El día que volvimos a contar a los pobres

¿Cómo podía explicarse que tras una “década ganada”, pletórica de recursos y de viento a favor, aún continuara habiendo casi un cuarto de la población por debajo de la línea de pobreza?

Por Gonzalo Neidal
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enroque-indecArgentina acaba de entrar nuevamente en el Tercer Mundo, si es que esta denominación significa algo en la actualidad.
El gobierno de Mauricio Macri acaba de reconocer que existe un 32,2% de pobres en el país. La referencia anterior que teníamos provenía del discurso de la ex presidenta Cristina Kirchner ante la Asamblea de la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura, de las Naciones Unidas), de hace poco más de un año. En ese momento, afirmó que la pobreza era menor del 5% y la indigencia al 1,27%.
Con tales cifras, estábamos mejor que Alemania y que los países escandinavos, siempre señalados como ejemplo por la escasa cantidad de pobres e indigentes que registran.
En ese momento, Cristina había informado la última cifra publicada por el INDEC, correspondiente a diciembre de 2013: 4,7% de pobres. Para esa misma fecha, la Universidad Católica acusaba ya un 26% de la población por debajo de la línea de pobreza.
La reunión de la FAO fue en junio de 2015, tres meses antes de ella, el entonces ministro de Economía Axel Kicillof había afirmado que no quería publicar la cifra para no estigmatizar a los pobres.
¿Qué hizo Macri para subir la pobreza del 4.7% al 32,2%?
Algo revolucionario y sencillo: contarlos. Decirle a INDEC que cuente cuantos pobres hay y que publique las cifras.
Porque habíamos dejado de contarlos, para no revelar cifras que fueran inconvenientes para el gobierno. Para qué contarlos si con ello mostrábamos que “el relato” no se condecía con los números que generaba la economía.
¿Cómo podía explicarse que tras una “década ganada”, pletórica de recursos y de viento a favor, aún continuara habiendo casi un cuarto de la población por debajo de la línea de pobreza?
Lo mejor era, entonces, dibujar el índice de pobreza.
Retocarlo, no. Dibujarlo. Y dibujarlo sin timidez. Con descaro. Sin que ningún otro peronista dijera que se trataba de una burda mentira. En la primera fila, Aníbal Fernández, que con cara de piedra afirmaba que, efectivamente, Argentina contaba con un nivel de pobreza inferior al de Alemania.
¡Qué grado de locura y prepotencia hemos tenido que soportar! Se pretendía que la realidad podía inventarse a “piacere” sin que nadie pudiera refutar las desopilantes afirmaciones oficiales por no contar con una infraestructura estadística eficaz que respaldara lo que resultaba evidente para todos.
Los revolucionarios no se animaban a enfrentarse con la cantidad de pobres. La líder de los latinoamericanos mentía sin pudor la cifra de pobres. Pretendía barrerlos debajo de la alfombra. Es que un gobierno nacional y popular no podía andar mostrando que uno de cada cuatro argentinos aún era pobre pese a las bendiciones de la soja.
Pero toda farsa llega a su final. En eso y en otros temas, afloró la mentira.
Ahora tenemos la verdad. Y el problema, claro.
La diferencia es que ahora sabemos que una tercera parte de los argentinos vive y padece debajo de la fatídica línea de pobreza.