Nueve meses después

Todos los economistas serios del país, incluidos aquellos que han formado o forman parte de los equipos económicos de la oposición, han aceptado que el gobierno de Macri ha encarado los temas que debían enfrentarse y que no lo ha hecho mal.

Por Daniel V. González

macri-telamNueve meses es el plazo entre la concepción y el retoño. Es un plazo larguísimo y breve, conforme sean las miradas y las expectativas. Quizá sea un plazo suficiente para hacernos una idea más o menos clara acerca de qué tipo de gobierno es el que tenemos tras la derrota del candidato kirchnerista en noviembre pasado.
El de Mauricio Macri estaba anunciado como la gestión del ajuste. Al menos lo sería en dos rubros que el gobierno anterior dejó aplastar deliberadamente y que, todos lo sabían, se había llegado a valores que eran insostenibles a lo largo del tiempo.

El precio del dólar
Uno de ellos, el precio de la divisa extranjera, el valor del dólar. El populismo es afecto a un valor alto de la divisa. Tanto es así que siempre fue considerado por los economistas kirchneristas como uno de los pilares del modelo. El dólar alto protege a la industria nacional y estimula las exportaciones. Además, favorece la concurrencia de turistas de otras latitudes y encarece los viajes al exterior.
Sucedió que el dólar comenzó a atrasarse debido a que la política económica llevó a un mayor gasto público, un aumento del déficit fiscal y, en consecuencia, a un incremento de los precios. El dólar, que Néstor recibió después de que Duhalde hubiera multiplicado por tres el de la convertibilidad, en un nivel muy apropiado para este concepto de la política económica, comenzó a subir hasta llegar a los 6 pesos a comienzos de 2014, cuando Cristina decidió devaluar y llevarlo a 8 pesos. Desde ahí hasta el final de su mandato subió apenas a 9.50, causando graves trastornos a los exportadores en general y al campo en particular pues este sector debía soportar también las altas retenciones y la baja en el precio internacional de sus productos.
El gobierno anterior se encontraba entre la espada y la pared: una devaluación dispararía los precios (como ya había ocurrido en enero de 2014) y una continuidad del dólar barato, complicaría el comercio exterior. Entonces sobrevino el cepo cambiario y la administración de las importaciones.
Al asumir Macri, se anunciaba una catástrofe. El dólar llegaría a 50 pesos, advertían los opositores más exagerados. Pero nada de eso ocurrió. El precio de la divisa quedó en los niveles en que ya tenía en el mercado libre: unos 15 pesos. El ajuste no fue tal como se había anunciado.
Las tarifas
El otro tema duro que tenía que enfrentar el gobierno era el de las tarifas, retrasadas de un modo caprichoso y destructivo por parte del gobierno anterior. Energía, gas, agua y transporte se pagaban con monedas, especialmente en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. El interior, en cambio, con empresas provinciales o privadas en energía y agua, abonan cifras muy superiores, que multiplican por cinco o por diez, las del conglomerado portuario.
Facturas de 150 pesos (unos diez dólares) bimensuales en gas y en energía, son habituales en Buenos Aires, donde reside la población con más altos ingresos promedio de todo el país. Los aumentos fueron importantes pero aún así, al partir de cifras tan bajas, ha sido una exageración hablar de “tarifazo”, palabra usada no sólo por la oposición extrema (kirchnerismo, trotskismo, organizaciones sociales) sino también por los peronistas moderados. El gobierno se equivocó al abordar este tema. Debió recorrer los caminos legales aun cuando fuese jurídicamente dudoso que fueran obligatorios.
Todos los economistas serios del país, incluidos aquellos que han formado o forman parte de los equipos económicos de la oposición, han aceptado que el gobierno de Macri ha encarado los temas que debían enfrentarse y que no lo ha hecho mal. La negociación con los holdouts, la liberación del cepo y el ajuste tarifario han sido los tres temas centrales de la economía en estos tres meses y Macri los ha enfrentado con éxito, pese a los tropiezos tenidos respecto de las tarifas.
Miguel Bein y Mario Blejer han sido claros al respecto: podrían haberse discutido algunos detalles pero la dirección emprendida es la correcta. “Lo demás es chamuyo”, se atrevió a decir Bein.

Pronósticos incumplidos
En realidad, Macri ha desconcertado a propios y ajenos. El anunciado torbellino neoliberal, no está ocurriendo. ¿La economía no ha arrancado todavía? Es claro que no. Pero ¿a qué medida tomada por Macri puede atribuirse la continuidad de la recesión?
Otro de los pronósticos incumplidos ha sido el que preanunciaba el desmantelamiento de los planes sociales y programas similares de ayuda a los sectores de menores ingresos. Nada de esto ocurrió. Al contrario: el gobierno extendió los planes sociales, aumentó su monto, puso en marcha un aumento extraordinario para jubilados y pensionados, mantuvo y amplió el programa Procrear, dio permanencia al control de algunos precios e incluso se permitió algunas desmesuras populistas como la exagerada proscripción y persecución de Uber a favor de los taxistas de la CABA, que contó con el apoyo explícito del presidente.
Tanta es la falta de militancia neoliberal de Macri que algunos economistas de esa orientación, se muestran muy críticos respecto de la marcha de la economía. José Luis Espert, por ejemplo, dice que el gobierno es una suerte de “kirchnerismo con buenos modales”, en referencia con la permanencia de un elevado gasto público y déficit fiscal.
En la misma dirección opinó el economista Miguel Angel Broda, quien dijo que los que piensan como él en cierto modo se sienten decepcionados con Macri.
De tal modo, las críticas opositoras al gobierno repiten muchas de los habituales conceptos con que se suele calificar a las políticas de ajuste, sin percibir que, salvo en las tarifas –donde la necesidad de una actualización de precios es aceptada por todos- ningún ajuste importante está en marcha. El desmejoramiento de la economía es más bien un efecto inercial de las políticas anteriores que un resultado propio de la que está en ejecución.



No sólo pan
Pero no sólo de pan vive el hombre. Existe la política. Existen las instituciones. La Justicia. Existe el clima de convivencia, un estilo de ejercer el poder. También la política exterior, la relación con el resto del mundo. Y existen también las frondosas evidencias, que la justicia deberá sopesar, de que el país estuvo en manos de maleantes.
Y todo esto también cuenta. Al menos, por un tiempo. Es la política y lo institucional lo que explica mejor que la economía la persistencia del apoyo popular al gobierno pese a la falta de resultados económicos palpables.
¿Hasta cuándo contará Macri con el beneficio de la paciencia popular? No puede decirse. Lo que sí se puede vislumbrar, en cambio, es que más allá de los resultados concretos de su gestión, es probable que Macri marque un antes y un después en relación con la forma en que los argentinos aspiran a ser gobernados.
De ahora en adelante, todo parece indicarlo, contaremos con un fortalecimiento institucional (división de poderes, soluciones negociadas, ausencia de autoritarismo, controles de gestión, etc.) de las que no habrá retorno, cualquiera sea el color político de los gobiernos que sucedan al actual.
Y eso ya justifica toda una gestión aunque ella recién esté comenzando.