El puro presente

Si nos pidieran que definiéramos al populismo en una sola frase, quizá deberíamos elegir ésta: es la política que sacrifica el futuro en el altar del presente.

Por Gonzalo Neidal
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diapason-2016-08-21_DINEROSi nos pidieran que definiéramos al populismo en una sola frase, quizá deberíamos elegir ésta: es la política que sacrifica el futuro en el altar del presente. Porque es ese el rasgo más distintivo del populismo: despilfarrar las posibilidades de un porvenir sólido en la búsqueda de un éxito presente que si llega, siempre es efímero y circunstancial. Y esta característica se presenta en cada acción populista, como una marca de su ADN. Desde el peronismo “de Perón y Evita” hasta el de Cristina.
El sacrificio irresponsable de recursos en el intento de un presente venturoso no es un error de cálculo sino todo lo contrario: los recursos se dilapidan sin límite alguno para obtener apoyo político. Se realizan políticas que supuestamente benefician a los pobres pero que, al cabo de los años, se vuelven contra todos y muy especialmente contra los económicamente más desprotegidos.
Y esta situación estuvo presente en el caso de la energía, que el gobierno nacional está intentando solucionar. El gobierno de Néstor Kirchner heredó una situación superavitaria, lograda durante los años de Carlos Menem a partir de apertura económica e inversión privada. Al cabo de una década, la situación se invirtió: de exportar petróleo, pasamos a la importación, con un costo que afectó la balanza comercial y el resto de la economía. En el medio, el brutal y grosero intento de Néstor de quedarse con una parte de YPF en cabeza de un socio y el apriete a Repsol para que cediera el 25% de YPF sin aporte de capital, a pagar con utilidades futuras.
La falta de inversión (en exploración y producción) sumado a una política de precios irrisorios al consumidor expandieron el consumo e hicieron estallar el sector energético, llevándolo a una situación harto complicada y con implicancias en el resto de la economía. Los subsidios alcanzaron el 4% del PBI, estimularon la inflación y condicionaron el conjunto de las variables económicas.
Además, los que llevaron al país a esta situación de quiebra energética ahora continúan con su prédica dilapidadora tratando de impedir que el gobierno pueda corregir el desastre del único modo posible: con un aumento de tarifas para cubrir el déficit económico e imprimiendo un freno al consumo para ahorrar divisas.
Es la historia del populismo: intenta presentarse como el bueno de la película, como el que beneficia a los pobres y señala como desalmados y ambiciosos a los que en verdad sólo intentan corregir la crisis que el populismo deja desparramada al abandonar el poder.
No será fácil revertir la situación energética heredada.
Pero menos lo será vencer el concepto populista dilapidador, tan profundamente arraigado en la conciencia de los argentinos.