PRO a Mestre: aliados, pero no tutelados

¿Hubo un desafío del PRO hacia el liderazgo del Ramón Javier Mestre dentro de Cambiemos? Algunas señales parecerían sugerirlo. El viernes se supo que los intendentes macristas de la provincia, agrupados en el COMUPRO, estaban dispuestos a hacer las paces con el gobierno de Juan Schiaretti.

Por Pablo Esteban Dávila

ilustra7_brochero¿Hubo un desafío del PRO hacia el liderazgo del Ramón Javier Mestre dentro de Cambiemos? Algunas señales parecerían sugerirlo. El viernes se supo que los intendentes macristas de la provincia, agrupados en el COMUPRO, estaban dispuestos a hacer las paces con el gobierno de Juan Schiaretti. El precio sería justo. A cambio de desistir en iniciar un juicio, la provincia les ofrecería mejorar los índices del Fofindes, un extra de coparticipación de 50 millones a fin de año y liquidar retroactivamente a agosto los montos que les corresponderían por el 15% de coparticipación recuperado a manos de la Nación. Sus colegas radicales, todavía empecinados en luchar contra el gobernador, quedaron off side ante la noticia.
El propio Mestre, desde Roma, tuvo que reconocer que las cosas estaban en vías de solucionarse en comunicación sabatina con Cadena 3. No se sabe aún si ya estaba advertido de la repentina vocación pacifista de sus aliados pero, con un océano de por medio, no podía correr el riesgo de confrontar contra ellos. La cercanía física del Schiaretti, probablemente, contribuyó a su moderación. Tampoco debería descartarse la intercesión del flamante santo José Gabriel Brochero, cuya canonización congregó a importantes figuras públicas en la plaza de San Pedro. En cualquier caso, el Mestre que habló desde la Ciudad Eterna no tuvo mucho que ver con el belicoso intendente de las últimas semanas.
¿Qué sucedió exactamente? Hasta la declaración del COMUPRO, el frente de intendentes de Cambiemos parecía ser suficientemente sólido en sus reclamos. Por primera vez desde la reconfiguración del mapa político cordobés, tanto los de origen radical como los macristas se habían mantenido en sus trece respecto al trato que les dispensaba la provincia en relación a los fondos coparticipables. Ni siquiera el anuncio formulado por el gobernador sobre que, solucionado el problema de la Caja de Jubilaciones, se procedería a distribuirlos entre los gobiernos locales logró descomprimir el asunto. La confrontación parecía tan intensa que, en fecha tan reciente como el pasado jueves, un matutino local publicó un artículo bajo el sugestivo título “La relación Schiaretti-Mestre, en su peor momento”.
Sin embargo la fumata global parece ser ahora inminente, al menos si se da crédito a las expresiones de Mestre. Es difícil saber si este nuevo talante es fruto de la convicción o de la necesidad de aceptar un hecho consumado urdido desde la sociedad política que integra. En cualquier caso, el resultado es el mismo: una victoria táctica del gobernador.
Puede suponerse que los dirigentes del PRO decidieron poner un límite al generalato de facto que el intendente de Córdoba ejercía sobre el resto de sus colegas. En esta visión, la agenda de confrontación enarbolada por el Foro de Intendentes radicales sólo beneficiaba al posicionamiento de Mestre por sobre los demás intereses de la coalición. Es probable que aquéllos hayan supuesto que, con la devolución de los fondos anunciada por Schiaretti ya era suficiente, y que no existía una base sólida para seguir dando pelea. El momento de firmar algún acuerdo había llegado, con independencia de lo que hicieran los socios de boina blanca. La sedición, de todas maneras, quedó a la vuelta de la esquina.
Si se confirma la desconexión entre ambos hemisferios de Cambiemos, el episodio ilustra hasta qué punto son divergentes los horizontes de las fuerzas que integran la alianza respecto de la política provincial. Es un hecho que los radicales quieren para sí la gobernación y que están dispuestos a hacer lo que sea para que uno de los suyos (Mestre, previsiblemente) suceda a Schiaretti al frente del Panal. Pero los macristas no están tan convencidos de que éste sea el camino, especialmente porque el presidente de la Nación, su único líder verdaderamente excluyente, no advierte que el gobernador sea un obstáculo para la gobernabilidad.
Este jardín de senderos que se bifurcan no es nuevo y, hasta la semana pasada, era dable imaginar como una de las potenciales hipótesis de trabajo sobre el devenir de la coalición. Pero lo que parecía sólo una posibilidad acaba de transformarse, ahora, en una realidad hecha y derecha. El PRO parece haber enviado un mensaje al éter político que señala “aliados, más no tutelados”.
En este punto, es inevitable preguntarse si la coalición sabrá procesar la contradicción que ha surgido entre sus filas. La posición del COMUPRO, aunque simbólicamente disruptiva, no deja de ser una alternativa que siempre estuvo latente y, por lo tanto, de ocurrencia tácitamente aceptada. Si Cambiemos es una entente madura y suficientemente consciente sobre sus fines estratégicos, internalizará el desafío y procederá a tragarse el sapo, sazonándolo con algún condimento explicativo. Ahora bien, y esto también es posible, alguien podría expresar la desazón por lo sucedido y reclamar por un desagravio urgente. Tal situación encendería, inevitablemente, la mecha de la discordia y, con ella, las dudas sobre si esta sociedad se encuentra en condiciones de reemplazar a la exitosa Unión por Córdoba al frente de los destinos de la provincia.
Quien se restriega las manos es el gobernador. Si Gabriel Frizza, el líder de los intendentes PRO, firma hoy el acuerdo ya esbozado, Mestre quedará solo en el pataleo. Los intendentes del presidente, aunque inferiores en número a los radicales, tienen el encanto teórico de representar a la Casa Rosada, un enclave que mantiene una relación oscilante con la UCR. Schiaretti sabe que, con este gesto de buena voluntad, las puertas del despacho de Mauricio Macri estarán más abiertas que nunca. Y, de paso, envía un mensaje a su novel oponente capitalino: que no debe fiarse tanto de sus aliados cuando de confrontar se trata y que debería buscar formas más imaginativas de plantar bandera frente al peronismo gobernante.