Reclamos postergan unidad gremial (interna congelada)

Mientras el grueso de los gremios estatales presiona para lograr la reapertura de la discusión salarial y la derogación de la Ley 10.333, la discusión por la normalización de la CGT de Córdoba pasó a un segundo plano.

pihen-en-la-cgtEl escenario de conflicto que protagonizan los gremios, principalmente estatales, postergó el resto de las discusiones al interior del movimiento obrero. En este marco de reclamos muy lejos quedó el desenlace por la normalización de la CGT, de acuerdo con la tendencia de la central nacional.
Apenas arrancó el segundo semestre, el humor gremial cordobés comenzó a tomar temperatura rápidamente. Antes que el flamante triunvirato de la Confederación tomase la decisión de llamar nuevamente a elecciones en la Regional Córdoba, el grueso del arco gremial cordobés ya había planteado sus reclamos ante el gobierno provincial: reapertura de paritarias y derogación de la ley 10.333.
Suena lógico que el planteo salarial al Panal y la incertidumbre por el próximo convenio entre la Nación y la Provincia hayan copado la agenda. Son los gremios que tienen algún vínculo con el Estado, los que ostenten una cuota de poder real dentro del territorio provincial. No dependen de las cúpulas nacionales y tienen a su interlocutor dentro de su campo de tiro y negociación.
La nueva jornada de protesta ratificada el martes por la coordinadora de gremios estatales para el miércoles 19 supone entonces una parada difícil para la Provincia. Será la tercera desde que arrancó el segundo semestre. En los hechos, los gremios que aportan la Caja pueden fungir como una mini CGT, o mejor dicho como el núcleo duro de la confederación, donde conviven gremios con mayor y menor poder de fuego.
La batería de reclamos que sostienen los gremios estatales dilató cualquier tipo de iniciativa por la normalización y por consiguiente congeló la interna gremial que comenzaba a palpitarse. Una interna que es una suerte de extensión de una disputa del PJ.
Muchos dirigentes se consideran con derecho al menos para reclamar algún lugar dentro del partido. Máxime ahora con la erradicación del kirchnerismo y la intención del oficialismo de no dejar ningún cabo suelto que puede molestar en las elecciones del 2017.
Los espacios dentro del partido son precisamente uno de los puntos en discusión. La conducción de la CGT es una llave para reclamar una silla en Unión por Córdoba y también en las listas, aunque sin la proporción tripartita que impulsa en su génesis en PJ. Esa lapicera le corresponde ahora al titular del SEP y secretario general de la central, José Pihen. Su posición le permitió, ser legislador de UPC por los últimos dos períodos.
Pero este lugar le que genera complicaciones. Su conducción está expuesta a cuestionamientos del Movimiento de Trabajadores Cordobeses, que se escindió de la CGT a fines del año pasado. Para AOITA, AGEC y UOM y compañía la doble condición de gremialista y legislador oficialista es una contradicción para Pihen.
Sin embrago, vale decirlo, más allá de algunos desencuentros, el SEP está muy activo en términos gremiales. El reclamo económico es innegable. Esta exposición también es una forma de refrendar su lugar al frente de la CGT.
Pihen tiene la necesidad subsanar esa crítica de doble estándar y mostrarle los dientes al Gobierno provincial, que coquetea con los dirigentes que están en la vereda de en frente y buscan disputarle la conducción. No es una tarea sencilla. La Provincia y el SEP tienen una relación compleja. Hay una garantía de no escrita de no poner en riesgo al oficialismo, dejando de lado las tensiones personales.
La posibilidad de conjugar un triunvirato, siguiendo la tendencia nacional, podría ser una solución para esta tensión interna. Pero por ahora, las demandas marcan el ritmo de la agenda gremial.

Otra tensión
Los gremios estatales pidieron por la reapertura de las paritarias. Mientras la mayoría de los sindicatos cordobeses aguardaban las directivas nacionales o mantenían algún tipo de expectativa, aunque mal no sea lejana, la administración pública se mostraba impaciente. Un síntoma que aún la CGT nacional aún no manifestó.
Esta tensión también se expresa en el contrapunto entre Juan Monserrat, titular de la UEPC y el ministro Educación, Walter Grahovac, otrora secretario general docente. El cruce parece ser más político.
Mientras el ministro le enrostra a Monserrat su pasado kirchnerista, Monserrat sale a cuestionar el rol del PJ provincia y sus relaciones con el gobierno nacional.



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