Macri mano blanda

Nadie puede tener dudas que el verdadero objetivo es el derrocamiento del gobierno. Afortunadamente, están lejos de eso.

Por Gonzalo Neidal
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macri-mano-blandaPasan los días y el presidente Mauricio Macri va acumulando críticas.
De la vereda de enfrente, las obvias y esperables. Todo bien.
Pero a ellas se añaden críticas desde sus propias filas, de gente que lo votó y que lo apoya pero que piensa distinto en varios aspectos. No le reprochan, por supuesto, el presunto “tarifazo”, que ha sido una creación de la oposición más que un sacudón a la economía popular.
Se trata de “fuego amigo”, de críticas enunciadas por quienes esperaban mayor energía y una contundencia más robusta por parte del nuevo gobierno. “Estamos en presencia de un kichnerismo de buenos modales”, dicen algunos talibanes del liberalismo, con acento de desdén y suficiencia. Se refieren a que el gasto público no está bajando en la medida de lo esperado porque el gobierno opera suavemente en los recortes.
Hay que entender que la política y el ejercicio del poder no son materia fácilmente maleable. Que el nuevo gobierno necesita conservar consenso y que esto muchas veces se logra tomando medidas que son manifiestamente ineficaces pero que permiten cerrar un frente de combate o llevar alivio a un sector aunque sea por un tiempo acotado.
Así actuó el gobierno cuando bien al inicio de su gestión negoció con Hugo Moyano y terminó aceptando que los bancos continúen enviando resúmenes bancarios en papel para que los trabajadores del volante no sean rozados por el avance tecnológico. Un espanto que el gobierno aceptó incluso contra sus propias convicciones.
Tampoco contribuyen a la baja del gasto público los aumentos y la extensión de los planes sociales, las bajas en los impuestos y medidas similares convergentes en el objetivo de calmar potenciales demandas de los sectores de menores ingresos.
En estos temas, la flexibilidad del gobierno resulta comprensible. Pero existen otras áreas donde la falta de decisión transformadora puede ser fatal. Hay grupos políticos (Barrios de Pie, Polo Obrero y similares) están actuando con violencia creciente. Hace pocos días apedrearon el auto del presidente y los atacantes han sido protegidos por un sector de la Justicia, que no ha investigado ni detenido a nadie por ese hecho. Los cortes de calles y rutas van creciendo y los manifestantes (todos ellos militantes políticos de izquierda) actúan de un modo violento intentando provocar represión para, de ese modo, encontrar un pretexto para que la violencia recrudezca.
Nadie puede tener dudas que el verdadero objetivo es el derrocamiento del gobierno. Afortunadamente, están lejos de eso. Es un sueño fantasioso de mentes perturbadas que no han percibido o están leyendo mal los cambios ocurridos durante los años de Cristina y Néstor Kirchner.
El presidente ha respondido a estas provocaciones de un modo mesurado y prudente. Pero la agresión en crecimiento planteará, más tarde o más temprano, situaciones que se irán complicando y demandarán decisiones de mayor peso.
Los violentos sólo podrán ser aislados cuando la situación económica mejore y el grueso de la población vaya percibiendo los cambios favorables, no sólo en lo económico sino también en lo institucional. Ese será el momento en que la tolerancia actual pueda cambiar por una mayor severidad en defensa de la convivencia en paz.
Mientras tanto, Macri no tiene más remedio que aceptar que le digan que su gobierno se parece mucho al kirchnerismo aunque sin bolsos ni cadenas nacionales.