Cuando la literatura se dibuja en la calle

Juan Francisco Uriarte presentó su libro de crítica literaria en Catamarca.

Por Santiago Pfleiderer
[email protected]

Juan Francisco Uriarte presentó su libro de crítica literaria en Catamarca.
Fotos: Manuel Bomheker

El viernes pasado (30 de septiembre) el periodista y escritor Juan Francisco Uriarte presentó su libro de crítica literaria El Sentido de la Literatura (Lago Editora) en la Casa de la Cultura de la ciudad de Catamarca. Pues claro, lo presentó en esa ciudad porque él es oriundo de allí, y es ahí donde trabaja y vive actualmente. Y por qué debería hablar de la presentación de un libro realizada en otra provincia, y la respuesta es muy sencilla: porque Juan Francisco (Pachi, Paco) Uriarte tiene en su ADN la memoria genética de años de experiencias, estudios, trabajos, miles de páginas escritas, amistades y relaciones sociales construidas en los márgenes del río Suquía, esta ciudad que fue fundada por el mismo español rebelde que fundó otras localidades catamarqueñas.
Pachi Uriarte es tozudo, emprendedor, inquieto y arrebatado como su apellido vasco acusa. El tipo trabajó durante años en la redacción del diario Hoy Día Córdoba convirtiéndose en una de las voces más valoradas y respetadas en lo que hace a la crítica literaria en Córdoba. Además, ha colaborado como columnista en la revista universitaria Deodoro, en la edición latina de Le Monde Diplomatiqué, y ha participado en numerosas producciones editoriales. Luego de un largo viaje por las profundidades latinoamericanas, Juan se animó a emprender otra locura inexplicable en la era de lo efímero, de lo superficial, de lo rápido y lo furioso: Pachi se lanzó a la aventura vertiginosa de la edición de un libro propio: El Sentido de la Literatura. En él se reúnen 37 relatos que abarcan el diálogo pausado y armonioso con un lector atento acerca de una gran cantidad de libros leídos y disfrutados, a modo de recomendación, huyendo de la soberbia. Muchos de estos textos fueron publicados en el ya mencionado matutino cordobés, pero otros son fruto de la búsqueda incansable de un lector sediento y hambriento, tal como lo es Uriarte.
El libro tiene el sello que sigue atando al autor y a sus textos con la ciudad de la reforma universitaria: Lago Editora (2016), bajo el padrinazgo de Alejo Carbonell.
Para la presentación de su libro, Juan Francisco Uriarte armó un equipo pensado milimétricamente en su funcionalidad para la realización del evento que no contó sólo con la prolija y emotiva formalidad de la presentación en sí, sino además con un derrotero cultural-gastronómico-turístico hacia las fibras más sensibles del compartir como acto superador de la condición humana. El evento se realizó en la Casa de la Cultura (San Martín 533) pasadas las 20 horas del viernes 30 de septiembre en la añeja ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, frente a la histórica plaza céntrica. Desde cualquier lado uno se siente abrazado y protegido por la imponencia de los cerros: del este, el cordón del Ancasti, y al oeste el cordón del Ambato.
A sala repleta y con diversas personalidades de la cultura catamarqueña, Pachi Uriarte descolló humana humildad frente a las palabras engrandecidas de su presentador, Manuel Fontenla (filósofo, docente, poeta e investigador del CONICET). Dentro de las diversas hipótesis que puedan plantear en torno a las interpretaciones de los libros leídos, muchas veces podemos encontrar en la tierra aquello que se pretende hallar en las pulidas torres de marfil.
Este cronista, el fotógrafo cordobés Manuel Bomheker y el Lic. Fontenla fuimos los encargados de registrar todo aquello que se desprende de la experiencia literaria. Luego de un viaje nocturno en un cómodo colectivo de una empresa con el nombre de un prócer mesopotámico, abrimos las puertas de la percepción para tratar de inmortalizar lo que fue inmortalizado por la inmortal experiencia de la lectura y de la escritura.
Luego de la presentación, la tropa se dirigió hacia el bar Kaipi Taquina, que en su conjunción de lenguas quechua y aimará significa “Aquí y Ahora”. El cheff, apodado como “El Rulo”, convidó una salvajada gastronómica difícil de asimilar frente a los ojos de los futuros comensales: unas hamburguesas caseras de altísima alcurnia en disonancia directa con la concepción y las consecuencias capitalistas de este alimento ligado al sobrepeso como ícono imperialista de la comida chatarra. Este fue el caso antagónico y contrario, que se pudo paladear con dos exquisitas variedades de cerveza artesanal, rubia y negra.
Y como no puede ser de otro modo en los hermosos y ancestrales rincones del noroeste argentino, la velada nocturna culminó con una guitarreada que desplegó enormes canciones del repertorio de la música popular argentina de la mano de Franco Ocaranza y su grupo. Con el correr de las horas, los instrumentos se fueron cediendo a los integrantes del público; también hizo gala de su origen norteño el autor del libro presentado, y todo se coronó con una participación estelar de Diego “el Carpincho” Varela –según se dice, descendiente del caudillo Felipe Varela, “el Quijote de los Andes”- quien además acusa ser una de las plumas más valoradas de El Ancasti, bastión del periodismo gráfico local.
La literatura y el pensamiento metapoético se funden, sin querer, con las brasas encendidas y una rave de música electrónica después de las guitarras y los bombos. Muchos personajes alucinantes se van sumando a esta historia escrita en el camino.
Un libro que habla de otros libros. Y alrededor, personajes reales que se escapan de sus páginas. Un boxeador, un DJ, un periodista con linaje épico, tres cordobeses, un hostel abandonado, un raid en busca del asado perfecto, noches profundas y cerros tras las nubes.
El sentido de la literatura no es más que la experiencia de la vida.