La revolución por tres mangos

Finalmente la justicia porteña decidió autorizar la suba del precio del subterráneo de 4.50 a 7.50. En principio, la medida se implementará la semana que viene.

Por Gonzalo Neidal
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557ace64a207b_760x506Finalmente la justicia porteña decidió autorizar la suba del precio del subterráneo de 4.50 a 7.50. En principio, la medida se implementará la semana que viene. Los tres pesos de aumento dieron lugar al pedido de una medida cautelar que ahora acaba de caer.
Por supuesto, ya han surgido las primeras voces de queja por “el nuevo tarifazo”. Voces que provienen, principalmente, del Frente para la Victoria.
En la Capital Federal está concentrada la población con el promedio de ingreso más alto del país. Sin embargo, el anterior gobierno decidió que ahí los servicios de luz, gas y transporte debían ser especialmente baratos. Mucho más baratos que en el resto del país. En los últimos años y aún en estos días en la CABA se pagan facturas ridículas de energía y de gas. Cifras miserables en comparación con lo que se abona por los mismos servicios en el interior del país. Igual pasa con el colectivo y con el subte.
El pasaje para el excelente servicio de subterráneos, inexistente en el resto del país, le cuesta a un porteño menos de la mitad de un boleto urbano de colectivos en el a menudo tortuoso transporte urbano de pasajeros. El nuevo precio es, incluso, bastante más barato pese al aumento ahora autorizado.
Sin embargo, ya afloran las quejas y no cesarán.
El kirchnerismo desplegó una amplia política de seducción hacia la clase media porteña, que siempre le fue adversa al momento de votar. Regalarle los servicios fue uno de los componentes del intento de conquistar su voto.
Aunque diariamente cientos de miles de trabajadores del conurbano se vuelcan a la Capital, en su conjunto el subsidio de los servicios en la Capital Federal tiene un claro sesgo regresivo.
Y ahora, le toca al perverso gobierno neoliberal de Macri poner las cosas en su lugar ante las quejas generalizadas y los hipócritas reclamos de los kirchneristas que sin pudores proponen la continuidad de privilegios que resultan insostenibles, además de inapropiados y poco razonables.
Podría pensarse que ahora, con el subte a cargo de la CABA, ya desde el interior deberíamos despreocuparnos de un tema como éste pues después de todo se solventa con las finanzas de la Capital Federal.
Pero es la idea misma del subsidio demagógico, con tanto arraigo en la cabeza de amplias franjas del electorado, lo que resulta más perjudicial para la salud de la economía que el ocasional déficit de las cuentas públicas que pueda provocar.



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