Carinda no se olvida

El pasado fin de semana, en el pueblo australiano de 200 habitantes donde David Bowie rodó el video del tema “Let’s Dance”, se rindió homenaje a la estrella rockera fallecida a comienzos de este año, quien aprovechó el rodaje para reivindicar a la cultura aborigen de ese país.



Por J.C. Maraddón
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2016-10-11_chica_bailandoA la llegada de los colonizadores a Australia, los pueblos Koori y Guringai eran los que habitaban la costa sudeste, en una región que después pasaría a llamarse Nueva Gales del Sur y que hoy alberga a algunas de las ciudades más importantes del país, como por ejemplo Sydney. El trato que recibieron los aborígenes por parte de los colonos ingleses distó mucho de ser humanitario y por eso, de un tiempo a esta parte, se ha tratado de rescatar el legado de esas culturas que quedaron soterradas bajo la omnímoda presencia del imperio británico, que necesitaba homogeneizar sus factorías bajo el mismo idioma.
En 1983, un inglés se propuso darle a esos aborígenes el protagonismo del que habían carecido durante siglos. La estrella rockera David Bowie llegó a Australia en febrero de 1983 y se puso a buscar a los dos protagonistas del videoclip del tema “Let’s Dance”, que sería dirigido por David Mallet. Los encontró en la Jaran Aboriginal and Torres Strait Islander Dance Company de Sydney, una institución que se proponía mantener vivas ciertas costumbres ancestrales de la población aborigen. De allí, Bowie extrajo a los estudiantes Joelene King y Terry Roberts, con quienes se rodó finalmente el video.
El escenario natural para “Let’s Dance” fue el pueblo de Carinda, a unos 650 kilómetros al noroeste de Sydney, donde sus no más de 200 habitantes vieron alterada su cotidianidad con la llegada del equipo de filmación. Las imágenes de Bowie cantando fueron tomadas en el pub del Carinda Hotel, con una pared de fondo que todavía se conserva. Y muchos de los extras que aparecen en el clip son los pobladores del lugar, que cobraron así una impensada notoriedad. Sin embargo, la participación consagratoria fue la de la pareja que representaba a los nativos y que sufría el sometimiento al que los obligaba la vida urbana.
Entrevistada a 30 años de aquel episodio por el Brisbane Times, la bailarina Joelene King contó en 2013 lo importante que había sido esa ocasión que le brindó la vida cuando contaba con apenas 22 años de edad. Aunque no se dedicó luego a la actividad artística sino a la docencia, Joelene tomó conciencia, gracias a la convocatoria de Bowie, de lo importante que era conservar la herencia cultural de sus ancestros. Y con su humilde presencia en “Let’s Dance” se transformó en un símbolo de la reivindicación de los pueblos originarios de Australia.
Peor suerte fue la que le tocó a Terry Roberts, quien acompañaba a Joelene King en la ficción. Él sí intentó desarrollar una carrera como bailarín y, animado por el propio David Bowie, viajó a Estados Unidos para perfeccionarse y trabajar en esa profesión. Sin embargo, el choque con el entorno estadounidense le provocó un shock del que no pudo recuperarse. De regreso en Australia, fue sometido a tratamientos psiquiátricos que no hicieron sino acentuar su enfermedad, hasta causarle la muerte. Su caso no deja de ser una muestra del triste destino que espera aún hoy a muchos aborígenes del territorio australiano.
En 2015, las aventuras de David Bowie en Sydney fueron relatadas en el documental “Let’s Dance: Bowie Down Under”, de Rubika Shah, que puede ser visto desde otra perspectiva tras el fallecimiento del cantante a comienzos de este año. Mientras tanto, el pasado fin de semana Carinda le rindió tributo a Bowie con un festival, en el que hubo una recreación en vivo del videoclip y la actuación de un grupo de covers llamado Lady Stardust. A 33 años de aquel acontecimiento que puso a un pequeño pueblo en la pantalla de MTV, el paso del Duque Blanco por Australia no se resigna al olvido.



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