Sin acuerdo en Daspu, y a Tavella le quedan sólo 6 días de mandato

Juri no quiere bajar al barro de disputas complejas como ésta. El riesgo, claro, es perder un enclave muy importante para el oficialismo, más importante que para el propio rector, que no tiene planes de reelección ni de crecer en poder en la UNC, como si lo tienen quienes lo llevaron al cargo.

Por Gabriel Osman
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daspuA Gabriel Tavella le quedan sólo seis días de mandato pero aún no se convocó al Consejo Directivo de la obra social universitaria a sesión especial para elegir a su sucesor. Lo que está sucediendo es que todavía no hay cinco votos (mayoría absoluta de un total de nueve vocales) en torno a un candidato. Esta dispersión se potencia por la “neutralidad” rectoral o, dicho con más simpleza, de una política de “no hagan ola” del rector Hugo Juri –esto no puede sorprender a nadie-, quien desde un principio quiso concentrar su gestión en lo académico, a costa, claro, de los político.
Juri no quiere bajar al barro de disputas complejas como ésta. El riesgo, claro, es perder un enclave muy importante para el oficialismo, más importante que para el propio rector, que no tiene planes de reelección ni de crecer en poder en la UNC, como si lo tienen quienes lo llevaron al cargo. No obstante, hay matices en el oficialismo. Desde Ciencias Agropecuarias hay preocupación que no se observa en otras unidades académicas que responden al Rectorado. Esta especie de “descompromiso” se apoya en una conjetura que circula en la Ciudad Universitaria: cualquiera que resulte electo irá al pie del rector.
Si fuera así, la postura de Juri sería irreprochable, salvo por un detalle: no existe la neutralidad en política si ésta resulta ser funcional a alguien. Gabriel Tavella es un equilibrista excepcional, como que ha sido presidente de la obra social por dos mandatos consecutivos (dos años de duración cada uno) sin controlar, siquiera, uno de los nueve votos del Consejo Directivo. Desconociendo detalles del funcionamiento interno de la Daspu y dicho en abstracto, esto no es funcional en absoluto. Más aún si se le suma el desorden estatutario que determina que los mandatos de los vocales duran tres años y el del presidente dos.
Tavella es un dirigente que parece disfrutar el vértigo del equilibrista, pero habría que ver si la obra social no trema con cada pirueta como ésta. Hasta ayer estaba lejos de contar con los votos suficientes y la cuenta regresiva ya está en un dígito. No faltan los que piensan en alguna “embajada” para el ex decano de Ingeniería, pero ya se han repartido los cargos expectables y, finalmente, se trata del único sobreviviente de “La Cooperativa”, una liga política sobre la cual su principal mentor quiere dar un salto cualitativo.
El Directivo de Daspu está propiamente cuadriculado. Los siete cargos electivos –los otros dos los elige el Consejo Superior-, por su origen, deberían responder a: los tres no docentes, uno al vallejismo, otro al MUN de Jorge di Marco y el restante al Colectivo; los tres docentes también se reparten en tres agrupaciones, con uno para la ex entente Tamarit, Boretto y varios etcéteras, otro a la conducción de Adiuc y el tercero a la izquierda que allí representa Pedro Ballucci. Decimos “deberían responder” porque las fidelidades al origen no sobreviven, por lo general, más de dos o tres meses a contar desde la elección. Pero aun suponiendo que la Daspu fuera un excelente lugar para celebrar el “día de la lealtad”, la mesa del Directivo igual seguiría siendo un perfecto cuadriculado, al que debe sumarse el séptimo voto de los jubilados, representado hoy por el ex decano César Aranegas, fuera de los esquemas de alianzas mencionado para docentes y no docentes