Un día lleno de bienvenidas

Las visitas ocupan buena parte de la agenda este viernes. Ante todo el descomunal Egberto Gismonti, y otro músico brasileño que derrocha talento: Ed Motta. Queda por mencionar a Teatro La Zaranda, que actúa en el Real.



Por Gabriel Ábalos
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Bienvenido maestro

Egberto Gismonti, cima de la música brasileña, esta noche en el Teatro del Libertador.
Egberto Gismonti, cima de la música brasileña, esta noche en el Teatro del Libertador.

Es indescriptible lo que representó para los oídos de un joven redactor periodístico, y para su cerebro, en 1979, escuchar por primera vez Nó Caipira, que fue el primer disco de Egberto Gismonti que se editó en la Argentina. Esa otra musicalidad cuyos desafíos no eran indescifrables, porque había algo visceral conduciendo ese giro de tuerca sonoro. Era el universo académico enclavado en la vida popular, la música popular llevada sin pérdida a un estadio que prolongaba a Villa-Lobos. Fue un abrir de ventanas que a la vez eran algo familiar –yo había vivido en Brasil en 1976-77- y que de pronto revelaba un horizonte donde se recortaban figuras desconocidas. Allí donde había un Chico Buarque y un Milton Nascimento, con suerte un Noel Rosa, un Pixinguinha, y ese abismo llamado Hermeto Pascoal, de pronto esto.
Estoy hablando de descubrir a Gismonti cómodamente instalado en Córdoba en 1979, entrando por la puerta de Nó Caipira, que lejos de ser su primer disco era su undécima obra y sin embargo era mi primera noticia de él. El disco me deslumbró: Iniciaba con un samba introductorio, Saudações, que recorría no la faz luminosa, festiva, callejera del samba, sino una versión oscura, cantada sin afectación lírica y acompañada con una guitarra que exploraba los bajos en lugar de los brillos carnavaleros del género brasileño. Aquel tema terminaba con un juego de palabras: “Llegué por fin gracias a Dios a nuestro lar, al nudo, al nudo”. Largaba entonces el tema Nó Caipira (nudo caipira) con sus tan diversas secciones; luego venía aquello imposible, revelador: Palacio de pinturas, que comunicaba con el espíritu tupí, y aquel instrumento que había traído Egberto de no sé qué cultura, que lanzaba racimos de acordes y era una orquesta en sí misma. Tras esa sección ancestral, aquella orquesta de cuerdas de largas y graves declaraciones mahlerianas que podían llegar al chirrido… Es seguramente anacrónica la descripción de los efectos de sólo el lado A -¡y dejo temas como Frevo, como Selva Amazónica!-, de un disco de hace casi cuarenta años (de siempre) seguía y seguía abriendo puertas y ventanas a un melómano ignorante; pero sirve para introducir el hecho auspicioso de que Egberto Gismonti, ese músico que hace creer -como otros, Piazzolla, Stravinsky- que Nadia Boulanger ha de haber sido la musa más exquisita de la música, la maestra que con su toque despertó conciencias geniales de varias generaciones, toca esta noche en Córdoba.
Compositor, pianista, guitarrista, aerofonista brasileño, Egberto Gismonti tiene una significación para la música brasileña tan íntima e innovadora como en la Argentina la de Astor Piazzolla. Es de esa raza y de esa proyección. Actúa esta noche en el Teatro del Libertador, a las 21. Platea (fila 1 a 9) $ 850, (fila 10 a 17) $ 750, cazuela $ 500, tertulia $ 400, paraíso $ 300, palcos altos y bajos centrales $ 3000 y palcos altos y bajos laterales $ 2600.

El príncipe del soul
Otro grande de la música brasileña, un hombre obsesivo por la calidad, que desde niño se inició en el oficio es Ed Motta, figura que se sitúa en un costado diferente del de Egberto, al conectar con estilos que han sido históricamente más comerciales. Este dotado creador carioca ha mamado de la discografía negra norteamericana, de Stevie Wonder, del jazz-funk, del soul de los 70’, de la música de la Costa Oeste y de figuras como Bill La Bounty y Steely Dan, y en esa dirección hizo grandes aportes a la música popular brasileña. Su música gusta en los Estados Unidos, país que es uno de sus espejos sonoros. Su herencia es la sangre de Tim Maia, rey del soul y del funk brasileño, del que su sobrino es considerado el príncipe.
En esta serie de conciertos que lo traen a Córdoba, Ed Motta se presenta en un formato íntimo, con el piano y su voz, algunas canciones con guitarra, el estado puro de cuando están recién creadas. Esa escala no es tan frecuente en el músico carioca que abordará canciones de AOR y de Perpetual Gateways, sus últimos trabajos, y otras anteriores. A las 21 en Quality Espacio, Av. Cruz Roja 200, a las 21. Entradas $ 550.

Cuerpos que sueñan
Se presenta en el Teatro Real el elenco de La Zaranda, Teatro Inestable de Andalucía La Baja, siempre gratos visitantes de Córdoba, que en esta ocasión traen consigo su última criatura: El Grito en el Cielo. Este teatro creado en 1978 ha presentado en casi cuatro décadas doce puestas con permanencias largas en festivales y en cartel. El Grito en el Cielo se estrenó en 2014, es una obra de Eusebio Calonge. Cuerpos desahuciados son depositados en una confortable y aséptica antesala de la muerte. Sin embargo, de sus funciones orgánicas no han podido abolir la capacidad de soñar. Esto da pie para una vuelta a la vida en términos escénicos. A las 21 en San Jerónimo 66. Entradas: $ 220.

Ellas, las de aquí
Mañana regresa a escena el cuarteto de voces femeninas De Boca en Boca, ocasión de festejo para la música de Córdoba, que conoció el potencial de estas cuatro chicas que comenzaron a arreglar canciones étnicas y llegaron hasta el podio de grabar con Rubén Blades. Viviana Pozzebón, Alejandra Tortosa, Marcela Benedetti y Soledad Escudero vuelven a cantar juntas, para celebrar lo que fue y también para afrontar lo que venga, sin otro plan que el de volver a juntar la piezas de un proyecto que se disolvió cuando estaba en su punto máximo de profesionalidad. Se presentarán en el Teatro del Libertador, con el músico y dj Fede Flores como invitado, trayendo una mirada actual sobre su repertorio retrospectivo. Sábado a las 21.



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