Empleo en negro se agrava por altos impuestos y baja educación

Un informe privado analiza el trabajo informal que, desde hace años, afecta a casi cuatro argentinos cada diez. Los problemas no sólo no se resuelven sino que se agudizan.

empleo-telamEl empleo en negro se mantiene alto y afecta a 4 millones de personas. La desocupación golpea más a los jóvenes y a las mujeres, mientras uno de cada cinco personas activas (el 20,4%) tiene problemas de empleo. Los economistas coinciden que, más allá de las variaciones que habrá en la tasa de desocupación, en los últimos años hay factores que permanecen invariables, como el trabajo informal.
Un informe de la consultora NOANomics que conduce Félix Piacentini señala que el nivel de empleo no registrado desde 2011 que se encuentra casi fijo en un tercio de la población ocupada, lo que ubica a la Argentina en un nivel que es el doble de países vecinos como Uruguay.
En lo que hace al trabajo informal, la tasa del 33,4% promedio a nivel del país encuentra su nivel más bajo en la Patagonia con el 16% mientras que las provincias del Noreste, como Salta, Jujuy, Tucumán, La Rioja y Catamarca, registran un 39% de informalidad.
Piacentini indica que, para explicar este fenómeno, no se puede mirar sólo una razón, hay muchas. Una causa que influye –a su entender- la “altísima” carga fiscal general que padece la Argentina, y en particular los elevados impuestos y cargas al trabajo, cuyo niveles se encuentran en los más altos de Latinoamérica.
Además, a su criterio, actúa sobre el panorama laboral un ingrediente adicional que no suele tenerse en cuenta y que es parte del círculo vicioso en el que el país está inserto, ya que hay necesidad de ir aumentando la carga impositiva para financiar un exceso de empleo público creciente, lo que a su vez provoca tener que gastar más en personal a costa de la inversión pública.
“Ambos factores desincentivan aún más la tenue creación de empresas, cuyo número está estancado desde 2011 y muy lejos de los estándares internacionales, al quitarles competitividad y productividad, dificultando la creación de empleo privado de calidad y fomentado la aparición del empleo en negro. Existe de esta forma una correlación entre falta de empresas, exceso de empleo público y elevado nivel de empleo en negro; y esta correlación es más clara y fuerte en el Norte argentino”, señala el economista.
Además se suma la educación y su calidad: “No sólo permite entender la mayor presencia del trabajo en negro sino también que el desempleo juvenil sea mucho mayor que el promedio. Aquí confluyen por lo menos dos factores. Por un lado la bajísima eficiencia del sistema educativo y por otro, sus obsoletos contenidos”.
Respecto de la eficiencia, hoy el índice de graduación del secundario es del 45%. Es decir que terminan en el tiempo estipulado menos de la mitad de los alumnos que empiezan. Piacentini enfatiza que es sabido que para cualquier empleo formal el secundario completo se constituye en un requisito mínimo, por lo que el sistema educativo es hoy una máquina de fabricar empleo en negro y desempleo.
“Si a ello le sumamos que los contenidos que se imparten no se corresponden con lo que las empresas necesitan el panorama empeora porque además caemos en la paradoja de jóvenes que no consiguen empleo y empresas que no encuentran mano de obra mínimamente calificada”, añade.
Insiste en que el sistema educativo no provee las habilidades y valores que las empresas necesitan para sus potenciales empleados como aprender a pensar y resolver problemas, el sentido de la puntualidad, del trabajo en equipo, entro otras tantas: “Tampoco el contenido enciclopédico imperante da lugar a que se aprendan oficios, sino que está más diseñando a que el paso siguiente siempre tenga que ser la universidad como única posibilidad de progreso social”.
También pone la lupa sobre la “rigidez” de la legislación laboral que complica la aplicación de programas de pasantías o entrenamiento que les permiten a los jóvenes superar la valla de la experiencia, muchas veces excluyente para comenzar con su vida laboral.
El economista admite que no son estos los únicos factores que explican los fenómenos del empleo en negro y la altísima desocupación juvenil, pero reclama abarcarlos “con urgencia integralmente”.



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