Loris Zanatta y el populismo

Loris Zanatta es un historiador italiano. Profesor de la Universidad de Bologna, especializado en temas iberoamericanos. Su foco de investigación es el peronismo, la Iglesia católica y en general el populismo, una categoría muy usada en la actualidad y manoseada por intelectuales de aliento corto.

Por Claudio Chaves

loris-zanattaLoris Zanatta  es un  historiador italiano.  Profesor de la Universidad de Bologna, especializado en temas iberoamericanos.  Su foco de investigación es el peronismo,  la Iglesia católica y en general el populismo, una categoría muy usada en la actualidad y manoseada por intelectuales de aliento corto. Suele visitar nuestro país, dar notas al periodismo, charlas en Universidades y escribir artículos según se lo demanden. Está de moda.  Su tesis central es que la democracia liberal está amenazada por los populismos tanto de de derecha como de izquierda. En el diario La Nación (10/10/2016) afirmó: “Debemos defender la universalización de los valores modernos. Y hoy el populismo es el mayor desafío contra los principios iluministas. No interesa si se trata de populismo de derecha o de izquierda”

Esta aseveración  merece un análisis detallado aunque más no  sea por medio de un artículo periodístico de difusión general.

El primer interrogante a despejar: ¿qué es el iluminismo? Para un lector no especializado en el tema y para no complicarle la existencia, el iluminismo fue y  es una ideología que se potenció en Francia con aportes de intelectuales ingleses y norteamericanos. Hizo su aparición en el mundo en la primera mitad del siglo XVIII. Pueden usarse como sinónimos: racionalismo, enciclopedismo y finalmente liberalismo. Este cuerpo de doctrina habilitó los grandes cambios revolucionarios en los EE.UU. en 1776 y en Francia en 1789. En esencia el iluminismo se sostiene en la razón como único camino al conocimiento, al progreso,  a la convivencia social, y al crecimiento económico, poseyendo al mismo tiempo un código ético. Intenta como ideología cubrir todos los aspectos de la vivencia humana. En este sentido es totalitario porque da respuestas a la totalidad de las dudas y controversias. Para ser honesto el racionalismo no admite la duda. Pero hay algo más importante que define al iluminismo y esto es la construcción  de una idea, de una propuesta, de una forma de organización social cimentada en la cabeza, por medio de la razón y la especulación intelectual y llevada desde ahí a la realidad. Metida a presión. Desde arriba por un gobierno omnímodo o desde abajo por medio de una revolución de élites. Lo que podríamos llamar la construcción de la Utopía   que se impone a golpes de fuerza desde afuera de la historia con el afán de empezar de nuevo. Decía Hegel acerca de la Revolución Francesa: “Desde que el sol está en el firmamento y los planetas giran a su alrededor, no se había visto que el hombre se sostuviera sobre su cabeza, es decir sobre el pensamiento y construyera la realidad de acuerdo con él.”



De modo que  el iluminismo fue responsable de la Utopía redentorista de Maximiliano Robespierre y su período de terror. Como también lo fue de George W Bush cuando decidió la invasión a Irak pues en esa oportunidad afirmó: “Estamos dispuestos a extender la dignidad humana, la libertad de culto y la libertad de conciencia” (Tzvetan Todorov)   En una palabra hacer tabula rasa con la historia, la cultura y las tradiciones de los pueblos y  empezar de nuevo. Aunque volveremos sobre esto, el Papa Francisco criticó duramente  a las potencias occidentales por tratar de exportar su propio estilo de democracia a países como Irak y Libia sin respetar la cultura política local.   (La Nación 17/5/2016)

Aclarado en términos generales los males  del Iluminismo, pasemos a otra parte del texto de Zanatta: “el populismo sea de izquierda o derecha  es el mayor desafío a los principios iluministas.” Error, si de izquierda hablamos, hablamos   de marxismo y este dogma  es primo hermano del Iluminismo. Construida en la cabeza la Utopía comunista, su revolución se impone por la fuerza y desde afuera del desenvolvimiento histórico. Así mismo la derecha para Loris Zanatta, los nacionalismos como el fascismo y el nazismo y su degradación en el resto del mundo, también son primos del Iluminismo aunque él lo ignore. Construida en la cabeza la Utopía de la Nación y la raza superior se trata de imponerla por la fuerza. De modo que los tres cuerpos de doctrina  son parientes tienen un mecanismo similar. Y los tres han ocasionado catástrofes en el mundo

Otro liberalismo. No iluminista. 

Juan Bautista Alberdi fue uno de los más profundos pensadores argentinos del siglo XIX, si no fue el mayor. Formó parte de la élite liberal que dio forma y contenido a nuestra patria. Batalló infatigablemente contra otro sector del liberalismo representado por Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento. Su liberalismo, salvo honrosas excepciones, no fue comprendido. Si bien se mira difirió esencialmente del que profesaron contemporáneos suyos como Castelli, Rivadavia, Mitre o Sarmiento, por caso, sesgados al racionalismo iluminista de la Revolución Francesa que puso en manos de la idea y la razón los destinos de la historia. Alberdi pensaba distinto no creía que la idea se imponía a la realidad. Su liberalismo vinculado al romanticismo construyó lo que se conoce como historicismo. Ambos: iluminismo e historicismo pertenecen a la vasta ideología liberal, ambos creen en el progreso indefinido, sin embargo este progreso se alcanza por caminos diferentes. El racionalismo lo promueve por golpes bruscos y cambios revolucionarios puesto que la razón se impone a la historia o lo que es lo mismo: la idea crea la realidad. Formulados, entonces, los valores, estos fuerzan el contexto en el marco espiritual de una utopía revolucionaria. En consecuencia creen en la Revolución como motor del progreso. A manera de ejemplo tomo al azar una frase de Sarmiento, expresión del iluminismo criollo: “Y el hecho práctico desmiente solemnemente la idea del progreso lento, paulatino, moderado. El progreso ha sido siempre exabrupto, repentino, rápido.”

