La vanguardia es la retaguardia

En 2018, se estrenará un espectáculo que presentará todo el material disponible del grupo Abba bajo un nuevo formato que combinará la realidad virtual con la inteligencia artificial, mientras los cuatro integrantes de la banda se aferran a una inactividad militante desde hace varios años.

Por J.C. Maraddón
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ilustra-abbaDespués de los Beatles, el grupo sueco Abba es uno de los fenómenos de la música pop que mayores ingresos le ha provisto a la industria discográfica. En los poco más de diez años que duró su etapa dorada, pero sobre todo en los primeros seis, este cuarteto perfecto de dos hombres instrumentistas y dos mujeres vocalistas, con un repertorio de canciones simples y efectivas, se ganó de una vez y para siempre el corazón de la gente común. El impacto de su imagen, combinado con el punch de su repertorio, conformó una fórmula imbatible que todavía hoy sigue dando resultados.
Porque a pesar de que Abba está en pausa desde hace muchos años, con esporádicas reuniones exclusivamente para eventos solidarios, la marca que instalaron a comienzos de los años setenta no decae en su rendimiento económico. Espectáculos teatrales y proyectos cinematográficos han montado su estructura en base a aquellas canciones que todos conocen, aun quienes han nacido mucho después de que Abba estuviera de moda. Si hasta Madonna recicló un hit de ellos para, sobre un sampler, elaborar un tema propio que hace una década se sumó a la larga lista de clásicos que ostenta la cantante estadounidense.
Esta mina de oro escandinava representa, entonces, un objeto codiciado que, en un contexto en el que escasean las nuevas figuras con gran potencial a desarrollar, despierta la imaginación de aquellos que buscan obtener de allí una gota más del elixir del éxito. Teniendo en cuenta las limitaciones que los mismos integrantes de la banda le han impuesto a su carrera, sin nuevas grabaciones, ni giras ni actuaciones televisivas, a los productores sólo les queda seguir escarbando la olla de lo ya grabado, filmado y/o publicado, en busca de que alguna nueva combinación de esos elementos reavive la llama del fanatismo.
Algo de esto se esconde detrás de un emprendimiento que se concretará en 2018, pero que ya ha ganado espacio en los titulares de los portales que reflejan al mundo del show bizz. El habilísimo Simon Fuller, creador del reality “American Idol”, se puso a pensar y le encontró una vuelta de tuerca al asunto. Una vez que tuvo la idea bien masticada, se reunió con Agnetha Faltskog, Björn Ulvaeus, Benny Andersson y Anni-Frid Lyngstad,o sea, los cuatro Abba, y les expuso su plan, que terminó convenciendo a los artistas de que debían apoyar la iniciativa.
La novedad consiste en que toda la parafernalia que conforma el archivo de Abba, tomará una forma acorde al siglo veintiuno, a través de la realidad virtual y de la inteligencia artificial. La tecnología de punta, al servicio del espectáculo, será la excusa para que vuelva a escena, dentro de un formato diferente, aquella formación que tiene asegurado su lugar en la posteridad. En la prensa, el anuncio indica que los fanáticos “podrán ver, escuchar y sentir a Abba de una manera como nunca hasta ahora lo habían podido hacer”, en un tono promocional que incita a muchos a ir sacando las entradas anticipadas con dos años de antelación.
Para Fuller, se trata de una experiencia piloto que desarrollará nuevos horizontes para el alicaído negocio de la música. Lo peligroso es que esta empresa artística… prescinde de los artistas. Sólo reutiliza lo ya existente y, con la venia de sus autores e intérpretes, lo potencia mediante el uso de recursos que, por lo que parece, representan lo que vendrá, en eso que hasta ahora se conocía como “conciertos”. La vanguardia, por lo que se ve, estará representada entonces por la retaguardia: un grupo que llegaba a su punto culminante hace 40 años y que está técnicamente inactivo, será el protagonista de un proyecto que se propone proyectar el futuro.