La foto deseada

Ya está. La foto se logró. Además del Presidente, aparecen con Francisco hijas de Macri y de Awada de dos matrimonios distintos. Para horrorizar un poco a la franja más conservadora del Vaticano. Una hermosa foto.



Por Gonzalo Neidal
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2016-10-17_francisco_macriYa está. La foto se logró. Además del Presidente, aparecen con Francisco hijas de Macri y de Awada de dos matrimonios distintos. Para horrorizar un poco a la franja más conservadora del Vaticano. Una hermosa foto. El “sonreirómetro” marca que Su Santidad esta vez accionó aceptablemente el músculo risorio de Santorini. Todos felices.
Pero está claro que la relación entre el Bergoglio y Macri no se define de una vez para siempre. De ninguna manera. Al Papa lo entusiasma la política de su propio país y jamás resignará su intención de influir en ella. El problema es que sus amigos ideológicamente más afines han quedado fuera del gobierno. Tiene que vérselas con Macri, quién lo trata bien desde hace una década, con excepción de aquel altercado que tuvieron cuando el entonces Jefe de Gobierno aceptó el matrimonio igualitario.
Al igual que todo el país, el Papa está preocupado por la pobreza y la difusión de la droga. Ayer, en su entrevista con Pino Solanas, Francisco incluyó también en sus desvelos a la falta de unión entre los argentinos. Algunos expertos en interpretar sus gestos dicen que ésta sería la causa fundamental de su ausencia del país. Si esto es verdad, entonces será muy complicado que alguna vez pueda visitar la Argentina.
No existen perspectivas cercanas de que una mayoría apreciable del país se encolumne detrás de un proyecto común. Lo más probable es que las dos visiones que compitieron en los comicios de 2015 permanezcan presentes a lo largo de muchos años.
Existe la fuerte impresión, de uno y otro lado, que Francisco tiene su corazoncito del lado del peronismo. Así lo dice su historia personal, sus textos, sus dichos, sus amigos, sus actitudes, sus gestos. El liberalismo (si es que Macri pueda ser identificado con esa filosofía o concepción política y económica) no tiene buena prensa en el Vaticano. Y mucho menos entre los jesuitas. En tal sentido, Macri está pagando una factura que firmó Carlos III. En la Iglesia católica, los rencores no se disuelven con facilidad.
De todos modos, la foto deseada no le salió gratis a Macri. Ahora tendrá que formar una mesa para discutir los temas sociales, incluidos precios, salarios y ocupación. De ahí siempre salen políticas proteccionistas que con el pretexto de “la defensa de la fuente de trabajo” tienen congelado al país desde hace décadas. Pero ¡quién puede oponerse a una mesa de diálogo! Además, si Macri no aceptara, el Papa cuenta con la capacidad de movilización de las “organizaciones sociales”, dispuestas a armar ollas populares en la Plaza de Mayo para convencer a todo el mundo de que Macri gobierna para los ricos.
En otras palabras: la pulseada continúa.



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