Dertycia y Schiaretti, por la mejor selección

Alianza discursiva y de acciones entre el Gobierno de Córdoba y la Agencia Córdoba Deportes para que el Kempes luzca con césped impecable, cuando reciba a Argentina ante Paraguay. También, para armar un escudo ante potenciales críticas.

Por Federico Jelic

schiaretti-dertyciaReuniones, gestiones, teléfonos celulares al oído permanentemente, horarios cruzados y agendas agitadas. La rutina se repite invariablemente en la Agencia Córdoba Deportes, a pocos días de que la Selección Argentina vuelva a utilizar a Córdoba como refugio, cuando enfrente a Paraguay. Será el 11 de octubre, por Eliminatorias Sudamericanas, en el camino a Rusia 2018.
No quieren dejar detalles librados al azar. Después de las críticas sufridas por el estado del campo de juego ante Bolivia en marzo pasado; ahora, la pugna ante el conjunto “Guaraní” representa la posibilidad de callar bocas, de enaltecer una vez más a Córdoba y al Mario Kempes, otra vez con la convocatoria masiva que acostumbra. Y en eso, desde el Panal no quieren fallar. Tienen un penal a disposición y no lo quieren tirar a la tribuna.

Pero con todo…
Oscar Dertycia sabe lo que se juega. Si logró salir airoso después de Argentina-Bolivia, esto que tiene por delante es casi un acto de formalidad. Ahí si la tuvo brava: si desde España y Barcelona tildaron como un “patatal” al arenoso césped donde iba a jugar Lionel Messi cuando Belgrano recibió a Vélez Sársfield siete días antes del duelo FIFA. Insalvable. Fue algo así como un “suicidio” y por tal motivo, no olvidar que desde la Agencia tomaron medidas con los encargados de mantenimiento. También, desde la AFA enviaron sus cancheros e ingenieros agrónomos para actuar en consecuencia.
Fue un papelón, pero Córdoba no tenía las mayores responsabilidades. Porque recién en enero, de manera improvisada, el ente madre del fútbol argentino solicitó auxilio a la provincia mediterránea, después de la desidia en las tribunas durante los duelos ante Ecuador y Brasil. Las críticas a Gerardo Martino y al propio Messi les hicieron orientar la mira al hogar cordobés, donde siempre les fue bien recibido, casi al modo de refugio. Recuérdese que la gestión del “Cocayo” heredó los shows musicales de Maná e Iron Maiden, con el agravante del escenario en el medio del césped y una logística muy perjudicial.
Y otro tema: El Kempes tiene duelos todos los fines de semana, con Belgrano y Talleres. Más algún que otro encuentro de Copa Argentina, partido desempate clasificatorio a algún torneo internacional, sumado a partidos por ejemplo, como la final de la Supercopa, entre Boca y San Lorenzo en febrero. Es el estadio con mayor actividad quizás del país. Y está claro: con ese aforo y las tribunas ya con las reglamentaciones FIFA, es toda una tentación. Pregunten en AFA y al propio Messi, por si acaso…

Estadio de Fútbol
Menos mal que apareció el gobernador Juan Schiaretti para aclarar los tantos: “El Mario Kempes es un estadio de Fútbol” y de esa forma, fueron menores los eventos artísticos llevados a cabo en su superficie. De esa manera, el hombre fuerte del Panal dejó en claro su postura y a su vez, una orden, una prioridad, para tener en cuenta de ahora en más. En todo caso, que se tomen los recaudos suficientes como para no afectar el césped y no volver a sufrir los embates de la despechada prensa porteña, que no soporta ver cómo el Interior le arrebata la joya favorita.
El partido ante Bolivia sirvió de lección: Córdoba no debe volver a improvisar.
Después de ese duelo, en el Mario Kempes hubo algunos otros conciertos, como el del Beatle Paul McCartney y del grupo de rock “La Renga”, pero con algunas modificaciones: el proscenio no ocupaba el centro del terreno de juego, sino que fue ubicado en una de las cabeceras, con una cobertura especial sobre el césped, de plástico aireado, con el espesor y tamaño indicado, colocado 12 horas antes del evento, en virtud de no afectar ni el color, ni dejar marcas irregulares en el suelo. Fue tomado con responsabilidad, con formaciones y recaudos que tomaron con el protocolo de cuidado de espectáculos deportivos, una materia que fueron anexando entre los dirigentes, pensando en no volver a repetir errores.
Incluso el mes pasado, cuando los habituales encuentros anuales de la Iglesia Evangelista fueron llevados a cabo, hubo que poner plásticos o plataformas en la pista de atletismo para no dañarla con el movimiento del camión adaptado para tal función, con el armado del escenario y los demás movimientos necesarios. Ni rastros.
Por eso, a su vez, se generó un horizonte no muy alentador para los empresarios artísticos. Primero, porque la banda Aerosmith tocará en cancha de Instituto la semana que viene, y no era recomendable hacerlo una semana antes de que llegara Argentina. Y después porque la emblemática banda de Axl Rose, los legendarios Guns And Roses, se van a Rosario porque el empresario que hizo los contactos se negó a pagar casi un millón de pesos con la colocación de los fenólicos, plásticos protectores del pasto principal. Es la medida que garantiza el escudo suficiente para un show de semejantes proporciones y envergadura. Se aprendió la lección. El césped por encima de todo.



Del Rally a la Selección
Antes de que Argentina volviera a jugar en Córdoba, desde 2009 con aquel amistoso ante Ghana con la Selección local y Diego Maradona en el banco con el buzo de DT, AFA no ponía los ojos en el Mundialista Córdoba. Después de la Copa América 2011, con su ampliación y remodelación, con Schiaretti como gobernador, el panorama cambió diametralmente. Hoy es un estadio de fútbol, el de mayor capacidad de aforo del país, con 57 mil personas sentadas. Y aunque los cordobeses pueden reclamar que es de todos y que puede estar abierto a cualquier espectáculo, la agenda y la prioridad quedará para Talleres, Belgrano y Argentina, más algún que otro partido que necesite una cancha neutral.
Y pensar que en 2006 casi se cometió un crimen. No hubo mejor idea por parte de los directivos del ministerio que improvisar el terreno con un prime del Rally Mundial. Durante casi 10 años hubo que soportar las huellas de ese recorrido dentro del estadio, que no solo entorpecieron la regularidad y el color de la superficie, sino que fue obstáculo para que la pelota rodara.