Decadentismo

Dos periodistas chilenos del diario La Tercera publicaron una nota titulada “Me verás caer: la crisis del rock argentino”, donde hablan de “un espiral de escasez creativa” que estaría afectando a ese género nacional que se expandió hacia todo el continente en plena primavera democrática.

Por J.C. Maraddón
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ilustra-rock-argentino-en-decadenciaLa dupla de periodistas chilenos conformada por Claudio Vergara y Carlos Farías publicó en la edición del sábado pasado del diario La Tercera un agudo análisis sobre el rock argentino actual, que a los pocos días ya tuvo repercusiones de este lado de la cordillera. Durante esta semana, el portal especializado argentino Silencio realizó un informe al respecto, en el que consultó a referentes de la crítica rockera nacional para que brinden su opinión acerca de ese artículo que refleja la mirada de los trasandinos sobre el rocanrol criollo bajo el título de “Me verás caer: la crisis del rock argentino”.
Tras reconocer que nuestros rockeros ostentaron “el dominio artístico de Latinoamérica por 30 años”, Vergara y Farías señalan que el panorama de ese género en la Argentina “se sumerge en un espiral de escasez creativa” y que, en simultáneo, se verifica “el triunfo de apuestas nacidas en otros países”, en referencia al gran momento que viven los artistas de México y Colombia. La tragedia de Cromañón en 2004 es catalogada como una bisagra en esta historia que, desde ese momento, patentizó la caída de la popularidad de los músicos argentos en Latinoamérica, en coincidencia con el esplendor del género en otras regiones del continente.
Sin embargo, si nos remitimos a cómo sucedieron los hechos, ese periodo victorioso del rock nacional que había arrancado a comienzos de los ochenta fue posible gracias a factores intrínsecos del movimiento, pero también a un contexto que lo favoreció. La Guerra de Malvinas y la prohibición de difundir música en inglés por parte de la dictadura, es el pecado original que les facilitó a los rockeros locales el acceso a la difusión masiva. Los Spinetta, García, Cerati, Solari, Moura, Abuelo o Prodan venían ya haciendo lo suyo sin trascender mucho más allá de los confines del ghetto, hasta que su talento fue admirado por todos gracias a que empezaron a sonar en la radio.
En esos mismos años, otros países latinoamericanos iniciaban su recorrido por el camino de la democratización, como había transitado Argentina desde 1983, y eso posibilitó que las mismas canciones que habían acompañado acá esa primavera política, fueran incorporadas por otras sociedades que se encontraban viviendo el mismo proceso. La exportación de bandas nacionales hacia Chile fue incesante, en una oleada que recorrió la costa del Pacífico hasta llegar Colombia y Venezuela en el norte, para finalmente arribar a México y al mercado latino estadounidense.
A 30 años de ese brote, está claro que las condiciones han cambiado. La generación de los pioneros del rock argento está llegando a la senectud, la del florecer ochentoso manifiesta signos de agotamiento y la de los noventa resiste sobre los escenarios pero cae en episodios de reiteración de fórmulas. Por su parte, los referentes que han aparecido tras la debacle política, social y económica de 2001, han hecho un culto de la alternatividad y de la independencia, que en un principio les dio alas para su vuelo creativo, pero que no puede garantizar volúmenes industriales que alimenten los circuitos del exterior.
Que el diagnóstico al que arribaron los periodistas chilenos tenga mucho de cierto, no quiere decir, sin embargo, que el rock argentino se encuentre en la pendiente de la declinación. Se trata, en todo caso, de ciclos artísticos inherentes al género, en el que las nuevas camadas fijan sus propios patrones creativos sin que sus pasos sigan, necesariamente, tras las huellas de los precursores.
Y se trata, también, de los condicionamientos que nada tienen que ver con la música, sino con los vaivenes de la política, la economía y las tendencias globales, que hoy han mudado el epicentro del rock latinoamericano a otros países.



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