5º Aniversario: Mestre, con la misma agenda municipal y política

Aún debe solucionar varios problemas con los que se encontró cuando asumió: servicios cuestionados, insuficiencia de la obra pública y gasto salarial en alza.

Por Yanina Passero
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Telam Córdoba 13 /09/2015 El intendente radical de Juntos por Córdoba (UCR, PRO, Coalición Cívica), Ramón Mestre, se impone en las elecciones realizadas hoy para renovar autoridades en la Municipalidad de la Ciudad de Córdoba. foto Irma Montiel

Entramos al núcleo de una tormenta perfecta: la Municipalidad de Córdoba se encuentra en una situación de gravedad inusitada”.
Con una simple frase, cargada de dramatismo, el intendente Ramón Javier Mestre encabezaba su primera apertura de sesiones ordinarias en el Concejo Deliberante, en marzo de 2011.
Una estrategia que no pasa de moda cuando el traspaso de mando involucra a dirigentes de distinto signo político; sin embargo, en el caso radical tenía el sesgo de la revancha.
La “promesa” de la UCR incluía en sus referencias, por supuesto, a su inmediato antecesor, Daniel Giacomino. También a aquellos extrapartidarios que gobernaron por más de una década el municipio y habrían puesto punto final a aquellas gestiones virtuosas de Ramón Bautista Mestre y Rubén Martí.
Mestre ganó con comodidad. Con un respaldo suficiente para llevar adelante el saneamiento municipal-gremial que prometió en campaña. Reaseguro que emanaba de sus votos –sacó 8 puntos de ventaja a la peronista díscola Olga Riutort-; de la trayectoria de su partido y, claro, de su apellido.
Antes de empezar, sabía que se necesitarían dos periodos para mostrar resultados. No se equivocaba.
Los pilares del programa de gobierno se ejecutaron con dificultades previsibles: Mestre no podría ponerle “el cascabel al gato”, como aseguró. El caudillo del Suoem, Rubén Daniele, tuvo participación directa en el destino de varias iniciativas oficiales.
El caso más emblemático fue la implementación de los concursos públicos y abiertos. El radical logró concursar a todos los agentes, luego de meses de guerra sin cuartel con el sindicato. Hasta que Daniele accedió y el pase a planta de dos millares de contratados confirmó cuál fue la letra chica del trato.
Cierto es que la apuesta será a futuro. Los próximos intendentes deberán cumplir, como nunca ocurrió, el mandato de la Carta Orgánica Municipal que exige que los ingresos a la administración pública tengan por base la idoneidad del postulante y garantice la igualdad de oportunidades.
Mestre habría blindado a la Municipalidad de su carácter de bolsa de empleo fácil o, mejor, de botín político.
La privatización de la empresa de transporte estatal, Tamse, y la reducción casi total de la Crese, persiguió un fin similar, con un nivel de cumplimiento del objetivo oficial, objetable.
nuevos-colectivos-ersaEl desguace de las transportistas fue la punta del ovillo para la restructuración total del sistema de transporte, uno de los hitos de gestión más visibles de Mestre y terreno de una batalla con la UTA al estilo clásico.
Ciudad de Córdoba dejó la plaza y la triada Coniferal, Ersa y Autobuses Santa Fe explotan el servicio. Mestre se dio el gusto de exponer en la avenida Chacabuco las flamantes unidades cero kilómetro que se incorporaría para renovar, casi al 100%, el parque automotor del sistema.
Un claro golpe de efecto, como pocos.
La renovación sindical en el gremio de los choferes contribuyó a destacar el logro de la gestión municipal. Alfredo “Cuchillo” Peñaloza, un sindicalista dispuesto a avalar los delirios de sus dirigidos para no demostrar su evidente pérdida de autoridad, dejó la posta al ex mecánico de Coniferal, Ricardo Salerno, quien –intento de golpe institucional de por medio- logró contener a la tropa.
Un caso exitoso, que no continuó con la buena racha en el servicio de higiene urbana. El “agujero negro” para los recursos municipales que constituía la Crese, no encontró mejor solución con la privatización total de la prestación. En su segundo mandato, Mestre asumió el error y ahora apuesta a un sistema mixto.
La obra pública sigue siendo la deuda, pese a que poco se le reconoce al intendente los 23 desagües que evitaron que las lluvias de este verano hundieran la ciudad. Claro que para estos menesteres, Mestre cuenta ahora con un aliado de categoría, el Gobierno nacional.
Quizás allí se encuentre la ruptura en estos últimos cinco años: cuando inició, Mestre tenía una mejor relación con la provincia, en ese momento comandada por José Manuel de la Sota, que con la Nación. Cierto es que en aquella oportunidad, en Córdoba, nadie podía realizar semejante ostentación.
Con Juan Schiaretti todo parecía indicar que la bonanza duraría un poco más. Hubo gestos que así lo auguraban como el pago millonario al municipio por servicios de educación y salud de alta complejidad, que el Gobierno provincial históricamente ignoró, pese a que era su responsabilidad.
La utilización del potencial nunca estuvo mejor empleada. Los caminos de Schiaretti y Mestre se chocarían en 2019. Y así sucedió.
La Municipalidad hace tiempo que dejó de ser un trampolín. El radical no desatenderá la gestión que aún le quedan tres (largos) años. Su alto perfil dentro de la liga de intendente de Cambiemos anticipa que se metió de lleno en el juego de la política.