¿Hasta cuándo?

Patricia Perea, la periodista cordobesa que falleció el domingo y que inspiró la canción “Peperina”, de Charly García, luchó toda su vida para ahuyentar el fantasma de la cruel imagen que esa letra daba de ella. Pero, lamentablemente, el personaje de ficción ya formaba parte del acervo popular argentino.

Por J.C. Maraddón
[email protected]

ilustra-peperinaHay muchas canciones famosas que aluden a personas por su nombre y apellido o por su pseudónimo. Son temas que todos conocemos y cuyos protagonistas se han desprendido de la historia que hay detrás de una letra, para tornarse inmortales. Seres que perviven en el arte y que no están acotados al devenir de la existencia, porque moran eternamente en un verso que remite a una melodía popularizada a lo largo de los años. En ese universo, se hermanan la ficción y la realidad, porque esa barrera que tan trascendente es para el enfoque científico, pierde sentido cuando hablamos de una composición musical.
En esa geografía imaginaria conviven Pedro Navaja con Eleanor Rigby, la Garota de Ipanema con Eulogia Tapia y el Comandante Che Guevara con Juana la Loca. Y en el amplísimo repertorio que ha aportado el rock nacional durante los últimos cincuenta años, Natalio Ruiz comparte ese espacio con Mate Cocido, Cachito campeón de Corrientes con el Capitán Beto y El Chico de la Tapa con Edda Bustamante. Para nosotros, ellos son los habitantes de ese limbo en el que se alojan para siempre esos recordados nombres, ya sea que hagan referencia a un personaje histórico o a uno completamente anónimo.
Cuando el aludido tiene entidad de carne y hueso, cabe preguntarse cuál es la repercusión que puede causar en su vida esa condición de haber sido eternizado en una letra. Sobre todo, si esa pieza comienza a sonar en la radio y la gente empieza a identificar a la persona real con lo que ese intérprete dice de él. Es lógico que muchas cosas cambien para esa persona; entre otros asuntos a considerar, su nombre (o su sobrenombre) abandona el anonimato para ingresar en el acervo popular de una región, de un país y, si la obra en cuestión trasciende las fronteras, del mundo.
Pero si a esto le sumamos que en esa canción se ridiculiza al aludido, los problemas se caen de maduros. Porque una cosa es mofarse del “hombrecito de sombrero gris” y otra cosa darle para que tenga a una persona que, a partir de esa letra en la que se la involucra, será vista por todos a través de los ojos del compositor, que no necesariamente tienen la autoridad moral para juzgarla. Esta pesadilla, la de ingresar a la posteridad como algo que otro dice que somos, debe ser difícil de sobrellevar.
Algo así le pasó a Patricia Perea, la periodista cordobesa que falleció el domingo a los 56 años y que fue la inspiradora de “Peperina”, la canción que Charly García grabó en 1981 con su grupo Serú Girán. En la revista Expreso Imaginario, Perea le hizo una crítica negativa a un show que dio la banda en el club Municipal de Alta Córdoba, y García le respondió con una letra feroz, en la que la denigraba al extremo. Para colmo, “Peperina” sonó por todas partes y se convirtió, a la fuerza, en el mote que muchos le asignaron a la periodista.
Ese episodio marcó su vida, qué duda cabe. Y tornó infructuoso su permanente intento de redimir la imagen que Charly había dado de ella, porque la Peperina de la ficción ya había ingresado en la galería de personajes inmortales de la música nacional. Patricia Perea, la real, luchó hasta último momento por derribar a ese fantasma, pero lamentablemente su propósito era imposible de cumplir. La venganza de Charly va más allá, incluso, de los acotados tiempos en que transcurren nuestras existencias. La Peperina de la canción supera hasta a la voluntad de quien la creó, para tomar vuelo propio y perdurar quién sabe hasta cuándo.