Por el contrario el historicismo entiende el progreso como un movimiento interior a la historia. Inmanente a ella, que en un crescendo continuo y armonioso alcanza el porvenir sin sobresaltos revolucionarios. Son leyes que responden a un sin fin de factores culturales, religiosos, históricos, geográficos o de costumbres las que impulsan la marcha. El progreso está en la naturaleza de la historia. Ínsito en ella. Creen en la evolución, no en la revolución. Esto hace que Alberdi afirmara:

“Promover el progreso, sin precipitarlo; evitar los saltos y las soluciones violentas en el camino gradual de los adelantamientos ; abstenerse de hacer, cuando no se sabe hacer, o no se puede hacer; proteger las garantías públicas, sin descuidar las individualidades…cambiar, mudar, corregir conservando.”

Los iluministas por el contario no conservan, arrasan las tradiciones y las costumbres. Se sienten obligados a una higiene general para adecuar la realidad a su utopía y homogeneizar la sociedad en torno a sus valores universales. Igualando lo que por naturaleza es diferente. Y este liberalismo historicista que Zanatta ignora es el que profesaba el general Perón junto al general José María Sarobe y el sector liberal del Ejército comandado por el general Agustín P. Justo.

Veamos como era el pensamiento y la comprensión que tenía de la realidad Juan Perón. Fue un lugar común en él la afirmación de “crear una montura y cabalgar la historia” o aquella otra de “ir con la marea”.

En su libro Conducción Política escribía:

“No hay recetas para conducir pueblos, ni hay libros que aconsejen cuales son los procedimientos. Los pueblos se conducen vívidamente. Y las circunstancias son tan difíciles de apreciar que la inteligencia y el racionalismo es a menudo sobrepasado por la acción del propio fenómeno. Y para concebirlo hay solamente una cosa superior que es la percepción intuitiva…”Observe el lector la valoración que Perón hace de la percepción y de la intuición como camino al conocimiento. Tal como los románticos apreciaban el hecho cognitivo. Más adelante en el mismo libro afirmaba:

“La Revolución francesa fue preparada meticulosa y maravillosamente durante cuarenta años por los enciclopedistas sin embargo no previeron un Danton ni un Marat que les cambió todos los papeles. Vale decir no hay una continuidad segura entre el proyecto y la realización. Vale decir no hay seguridad en el método ideal. Los acontecimientos suelen ser muchos más sabios.”

Ideas que revelan un pensamiento que aplica al historicismo liberal que cree en la existencia de una fuerza interior que mueve a la historia hacia el progreso. Marcha que el hombre no puede torcer modificando su rumbo. A lo sumo podrá atrasarlo o adelantarlo. Lo que pone en evidencia cierta comunión intelectual entre el liberalismo de Alberdi y el de Perón. Y no creo necesario demostrar que el General estuvo más cerca de la idea de evolución que de revolución.

Como otro de los puntos de vista de Zanatta tienen que ver con la Iglesia y el Papa Francisco, le cuento al Profesor de Bologna que el investigador Austen Ivereigh en su brillante libro sobre Francisco “El Gran Reformador” cita un trabajo del Papa de la década del ’70 donde este afirma:

“Lo peor que puede ocurrirle a un ser humano es dejarse arrastrar por las luces de la razón.” Racionalismo que Beroglio le atribuye tanto al iluminismo como al marxismo. Para el Papa el pueblo posee una racionalidad y tiene su proyecto que no se lo da nadie, descartando a las élites ilustradas que se oponen al “Plan de Dios.” En línea con su idea, anteriormente citada, de criticar a occidente por imponer sus valores a sangre y fuego. Juan Carlos Scannone, teólogo jesuita, profesor de Bergoglio y padre, junto al sacerdote Gera, de la Teología del Pueblo afirmaba:

“La racionalidad sapiencial de la cultura popular no es la de la Ilustración ni se corresponden con los cánones del razonamiento moderno tecnológico e instrumental.” Y acotaba Gera “que no se trata de imponer categorías sino interpretar el proyecto del pueblo a la luz de la historia de la salvación”
En síntesis lo que para los historicistas agnósticos son las leyes inmanentes de la historia para los religiosos como Francisco es el Plan de Dios. Pero en ambos existe el rechazo al accionar de fuerzas exteriores a la historia para modificarla de cuajo. Restaría saber si el Plan de Dios es un orden ya dado o es el ejercicio de la libertad para construir el futuro. Es importante desmenuzar este intríngulis justo en el momento de la historia universal cuando las ideologías de la salvación por todos han caído irremediablemente.

Donde Ivereigh se equivoca es cuando atribuye al pensamiento de Bergoglio los colores y los sonidos del nacionalismo católico. El nacionalismo tanto como el marxismo son cuerpos dogmáticos que deben su existencia al racionalismo y la ilustración como afirma el filósofo francés Alain de Benoist (Comunismo y Nazismo) al imponer tanto uno como otro la utopía de la sociedad sin clases o la utopía de la supremacía racial.

Ambos pretendieron torcer por la violencia la realidad circundante haciendo tabula rasa de costumbres y tradiciones. Forzando la modernidad a golpes de archipiélagos y cámaras de gases. Finalmente ha sido Isaiah Berlín quien mejor definió al romanticismo y su revolución: “La importancia del romanticismo se debe a que constituyó el mayor movimiento reciente destinado a transformar la vida y el pensamiento del mundo occidental en los siglos XIX y XX todos los otros que tuvieron lugar durante ese período parecen, en comparación, menos importantes.”



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