Combatiendo al capital

La idea misma de la justicia social se ha construido sobre la base de que el dinero que necesitan los pobres está en manos de los ricos.



Por Gonzalo Neidal
gonzalo.neidal@gmail.com

2016-08-10_MACRI-(1)Los cerebros que asesoran al kirchnerismo creen haber dado en la tecla en relación con la detección de un punto débil de Mauricio Macri y de su gobierno. Acusan al presidente en forma particular y también a su gestión de ser “ricos”, de tener un patrimonio robusto, un buen pasar económico.
No han de hacerlo, ciertamente, con la idea de contraponer su imagen con la de Cristina Kirchner ya que la ex presidenta ha acumulado también una fortuna estimable, con la diferencia de que lo ha hecho desde el empleo público, donde tanto ella como su difunto marido se desempeñaron desde hace más de treinta años.
Probablemente se trate de gente muy ahorrativa y precavida que a fuerza de privaciones personales ha logrado acumular decenas de millones en una alcancía. O en varias. No, no es en este contraste donde los kirchneristas piensan hacer una diferencia.
La idea de estigmatizar a Macri por “rico” apunta a un sustrato cultural más profundo, que se encuentra inserto en la conciencia de todos los argentinos. Haber construido (o heredado) una fortuna personal significativa no sólo carece de mérito sino que tampoco es un hecho que es considerado digno de admiración. Al revés: se trata de una condición pecaminosa, lindante con la lujuria y susceptible de justa indignación. El dinero, ya ha dictaminado Francisco, es “el estiércol del diablo”, algo digno de ser rechazado y abominado. Y, en el concepto de la izquierda local y también de una franja del peronismo, la riqueza personal es algo repudiable (“combatiendo al capital”).
La idea misma de la justicia social se ha construido sobre la base de que el dinero que necesitan los pobres está en manos de los ricos. La oligarquía, nos informa Guillermo Moreno a cada rato.
“Miren a Macri –parecen decir los kirchneristas- es un rico y, por ese hecho, gobierna para los ricos que son los responsables de la pobreza que tanto los hiere y lastima”. Se trata de nuestra cultura anticapitalista, que deslegitima a los empresarios e intenta inhabilitarlos para el ejercicio del poder por su condición de ser acaudalados. Porque los ricos, se pretende, han hecho su fortuna empobreciendo gente, metiéndole la mano en el bolsillo a los pobres y condenándolos a padecer situaciones oprobiosas.
En tal sentido, cualquier política de promoción de la producción puede ser impugnada. Salvo que se trate de un emprendimiento estatal o bien de una “empresa recuperada”. La ganancia no es algo digno de buscarse. Quien la obtiene es, en el mejor de los casos, un ladrón o un explotador. O una persona que sucumbió a los designios de la avaricia.
Sobre estos elementos que anidan en la conciencia de amplias franjas de argentinos es que los peronistas K lanzan su acusación al presidente y a su gobierno.
Otra de las imputaciones implícitas en el calificativo K hacia Macri es que “los ricos” utilizan en poder para hacer sus propios negocios y se olvidan de las necesidades del pueblo. Afortunadamente cada día surgen elementos que demuestran que exactamente eso es lo que ha sucedido durante el anterior gobierno, a quien se le hace difícil presentarse ante los ojos de la sociedad como abanderados de los humildes y necesitados. Y, sobre todo, como gente ajena a los negocios realizados desde el poder.



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