Conatos de rebeldía impactan en la UTA Nacional

La toma de la sede sindical de los choferes de Salta fue un episodio más de otros. Antes, ocurrió en Formosa, meses después en Córdoba.

utaLa toma de la sede de la UTA Salta, por un grupo de dirigentes díscolos, fue seguida de cerca por sus pares de la filial cordobesa que, hace pocos meses atrás, vivieron un situación similar, aunque más descafeinada si se tiene en cuenta que el intento de deposición de Jorge Flores implicó agresiones y captura de rehenes.
Las coincidencias son llamativas, si se recuerda que el objetivo fue el mismo: jaquear a un dirigente sindical que ocupa la máxima jerarquía por el voto directo de sus afiliados.
El lunes por la mañana, un grupo de dirigentes irrumpió en el edificio de la delegación salteña, solicitando Flores, en el marco de una interna abierta.
Flores y otros dos miembros de la comisión directiva del sindicato quedaron encerrados en el lugar, sin poder salir, mientras que los agresores amenazaban con quemar el edificio para impedir el accionar policial.
Tras casi doce horas de toma del edificio, y luego de tres horas de haber dejado salir a Flores del lugar, los protagonistas de los incidentes decidieron deponer su actitud y entregarse, por lo que fueron trasladados a la Alcaidía General de la ciudad de Salta. Hay cuatro detenidos, tras la revuelta.
Como ocurrió en Córdoba, la intervención de la UTA Nacional fue clave para que el conflicto no pasara a mayores. También el respaldo irrestricto al jefe de la filial, como también ocurrió en el caso del golpe contra Ricardo Salerno.
“No voy a perjudicar a ningún trabajador. La unidad hace la fuerza y la fuerza va a hacer que podamos conquistar y reconquistar a todos los trabajadores del transporte. Voy a conducir UTA dentro del marco legal, le guste y no le guste. Mi mandato vence en 2019”, había dicho el ex mecánico de Coniferal cuando bajó la espuma.
Cabe recordar que en la ciudad se trató de deponer a Salerno declarando un paro general, que no prosperó.
Lo cierto es que la UTA Nacional en menos de año ya contabiliza tres intervenciones similares. Resta citar la revuelta de Formosa, que terminó con el secretario general Rubén Suárez detenido, 11 personas heridas y un paro general de transporte, precedido por semanas de feroz interna.
¿Cómo se explica el nivel de descontento en las bases para que un grupo de dirigentes decida obrar, incluso asumiendo responsabilidades penales?
Desde la UTA Nacional tomaron nota y altas fuentes del sindicato aseguran que aconsejaron a Roberto Fernández a replantear la relación con los referentes de cada provincia del interior, las juntas ejecutivas, delegados y, fundamentalmente, los afiliados.
Sucede que la estructura verticalista está comenzando a mostrar problemas de grueso calibre y son varios los consejeros de Fernández que recomiendan acortar distancias entre los eslabones de la cadena.
Claro que no será una decisión fácil porque implica otorgarles amplias facultades a los cabecillas del interior o trabar acuerdos particulares con cada uno de ellos, conforme a las necesidades internas. Por ejemplo, salariales.
Disminuir la brecha con los afiliados es otra de las posibilidades. El secretario del Interior, Jorge Kiener, dejó clara la falencia cuando reconoció, por la toma de Salta, que desconocía a los protagonistas de la revuelta.
“Lo que conocemos es a través de los medios de comunicación y compañeros que se han comunicado con nosotros durante la mañana, con una toma de una sede de parte de no sabemos quienes hasta ahora, ni qué es lo que reclaman. Indudablemente eligieron el peor camino, porque esta no es la manera de resolver problemas”, había dicho.
Está claro que los conatos de rebeldía en el interior mantendrán ocupados a los responsables de los choferes a nivel nacional.