Colombia y el NO a las FARC

Nuevamente el gobierno nacional quedó mal parado. No tanto por su posición de apoyo al gobierno de Colombia en su versión política de pacificación sino en los énfasis y gestos del presidente. ¿Era necesario viajar y salir en la foto con la guayabera blanca? ¿No nos estábamos metiendo en los asuntos internos de un país amigo? ¿No habría que moderar los ímpetus de figuración en el escenario internacional?

Por Gonzalo Neidal
[email protected]

03-10-2016_bogot_colombia_noDesmintiendo a los encuestadores, el NO triunfó en Colombia.
Es cierto que el resultado significó un virtual empate. Los colombianos están divididos por mitades pero era legítimo esperar que un acuerdo de esta importancia contara con un amplio apoyo popular para que pudiera ser considerado legítimo. Y no fue así.
El periodismo de izquierda (El País de Madrid, Página 12 de Argentina) presenta las cosas como si los que votaron por el NO propiciaran el reinicio de las hostilidades, dejando así a los terroristas de las FARC –que votaron SÍ- como partidarios de la paz. El mundo al revés.
El diario argentino ilustra su tapa con un símbolo de la paz atravesado por numerosos balazos. Los disparos fueron realizados por los votantes del NO, según esta curiosa interpretación.
Lo que no quiere la mitad más grande de Colombia es una paz que incluya la impunidad de los terroristas que han hecho padecer a ese país durante más de medio siglo. Entienden que de ese modo obtendrían la convivencia pacífica a un elevado costo y asentada sobre bases poco sólidas.
En la Argentina, los guerrilleros han sido valorados durante décadas como una suerte de luchadores por la democracia, héroes de la libertad. Han sido premiados, distinguidos e indemnizados. Jamás condenados. Parece que los colombianos no están dispuestos a ponderar a sus guerrilleros de un modo similar.
También es cierto que muchos de los que votaron el SI abrigaban duras críticas al terrorismo de las FARC y al acuerdo que se sometía a votación, pero estaban dispuestos a aceptarlo a regañadientes como una vía hacia la paz, aunque supusiera inequidades e injusticias.
Como fuere, plantear que los votantes del NO rechazan la paz es una interpretación canallesca, con intención de un chantaje ideológico descarado. Quienes no aceptan los términos de los terroristas, serían así enemigos de la paz.
Nuevamente el gobierno nacional quedó mal parado. No tanto por su posición de apoyo al gobierno de Colombia en su versión política de pacificación sino en los énfasis y gestos del presidente.
¿Era necesario viajar y salir en la foto con la guayabera blanca?
¿No nos estábamos metiendo en los asuntos internos de un país amigo?
¿No habría que moderar los ímpetus de figuración en el escenario internacional?
Ahora quedamos abrazados al presidente Juan Manuel Santos, a Raúl Castro y a las FARC, en una vereda distinta a la de la mayoría de los colombianos.
La candidatura de Malcorra a las Naciones Unidas nos está costando un precio elevado.