El feminismo sale a limpiar las paredes

El colectivo “Ni una menos” y otras organizaciones feministas y de derechos humanos han convocado a una movilización con “ruidazo” para esta tarde, precedida por un paro nacional de mujeres entre las 13 y las 14.



Por Daniel Gentile

ni-una-menosEl colectivo “Ni una menos” y otras organizaciones feministas y de derechos humanos han convocado a una movilización con “ruidazo” para esta tarde, precedida por un paro nacional de mujeres entre las 13 y las 14. “A menos de una semana del Encuentro Nacional de Mujeres realizado en Rosario, nos encontramos otra vez con hechos escandalosos”, señaló una de sus referentes.
Alude a los crímenes de cuatro mujeres ocurridos en los últimos días, en especial el de la joven Lucía Pérez en Mar del Plata, que tiene, en verdad, características horrendas.
Es probable que en este mismo momento alguien (hombre, mujer, niño, anciano) esté siendo asesinado. Desgraciadamente la violencia nos ha invadido y dominado. Queda la desagradable sensación de que los organizadores de esta nueva manifestación se han tomado el trabajo de buscar nombres de mujeres entre las últimas víctimas. Nada indica, por las informaciones difundidas hasta ahora, que Lucía Pérez, o las otras jóvenes, hayan sido asesinadas por ser mujeres. Se huele un tufillo a torpe utilización con fines ideológicos de los nombres y las muertes de unas pobres chicas.
El feminismo viene de sufrir un duro revés en el reciente “Encuentro nacional de mujeres” realizado en Rosario, y necesita restaurar su imagen.
Fue tan escandaloso, tan obsceno, tan ruin el vandalismo desplegado, que la vasta reprobación que mereció fue casi un acto de corrección política. Grave derrota para un movimiento que ha surgido, y se ha mantenido lozano hasta ahora, precisamente por gozar de la protección de quienes han codificado las normas que establecen lo que se debe decir y lo que conviene callar.
Sin embargo, los que por primera vez se atrevieron a poner en tela de juicio este tipo de manifestaciones, hablaron de excesos, de desbordes, de pequeños grupos, de posibles infiltrados. Es una crítica con un tácito pedido de disculpas, como para dejar a salvo una supuesta legitimidad del ideario que anima a estas movilizaciones.
Lo que ocurrió en Rosario fue, en verdad, lo que tenía que ocurrir. Pasó lo que sus organizadores querían que pasara. Basta oír a dos de sus referentes más notorias –Malena Pichot y Bimbo Godoy- hablando antes del último “Encuentro”. Por favor, escúchenlas. “Vamos a quemar la Catedral y estaría bueno ir a hacer caca”. El ejército feminista que viene avanzando no está infiltrado. Salvo que los infiltrados sean sus propios dirigentes.
La Iglesia Catedral atacada por una horda y padeciendo una tentativa de incendio, las paredes de la ciudad ultrajadas con consignas letales escritas con excrementos humanos, funcionaron como boomerang para la última movilización promovida por esta ideología, que teme perder a su protector, que es el paraguas de la corrección política.
Se apresuran entonces a lavar su imagen, a recuperar a sus amigos. Salen a limpiar las paredes.
Me atrevo a pronosticar, por lo tanto, con un alto grado de certeza, que esta nueva manifestación será muy ordenada y prolija.



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