No son las tarifas, muchachos

Tengámoslo claro: no estamos discutiendo las tarifas del gas o de la energía eléctrica. No se trata de que el gobierno neoliberal y despiadado de Mauricio Macri haya pegado un sacudón a las tarifas y haya condenado a los pobres a morirse de frío en el invierno. No.

Por Gonzalo Neidal
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2016-08-09_SUBSIDIOSTengámoslo claro: no estamos discutiendo las tarifas del gas o de la energía eléctrica.
No se trata de que el gobierno neoliberal y despiadado de Mauricio Macri haya pegado un sacudón a las tarifas y haya condenado a los pobres a morirse de frío en el invierno. No.
Tampoco se discute si el gobierno debió cumplir con la ley y convocar a las inútiles audiencias públicas. Es claro que debió hacerlo, sobre todo para quitarles el pretexto a los jueces que buscan sembrar el caos en el gobierno con sus fallos malintencionados. Todos sabemos que esas audiencias públicas no sirven para nada pero ahora hay quienes las valoran como si fueran oro en polvo. No. Tampoco es este el problema.
Lo que en verdad se discute es si los bienes valiosos y costosos deben ser pagados por el precios que nos cuesta producirlos o si deben entregarse a la población en forma gratuita o a un valor irrisorio.
Y el presidente Macri ha tenido la valentía, con un costo político muy alto, de desafiar al resto de los partidos políticos, a la Iglesia Católica, al conjunto de las organizaciones sociales, a los sindicatos. Intenta dar un debate crucial y decisivo. ¿Vamos a seguir mintiéndonos aún a riesgo de llevar al país a una situación de estallido o vamos a asumir las cosas como son y comenzar a ahorrar energía y a pagarla al precio que la paga el resto del mundo?
Se trata de una dura batalla cultural contra la esencia del populismo en el que está embebido el espíritu de amplias franjas de los argentinos.
Con el argumento de la defensa de los pobres, la casi totalidad del espectro político argentino resiste la política del nuevo gobierno. En la primera fila el kirchnerismo, causante de la situación de crisis. Pero también el conjunto del Partido Justicialista que procura medrar con la situación planteada. Ahora se ha sumado un integrante tradicional del Club de corazones sensibles, Ricardo Alfonsín. Y el conjunto de las organizaciones sociales y pequeños partidos políticos que diariamente manifiestan contra el gobierno.
Nadie quiere quedar afuera: la propia Elisa Carrió señala al gobierno su torpeza al no haber convocado a las audiencias públicas. Probablemente haya sido un error. Hay dos bibliotecas al respecto. Quizá el gobierno debió convocarlas pero estamos seguros que aún si lo hubiera hecho, se habría encontrado con fallos judiciales adversos y con la acción prescindente y dilatoria de la Corte Suprema que pareciera no querer hacerse cargo de la solución de problemas originados en esa área de poder.
Cristina Kirchner había construido un sistema perverso de subsidios, cuyos beneficios recayeron en Capital Federal y Gran Buenos Aires. La Capital del país, que concentra los más altos niveles de ingresos, pagan monedas por servicios esenciales tales como gas, electricidad, colectivos, subterráneos y trenes. Y todo a costa del presupuesto nacional, que es lo mismo que decir de todos los argentinos.
Este sistema ha sido uno de las causas más eficientes de la inflación y, en consecuencia, de la recesión que arrastramos desde hace varios años. Y por lo tanto, de la pobreza de la que todos nos quejamos. Y es esto lo que quiere combatir el gobierno. Un nuevo precio en las tarifas en primer lugar racionalizará el uso del gas y la energía.
Pero cuando el presidente intenta avanzar –aún con torpezas y errores- aparece el populismo en toda su extensión, con distintos argumentos y con distintos pretextos, para impedirlo. Ellos se adjudican estar del lado de “los pobres” y pretenden poner a Macri en el lugar de quien defiende los intereses de “los ricos”. Lo que no dicen es que la continuidad del sistema de subsidios y servicios a precios ridículos, lleva a un agravamiento de la situación económica del país y a situaciones de complicada solución para el gobierno. Con gran valentía, el gobierno está dando la batalla que hay que dar. Contra el concepto demagógico de que los bienes son gratis. Contra los partidos que le doran la píldora a los pobres diciéndoles que la solución está al alcance de la mano y que sólo la perversión del gobierno es lo que impide que accedamos a ella.
Y es esa la gran batalla.
De un lado, el populismo en sus diversas variantes.
Del otro, un atisbo de racionalidad y la eficiencia, sin las cuales seguiremos condenados a continuar chapoteando en la charca del atraso.