Una de las dos voces

Entre los fans del grupo Deep Purple, en los setenta discutían los que bancaban al primer vocalista del grupo, Ian Gillan, con los que preferían a quien lo sucedió en ese puesto, David Coverdale, que actuará el sábado, por primera vez en Córdoba, junto a su banda Whitesnake.

Por J.C. Maraddón
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ilustra-david-coverdaleHasta mediados de los años setenta, cualquier rockero residente en la Argentina podía gustar de Led Zeppelin, de Pink Floyd o de Eric Clapton. Pero de lo que debía ser fanático sí o sí, era de Deep Purple. Como muchas otras formaciones inglesas enroladas en el hard rock, ellos ponían adelante el gruñido de las guitarras y confiaban en que el bajo y la batería constituyeran los cimientos de sus rocanroles infernales. Pero lo que distinguía a Deep Purple era el sonido que Jon Lord extraía de su teclado, que conseguía vestir con un ropaje culto a la crudeza del estilo de la banda.
Durante por lo menos un lustro, Deep Purple fue un emblema del espíritu rockero para la generación que creció en la música mecida por el riff inconfundible de “Smoke On The Water” (Humo sobre el agua). Sus discos de estudio sólo eran superados en veneración por sus discos en vivo, en los que el virtuosismo de sus integrantes quedaba en evidencia, con larguísimos solos, coronado cada uno de ellos por una ovación. Entre la grey rockera local, el favoritismo por el grupo inglés era casi unánime, y eso se veía reflejado en su figuración en las revistas especializadas, como la Pelo.
Pero entre los seguidores de Deep Purple había una grieta. Y era la que separaba a quien había sido el vocalista señero del grupo, Ian Gillan, del que lo sucedió en ese importante puesto, David Coverdale. Gillan dejó su impronta a lo largo de los cuatro años en los que se hizo cargo del micrófono, como que su voz en las que se escucha en los clásicos del repertorio fundacional de Purple. Pero los que conocieron a Deep Purple después de 1973, con Coverdale como frontman, porfiaban en destacar las bondades de su garganta.
Esta polémica era el reflejo externo de un estado de permanente conflicto entre los miembros del grupo, algunos de los cuales iban rotando producto de roces y discusiones. A comienzos de 1976, la situación se tornó inmanejable y Deep Purple se tomó un descanso que, a la postre, se extendería hasta mediados de los ochenta. Cuando la banda volviese al ruedo en 1984 con el disco “Perfect Strangers”, como cantante figuraría otra vez Ian Gillan. Y es que David Coverdale había desarrollado desde fines de los setenta un nuevo proyecto, llamado Whitesnake, que abrevaba un poco más en el soul y que ya había impuesto un hit como “Fool for Your Loving” en 1980.
Mientras que la reencarnación de Purple no estuvo a la altura de sus viejos pergaminos, durante la década del ochenta Whitesnake se apropió en repetidas ocasiones de los puestos de vanguardia en las listas de ventas. Sus canciones son infaltables en cualquier recopilación que se proponga enumerar los hits más escuchados de ese periodo, cuando se produjo en Córdoba la irrupción de la frecuencia modulada, con radios musicales que rotaban algunos temas hasta transformarlos en la banda de sonido de la vida de los oyentes.
A 30 años de aquellos tiempos gloriosos, Whitesnake llega por primera vez a Córdoba, para presentarse el próximo sábado en la Plaza de la Música. A Ian Gillan ya se lo vio por aquí no hace mucho junto a Deep Purple. Y ahora el que viene es David Coverdale, para reeditar aquel duelo que, en tiempos de conatos revolucionarios y de brigadas paramilitares, mantenía ocupados a no pocos melómanos en una disputa puramente estética. Al final, nos quedamos nomás sin saber cuál era la voz más adecuada para Deep Purple, porque se trataba de una pregunta retórica que admitía tantas respuestas como gustos personales existen.