De la vanguardia a la inacción

En la obra “Los hijos de… ”, que sube a escena los sábados de octubre en la sala Medida x Medida, se resumen historias de aquellos operarios que supieron ser protagonistas del desarrollo de la industria automotriz cordobesa y que después cayeron en las garras de la desocupación.

Por J.C. Maraddón
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2016-10-12_dieselLa industria automotriz, que primero fue promovida por el estado y después se potenció a partir de la radicación de empresas extranjeras, cambió por completo el perfil de la Córdoba pastoril y religiosa durante los años cincuenta. A partir de ese momento, los mamelucos de los obreros se ubicaron a la par de los sacos y corbatas de los estudiantes y los abogados. Y la ciudad se pobló de suburbios habitados por gente que venía del interior de la provincia a trabajar en las fábricas, y que podía acceder a una vivienda propia gracias a los ingresos que le generaba su jornal.
En los años sesenta, ese segmento cada vez más importante de la población empezó a participar activamente de la vida social y política cordobesa. Trabajar en una planta fabril vinculada a los automotores otorgaba un estatus diferente, porque implicaba ser partícipe de aquello que estaba forjando el futuro de la región. En esas barriadas se popularizaron rasgos típicos de nuestro acervo como el humor y el cuarteto. Y de allí salió también la chispa que encendió el Cordobazo. Esos obreros eran los hombres nuevos, que estaban destinados a luchar por una sociedad más equitativa y solidaria.
Los unía su condición de operarios y la cosmovisión que desarrollaban desde la línea de montaje. Lo que tenían en común esos hombres era que se desempeñaban como mano de obra en un área de la industria que, en pocos años, había dotado a Córdoba de una modernidad que la distinguía del resto, incluyendo a Buenos Aires. El orgullo ciudadano provenía de ese núcleo fabril, del que salían autos, utilitarios, locomotoras y maquinaria agrícola; productos que traccionaban a la Argentina hacia un futuro promisorio, en el que también la clase obrera asumía un rol protagónico, basado en la dignidad del trabajo.
Sin embargo, junto al aniquilamiento de las organizaciones guerrilleras y la represión indiscriminada, la dictadura militar puso en marcha una política económica que desmanteló esa estructura industrial que se había edificado a lo largo de un cuarto de siglo. Se perdieron muchos de esos puestos laborales que dignificaban la condición humana de quienes los estaban ocupando. Y se fomentó un cuentapropismo feroz, que creció al amparo del “sálvese quien pueda”. A partir de esa época siniestra, no hubo forma de recuperar la pujanza perdida, aunque la industria automotriz cordobesa sobreviva hasta el día de hoy, corroborando lo visionarios que fueron quienes decidieron promoverla en sus comienzos.
Sobre ese proceso de estancamiento habla la obra “Los hijos de… (un drama social)”, que sube a escena los sábados de octubre en la sala Medida x Medida, con texto y dirección de Soledad González, y con actuaciones de Emanuel Muñoz, Josefina Rodríguez y Franco Muñoz. Pero no lo hace desde la teoría, sino desde la praxis. Le encuentra carnadura a una cuestión indispensable para entender la idiosincrasia cordobesa. Y propone un enfoque que privilegia la mirada que tienen sobre sus padres, aquellos hijos que vieron cómo la desocupación afectaba mucho más que la economía hogareña, porque también desarticulaba los vínculos.
Mediante una puesta en la que la música en vivo va articulando los diversos pasajes, “Los hijos de…” se rodea de recursos audiovisuales, de instalaciones y de trucos lumínicos para representar el contraste entre una utopía perdida en el pasado y este presente en el que sólo el más apto podrá sobrevivir. Como componente troncal de la historia contemporánea de Córdoba, la industria automotriz (que por estos días atraviesa su enésima crisis) aflora en este retrato, entre melancólico y desencantado, de una generación que supo estar a la vanguardia, y que de golpe y porrazo fue sumida en la inacción.



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