Juecistas unidos por la emergencia

El Frente Cívico debe renovar autoridades partidarias a fines de octubre. Las disputas internas por las cuotas de poder partidarias se hicieron visibles en la última visita de Luis Juez.

ilustra-luis-juez-y-nerneso-marinezUn rasgo común entre los partidos no tradicionales es la ausencia de mecanismos para resolver sus tensiones internas sin conflictos que perjudiquen sus chances electorales. Al igual que el macrismo cordobés, el Frente Cívico se enfrenta a una situación que, hasta hace tiempo, era impensable.
Pese a las indisimulables tensiones internas, la primera plana del juecismo habría llegado a un objetivo compartido: evitar una elección interna que exhiba su escueto número de afiliados. Este incentivo resulta muy potente ante el incierto escenario que enfrenta la formación fundada por Luis Juez.
En caso el caso del Frente Cívico, la ausencia de su líder en la escena política se suma al poco desarrollo de la estructura partidaria. En su última visita a Córdoba, el actual embajador en Ecuador pudo observar que, además de las catarsis previsibles a raíz de la escueta cosecha electoral, sus seguidores se encontraban envueltos en una pelea interna sin antecedentes desde la fundación del espacio.
Como anticipó Alfil, los bandos se preparaban para dar una disputa por el poder partidario. En un rincón, un sector con asiento en la Capital provincial se mostraba dispuesto a acatar los deseos de Juez y entronizar a su hermano Daniel en la presidencia del Frente Cívico.
Por otro lado, se encuadraban los dirigentes del interior que proponían un recambio dirigencial a la luz de la pobre performance del juecismo capitalino. Este sector proponía al carlospacense Walter Gispert como máxima autoridad partidaria. Los voceros de este grupo blandían las posiciones de poder que el Frente Cívico había obtenido en algunos municipios a pesar del retroceso electoral general.
Las cartas parecían echadas y la confrontación se tornaba inevitable. Sin embargo, sucesos posteriores modificaron la situación. En primer lugar, el sector capitalino admitió que no estaban dadas las condiciones para forzar la nominación de Daniel Juez. La necesidad de oxigenar los liderazgos y tratar de cortar el cordón umbilical que une al Frente Cívico con el apellido de su fundador fueron los argumentos que primaron en las mesas de diálogo.
Paralelamente, la candidatura empujada desde el interior provincial tuvo un traspié imprevisto. Walter Gispert, quien ocupaba la presidencia del concejo deliberante de Carlos Paz, fue eyectado de su cargo por el intendente Esteban Avilés. Esto implica la virtual exclusión del juecismo de la coalición gobernante en la villa serrana. La pérdida del principal bastión del grupo rebelde devino en un debilitamiento de su posición en la interna partidaria.
A partir de estos condicionantes paralelos es que madura una propuesta de unidad que cumpla con la meta de evitar un enfrentamiento en las urnas. Los operadores del Frente Cívico convencieron a Ernesto Martínez de ir por la reelección en la presidencia. Además de ser un nombre que no genera resistencias, el senador exhibe una inmejorable relación con el macrismo en la cámara alta. Esta última característica eleva su cotización en un partido que parece atado a la suerte del gobierno del PRO.
En la capital, las miradas parecen posarse en Beltrán Corvalán. El voluble dirigente evolucionó desde una candidatura a consejero univeristario por una lista filo kirchnerista a constituirse en un interlocutor de privilegio con el macrismo a partir de su desempeño profesional en la AFIP. Este valor agregado sería, al igual que en el caso de Martínez, decisivo para encabezar el Frente Cívico de la capital provincial.
Quien no figuraría en las listas partidarias es Juan Pablo Quinteros. Si bien es la cara más conocida del partido después de los hermanos Juez, el actual legislador habría decidido no dar la disputa en la interna y concentrarse en su perfil ultra opositor al gobierno provincial. Su aspiración, cada vez más evidente, es una candidatura a intendente capitalino en 2019, aunque en su entorno le insisten con una escala obligada en las elecciones legislativas del año que viene.
Es un secreto a voces que los reacomodamientos partidarios constituyen una previa del armado de las listas para cargos electivos. En ese sentido, una nómina de unidad este año puede implicar solo una postergación de la pelea de fondo que tendrá lugar en el 2017.



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