El idioma del rock

Desde la Argentina, donde los rockeros que no cantan en español son mirados de reojo, resulta difícil entender el fenómeno de las bandas españolas que dicen lo suyo en inglés, como es el caso del grupo madrileño Hinds, formado por cuatro chicas que la descosieron en los festivales de Leeds/Reading.



Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

ilustra-hinds-rockEl rock and roll, más allá de la innegable influencia negra que tuvo su origen, se convirtió muy pronto en un fenómeno anglosajón, cuyos principales éxitos estaban cantados en idioma inglés. De Elvis a los Beatles, pasando por Chuck Berry, Little Richard y Gene Vincent, todos cantaban en el idioma de Shakespeare, salvo raras excepciones como la de los chicanos de Los Lobos y el malogrado Ritchie Valens, cuyas versiones de “La bamba” le dieron un toque latino a ese ritmo que apareció como una nueva moda y que, 60 años después, no muestra síntomas de estar dispuesto a ceder la supremacía.
Los mexicanos de los Teen Tops fueron los encargados de traducir los éxitos de ese género al español, y abrieron una tendencia que llegó incluso hasta Córdoba, donde los responsables de llevar a cabo esa tarea fueron los Teen Agers. Sin embargo, estaba claro que el rock hablaba en inglés, de manera predominante, y que si sus cultores accedían a cantarlo en otra lengua, sólo era a los fines de facilitar su difusión. Así como la iglesia cristiana predicó en latín hasta no hace mucho, el rocanrol también tuvo su lengua oficial, en la que hablaban sus ídolos y en la que se entonaban sus himnos.
En la Argentina de los años sesenta hubo un florecimiento de bandas que cantaban rock en inglés, entre las que se contaba un grupo extraordinario oriundo de Uruguay, llamado Los Shakers, cuyo tema “Rompan todo” sonaba como si lo hubiesen grabado en Londres. Pero la que se iba a imponer hacia 1967 era una formación rosarina que en sus comienzos se había denominado The Wild Cats, para transformarse luego en Los Gatos Salvajes y abreviarse finalmente como Los Gatos. Ellos iban a consagrarse con el single “La balsa”, que con su gran suceso instaló para siempre en el país la idea de que se podía componer rocanrol en castellano.
Hasta ese momento, quienes cometían el desatino de cantarlo en nuestro idioma tenían mala prensa. Se los consideraba cursis y se los sindicaba como una mala copia del original, que siempre iba a prevalecer. Pero la hazaña de Los Gatos cambió ese concepto e invirtió los términos de la ecuación: las canciones de los rockeros argentinos fueron sumando prestigio, hasta que dos décadas después esos intérpretes pasaran a ser los más respetados y los más escuchados entre toda la música que se producía en el país.
Esa evolución hizo que por estas latitudes se vapuleara a quienes, desde aquí, cantaban en inglés. Y si bien Sumo les voló la peluca a todos en el ítalo-spanglish de Luca Prodan, ese preconcepto sigue vigente aún hoy, cuando bandas como Octafonic logran trascender “a pesar” de expresarse en lengua inglesa. Por eso resulta difícil para nosotros entender lo que pasa en España, donde periódicamente aparecen músicos que suenan y entonan como si hubiesen surgido de Manchester, Bristol o Liverpool, sin que eso les provoque ningún problema entre el público que sigue al rock en la península ibérica.
Hace un par de semanas, en los festivales de Reading/Leeds, en Inglaterra, lució sus mejores galas el grupo Hinds, formado por cuatro chicas madrileñas que subieron sus primeros temas a la plataforma Bandcamp en 2014 y que a esta altura ya son conocidas en toda Europa. Las españolas triunfan en Inglaterra, cantan en inglés y suenan como si fueran una banda inglesa de garage rock. Más allá del idioma, del estilo y de la nacionalidad, Hinds gusta a primera oída. Y eso, se supone, debería ser lo más importante, tanto en el rock como en cualquier otro género musical.



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