La necesidad de un relato

La comunicación no parece contarse entre las prioridades del gobierno nacional. Los funcionarios, encabezados por el propio Macri, adoran el “timbreo”, la visita casa por casa de un núcleo necesariamente reducido de vecinos que por ahora los reciben con un agrado impregnado de cholulismo...



Por Gonzalo Neidal
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22-08-2016_buenos_aires_-_el_presidenteLa comunicación no parece contarse entre las prioridades del gobierno nacional. Los funcionarios, encabezados por el propio Macri, adoran el “timbreo”, la visita casa por casa de un núcleo necesariamente reducido de vecinos que por ahora los reciben con un agrado impregnado de cholulismo y muy felices de obtener una selfie con personajes famosos que aparecen en la televisión. El “timbreo” es muy simpático pero asaz limitado. Depende de la difusión que tenga en el resto de los medios. Pero aún así, sigue siendo un mecanismo de comunicación un tanto rudimentario y de corto alcance.
En su columna del sábado pasado en Clarín, Jorge Lanata dijo que el 85% de las facturas de gas eran inferiores a 500 pesos, por dos meses. O sea, que el tarifazo no existe, al menos en los términos en que lo ha planteado la oposición y una parte del periodismo. Lanata le reprocha al gobierno que no haya comunicado esta circunstancia tan importante. En realidad, Lanata se equivoca. Ese hecho, en verdad relevante, fue informado por el gobierno pero de un modo azaroso, como al pasar, sin otorgarle la jerarquía suficiente a un dato tan importante que hubiera ayudado a zanjar la discusión sobre uno de los asuntos que más acosa al gobierno.
Y esa explicación hubiera sido muy importante en varios aspectos. Primero, en su batalla presupuestaria, que es la dimensión más importante del problema de las tarifas. Pero también hubiese sido de gran importancia desde el punto de vista de la batalla político-cultural contra el populismo que, en sus diversos modos e intensidades, encarna en la oposición.
Todo el peronismo, incluso aquellos sectores que se muestran más contemplativos con el gobierno, intenta pintar a Macri como un gobierno de ricos despreocupados del destino de los pobres. Y este planteo demagógico e insustancial no es refutado por el gobierno, que no atina a responder en ese plano.
El territorio de los conceptos y las ideas no es una región a la que el gobierno le preste mucha importancia. Podría decirse incluso que lo desdeña, lo menosprecia. Los funcionarios suelen decir que las discusiones “no es algo que le importe a la gente”. Y dejan el territorio libre al predominio y el robustecimiento del populismo, que encuentra el campo orégano para desplegar sus soluciones facilongas a todos los problemas.
Hablar de un relato ya sería demasiado pretencioso. Un relato es un sistema de ideas que intente ofrecer ideas sólidas que supongan una explicación racional y articulada (no exenta de condimentos emotivos) a los problemas centrales de la sociedad argentina. Macri y sus chicos brillantes parecen pensar que con dar una respuesta técnica alcanza. Que con eso “la gente” queda conforme y es eso lo que se pide de los gobernantes.
El gobierno subestima las palabras. Piensa que conviene reemplazarlas por hechos y que éstos se imponen por sí mismos, por su propio peso. Y es probable que se equivoque.



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