Huellas del tango antes del tango

La mención de una vieja canción rioplatense en un diario de Córdoba en 1873, habla de la difusión de piezas populares de la época en el circuito de provincias.

Por Víctor Ramés
[email protected]

“El vendedor de escobas”, cuadro de Benjamin Franklin Rawson. 1865.
“El vendedor de escobas”, cuadro de Benjamin Franklin Rawson. 1865.

Un pequeño recorte cordobés sirve de impulso para revisar referencias más amplias, las que conectan con los orígenes del tango en la Argentina. Se trata de una mención muy breve que trae el diario La Carcajada de mayo de 1873, en la que hace referencia a una canción que tuvo difusión en el Río de la Plata y por lo visto también en Córdoba, durante la segunda mitad temprana del siglo diecinueve. La misma formaba parte del estrato cultural donde empezaba a constituirse el tango rioplatense. La cita de La Carcajada no sorprende, pero al menos confirma que dicha canción, con primicias de perfume tanguero, no era desconocida en la Docta:

“En la calle ancha:
-Pero has visto niña como se nos ha perdido tanto Eduardo Torres? Tiempo hace a que no pone sus pies en esta casa.
-Verdaderamente, y tantos deseos que tengo de que venga para oírlo cantar el negro chicoba!
Lo que son las cosas! Quien había de creer que Eduardito se había de hacer desear por el chicoba!”
Si bien había una cierta circulación cultural entre Buenos Aires y las provincias, dominaba el panorama un difusionismo desde la capital hacia el interior. Es imprescindible situarse en el hecho de que, no habiendo ni discos ni radio en ese entonces, la circulación de las canciones populares de la época era lenta y tenía alcance limitado. Los dos medios más frecuentes eran incipientes industrias culturales como la partitura impresa para piano, a la que se sumaba el movimiento de las compañías teatrales que traían al interior obras del género chico, y más tarde la incorporación al repertorio del circo y el sainete criollo, que contribuyeron a poner de moda determinados ritmos y canciones.
El Negro Chicoba fue un verdadero y temprano éxito musical popular, compuesto por un músico de conservatorio, organista y autor de obras sacras: José María Palazuelos (1840-1893), y cantado públicamente por primera vez el 24 de mayo de 1867, por el actor panameño Germán MacKay, en el teatro de La Victoria de Buenos Aires, como pieza fuera de programa. MacKay se presentó con el rostro tiznado para representar al personaje de la canción, un hombre de etnia africana, vendedor de escobas. La letra habría sido creación del propio actor y era cantada en un castellano fuertemente teñido de jerga bozal (la que hegemonizó en la colonia las lenguas diferentes de los pueblos esclavizados del África, posibilitando el entendimiento con los españoles y criollos). Dicen las estrofas de El Negro Chicoba:
“Yo soy un neglito, niña / que pasa siemple po´acá, / Vendo plumero, chicobas / y nadie quiele complá. / Será porque soy tan nego / que pasa de rigulá. / Todas las niñas juyen / se palecen asustal.”
Yo soy un neglito, niña / que pasa siemple po´acá, / vendo plumero, chicobas / y nadie quiele complá. / Yo soy un neglito, niña / que le gusta fandangueá, / y a la que hago un pilopo / Bien plonto está colorá.”
El uruguayo Vicente Rossi, una figura destacada de la intelectualidad cordobesa de fines de siglo, que tuvo la Imprenta Argentina en esta ciudad, escribió en su libro Cosas de Negros (1926) que “En 1866-67 se propagó en Montevideo un «tango» titulado «El Chicoba» (en bozal «El Escoba» o «El Escobero»), pero era un candombe según los que lo conocieron; sin duda, un tango a lo «Raza Africana»”.
No es sencillo atribuir a El Negro Chicoba –como se suele hacer- el haber sido el “primer tango” rioplatense. El tango es un género urbano que se forma a partir de diversos afluentes, entre ellos el del tango andaluz que a su vez se emparenta con la habanera, ritmo madre asimismo de la milonga, los que inciden en su primera identidad a lo largo de un proceso de intercambios y aportes musicales. Es correcto admitir a la pieza de Palazuelos y McKay entre los antecedentes de lo que llegaría a ser el género ciudadano. La genética afro del tango es indiscutible y ha sido remarcada unas veces más que otras, aunque en éste, como en tantos casos, los autores de la canción de referencia eran ambos de etnias europeas.
El año en que La Carcajada hace referencia a la pieza musical cantada en un hogar cordobés, 1873, está a menos de una década del nacimiento oficial del tango en tanto género original en los suburbios bonaerenses. Es oportuno recordar que los primeros tangos anónimos reconocidos como tales datan de 1880, como Tango de la Casera, Detrás de la liebre, Andáte a la recoleta o El porteñito, entre otros.
Se suma al azar histórico el hecho de por sí extraño de que El Negro Chicoba fuese popularizada por un actor panameño reconocido como uno de los pioneros del arte dramático que se conocieron en Sudamérica, donde McKay desarrolló buena parte de su carrera. Un biógrafo de McKay señala que en 1868, el actor retornaba a Chile “llevando muy buenos recuerdos del Plata, donde se le había aplaudido ruidosamente, y donde él había contraído numerosas relaciones entre la juventud distinguida de ambos países. El artista era dueño del público, y tan seguro estaba de su éxito, que hasta llegó á cantar en el teatro algunas canciones, como El crudo tucumano y otras, que luego se hicieron popularísimas, no por su mérito, sino porque MacKay las cantaba.” Aunque la cita no menciona a El Negro Chicoba, se puede hacer extensivo el comentario a dicha pieza musical, que en la voz de McKoy alcanzó su primer espaldarazo. Es interesante esa mención al aprovechamiento de la popularidad actoral para lanzar al público canciones con vocación de éxito.
En lo referido a la difusión del tema por mediación de partituras impresas, el propio Vicente Rossi confirmaba que en 1866 se conocieron algunos temas editados por la Editorial Cornú, entre ellos El Negro Chicoba, además de La coqueta, de A. de Nincetti, los que se conseguían en Buenos Aires en la calle De las Artes. Esta podía haber sido la vía de propagación de esa canción en hogares de la ciudad de Córdoba donde había pianos.