su distrito. Es un hecho que hablar de una epopeya de Cambiemos al frente de Buenos Aires es todavía prematuro. Si Mauricio Macri no la auxiliara con asombrosa prodigalidad, La Plata tendría problemas mayúsculos. Igual que Daniel Scioli.
Otra de las sorprendentes revelaciones de Vidal es que no parece tener enemigos, excepto aquellos que pertenecen al club de la maldad, como el narcotráfico, los policías corruptos y Aníbal Fernández. Tal ausencia, impensable en un político que se precie de tal, incluye a los de su propio bando. Sin excepciones, tanto dentro del PRO como del radicalismo destacan a la gobernadora como alguien excepcional, sin pecado concebida. El temor que les produce depender de un único líder nacional, como lo es Macri, es mucho más fuerte que los recelos que pudiera provocarles la fulgente estrella bonaerense.
Sin embargo, algunos hacen cálculos mezquinos. Vidal podría, dentro de algunos años, garantizar la permanencia de Cambiemos en el poder más de lo que pudiera hacerlo el propio presidente. ¿Representaría, llegado el momento, el surgimiento de un post macrismo dentro de la coalición? De momento nadie se atreve a sugerir tal cosa. Macri lleva adelante un gobierno atormentado por la herencia, pero que por ahora se las arregla bastante bien pese a muchos errores no forzados. Además, la posición de María Eugenia no es todo lo sólida que debería. Más allá de su imagen los viejos problemas están allí, latentes. Bastaría que Alfonso Prat Gay se olvidara de girarle sus periódicos auxilios financieros para que su gestión entrara en el mausoleo de los que no pudieron pagar los sueldos.
Es así: la imagen de Vidal está a tiro de billetera de Macri. Sin embargo, destruir su aura sólo para evitar el surgimiento de un competidor sería pegarse un tiro en los pies. Cambiemos necesita un relato y tal cosa precisa de líderes, rostros, estampitas. La jefa de La Plata es lo único que ha generado el PRO de novedoso con excepción del presidente. El alcalde Horacio Rodríguez Larreta es, sin dudas, un gran gestor, pero su carisma no pasa de su círculo de tecnócratas y de los porteños que comentan las bondades de las calles sin baches. Hamlet le diría: “Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que han sido soñadas en tu Metrobus”. Vidal es única porque, un dato no menor, está sola en las marquesinas de la novedad.
Lo que hará a partir de esta posición privilegiada forma parte de las comarcas de la incógnita. Lo previsible es que trate de convencer a sus ciudadanos que es tan buena gobernando como conversando con la gente. Esto, como se ha sugerido, es un tema escabroso, que admite prueba en contrario. Algo menos probable es que se dedique a buscar motivos para presentarse como “lo nuevo de lo nuevo” y, trascartón, comenzar a hablar de un macrismo sin Macri. Pero para llegar a semejante extremo necesitaría de aliados incondicionales (no parece tenerlos aun) y comenzar a tener una urdimbre de apoyos en el resto del país, algo un tanto más difícil. Paz y amor continuarán signando, por un tiempo, su relación con su mentor.
Como sea, y de no ocurrir alguna catástrofe, Vidal es un fenómeno que promete más. Actualmente resiste con honor a la policía bonaerense, a los guardia cárceles, a Roberto Baradel y a los intendentes K del conurbano, últimos portaestandartes del proyecto para la liberación. No es poca cosa. Por otra parte, el presidente está contento de contar con alguien del riñón que se las banque en las encuestas y que lo ayude en la dura tarea de dulcificar a los escépticos. Pero llegará un momento que el poder que ella acumula pase a ser un dato insoslayable a la hora de diseñar una estrategia de permanencia. Por ahora, el planeta Cambiemos gira en torno a Mauricio, Marcos Peña y Durán Barba, con escalas en Ernesto Sanz y en Carrió. ¿Cuánto tiempo pasará para que el astro rey deba convivir con una reina casi a su altura? Pregunta para los astrólogos y sus horóscopos políticos.