Maléficos

Las insólitas propuestas del candidato republicano Donald Trump para detener la inmigración mejicana, reflotaron aquella aventura musical noventosa del grupo Brujería, que después de 15 años volvió con algunos nuevos integrantes y con flamantes canciones de satanismo explícito.

Por J.C. Maraddón
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2016-10-04_trumpCuando todo indicaba que se venía el malón de la música electrónica, a comienzos de los años noventa el rock vivió un furioso reingreso al centro de la escena de la música internacional. Con el advenimiento del grunge,que se impuso contra todos los pronósticos, se dieron a conocer grupos como Nirvana, Pearl Jam, Alice In Chains o Soundgarden, que reivindicaban aquel crudo sonido de las bandas de garage de los sesenta. Y, al mismo tiempo, los Guns N’Roses sacaban su doble disco “Use Your Illusion”, que señaló la cúspide de la carrera de uno de los exponentes más populares del hard rock.
Pero lo que quizá haya sido el mojón que revitalizó al género de las guitarras distorsionadas y los riffs veloces, fue la publicación del disco negro de Metallica, que no sólo gustó a los fanáticos del metal, sino que por añadidura sumó legiones de seguidores a la causa. A partir de ese momento, volvió a ganar importancia esa zona del rock que tan frecuentada y reivindicada ha sido, aunque siempre se la haya relegado a los márgenes del circuito. En esos primeros años de la década del noventa, florecieron numerosas variantes del heavy, que extendían su frontera hasta confundirse con otras sonoridades.
Y cuando los más conspicuos entre sus representantes empezaron a estar de moda, como reacción natural, algunos músicos del palo reaccionaron corriéndose hacia un extremo y llevando su propuesta otra vez hacia los confines de la marginalidad en los que antes habían habitado. Pero ni siquiera esto les alcanzaba para materializar su fuga: la moda hacía que nuevas camadas de adolescentes prestaran oídos a esas voces cavernosas y se dejaran atrapar por vertientes tan osadas como el death metal, que partiendo del thrash, se adentraba en un territorio oscuro y poblado de una mitología infernal.
En medio de esa batalla interna del metal por ver quién llegaba más lejos en su radicalización, se produjo el levantamiento zapatista en México, que coincidió con una primavera del rock azteca y de la música tex-mex. No llamó la atención, entonces, que la banda fantasma Brujería, formada por artistas estadounidenses que en algunos casos tenían ascendencia latina, tomara empuje en ese momento. Sus integrantes, que eran miembros de otros grupos famosos, aparecían bajo nombres falsos, en los que exhibían una pretendida pertenencia a la cultura chicana, mediante el uso de regionalismos y alusiones varias al imaginario mejicano.
En aquel momento, Brujería conformó un producto apetecible, por el misterio que rodeaba a su formación, por su estética “gore” y por su adhesión a ese metal siniestro que reclutaba fanáticos en todo el mundo. Sin embargo, su atractivo fue menguando cuando su tono de parodia llegó a ser tan exagerado que dio una vuelta de campana y fue tomado más como una burla macabra que como una propuesta seria, digna de ser tenida en cuenta dentro del extenso horizonte que se abría para los cultores del género. Así como explotó, la fama de Brujería se eclipsó apenas iniciado este siglo.
La insólita propuesta del candidato republicano Donald Trump, que postuló la posibilidad de construir un muro para detener la inmigración mejicana, reflotó aquella aventura noventosa de Brujería, cuando en mayo de este año el grupo volvió con algunos nuevos integrantes y con un provocador single, oportunamente titulado “Viva Presidente Trump!”. Y ahora, cuando las elecciones presidenciales en el gigante del norte son inminentes, Brujeria publica el disco “Pocho Aztlan”, después de 15 años de silencio. Las condiciones han variado, pero ellos no pierden nada en insistir. Entre tanta fiebre por el revival, también hacía falta revisitar este costado maléfico del rocanrol.



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