La economía desdoblada

Cada día que pasa se anuncian nuevas tensiones entre integrantes del equipo económico. Particularmente entre el ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Alfonso Prat Gay, y el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger.

Por Gonzalo Neidal
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2016-09-19_sturzenegger
Federico Sturzenegger

Cada día que pasa se anuncian nuevas tensiones entre integrantes del equipo económico. Particularmente entre el ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Alfonso Prat Gay, y el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger.
A punto tal que uno podría legítimamente preguntarse si resulta oportuno y efectivo insistir con la independencia del Banco Central.
Por cierto, nadie podría decir que se trata de una ficción “pour la galerie”. Que es una mera puesta en escena el hecho de que Sturzenegger decida por su cuenta el nivel de las tasas de interés, al margen de lo que piense el hombre que toma las decisiones fundamentales en materia económica, que es Prat Gay. Para zanjar el evidente conflicto del que tenemos noticia cada día que pasa, Mauricio Macri aparece de tanto en tanto advirtiendo que el verdadero ministro de economía es el propio presidente y ningún otro.
Pero no es eso lo que se discute sino el empecinamiento en sostener en los hechos la autonomía de las decisiones del responsable de la moneda. ¿Sirve para algo esa independencia o es una mera traba que entorpece el funcionamiento general de la economía sin reportar ningún beneficio a cambio?
En los países serios las cosas funcionan de ese modo, como parece pretender Macri: las decisiones sobre la moneda y su valor están distanciadas de las que tienen que ver con el funcionamiento general de la economía. Parece una quimera pero ello tiene sus razones.
El ministro de Hacienda y Finanzas está sometido a múltiples presiones sectoriales. Ello lo lleva a la permanente tentación de que, para aliviar esas tensiones, pueda pensar en apelar a un aflojamiento del rigor monetario en búsqueda de un estímulo a la economía que resulte en una mejora de efectos inmediatos, palpables.
Ello, casi siempre supone tomar decisiones que pueden atentar contra el valor de la moneda, esto es, que supongan una cuota indeseada de inflación. El keynesianismo siempre sobrevuela el espíritu de los responsables del área económica. La utilización de anabólicos que potencien el rendimiento de la economía y produzca resultados a la vista de todos, es la tentación permanente de quien está al frente de la economía. Pero eso casi siempre se refleja en el nivel general de precios. Empujar la economía hacia adelante puede representar una cuota de inflación no deseada.
De tal modo que quien haga de ministro de economía siempre estará en tensión con el responsable del Banco Central, si es que este sigue una política de estricta custodia del valor de la moneda.
En todo caso, debemos alarmarnos cuando uno y otro actúen en plena armonía, sin conflictos ostensibles pues eso significará que alguno de los dos no está cumpliendo su trabajo.
En ese caso, de una punta estará el peligro de la recesión. En la otra, la amenaza de la inflación.