Visionarios

A 15 años de la aparición del disco debut de Gorillaz, que convirtió a un cómic futurista de una banda de músicos virtuales en una máquina de vender discos y de llenar conciertos, el grupo vuelve a ponerse a prueba con el anuncio de que en 2017 lanzarán su cuarto álbum de estudio.

Por J.C. Maraddón
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ilustra-gorilaz-y-pokemonCuando apareció la banda Gorillaz, hace ya 18 años, nadie podía creer que un proyecto semejante pudiese ser posible. Ya había habido antecedentes de artistas virtuales, pero se radicaban en el extremo oriente, donde las nuevas tecnologías iban varios pasos adelante y donde todas las fantasías podían concretarse. Pero la irrupción de Gorillaz afectaba en un principio al hemisferio occidental (aunque su fenómeno iba a abarcar a todo el planeta), donde hasta ese momento no había ocurrido nunca que, en vez de músicos, una banda de moda actuase a través de personajes de animación. Y para el público en general, eso representó un salto revolucionario.
Al revelarse cuál había sido la dupla que había craneado la idea, el suceso de la banda tuvo una explicación. Lo musical salía de la creatividad de Damon Albarn, el líder del grupo inglés Blur, que por entonces llevaba ya una década barrenando la ola del britpop. Y como autor de los dibujitos y del diseño visual de la propuesta estaba Jamie Hewlett, un historietista británico que había roto los moldes del género con la tira “Tank Girl!”, que comenzó a ser publicada en 1988 y que tiempo después tuvo una adaptación para el cine.
Juntos, Albarn y Hewlett apostaron a un nuevo concepto dentro de la industria musical y, pese a que se trataba de un experimento cuyos resultados nadie podía garantizar, lo cierto es que Gorillaz pegó como trompada, sobre todo por la efectividad de las canciones. Pero también fue un premio a la audacia de atribuir su interpretación a 2-D, Noodle, MurdocNiccals y Russel Hobbs, cuatro personajes de animación que no sólo protagonizaban los videoclips, sino que además se encargaban de presidir los conciertos a través de hologramas plantados en el escenario. Este detalle era, quizás, el más futurista de todos los que rodeaban al emprendimiento.
Por supuesto, los que ejecutaban los instrumentos y cantaban eran músicos de carne y hueso, entre ellos algunos muy famosos, como Mick Jones y Paul Simonon, guitarrista y bajista –respectivamente- del grupo TheClash. Pero que el público que asistía a los shows viera cómo, supuestamente, los dibujitos animados se hacían cargo de “tocar” durante todo el espectáculo, significó una novedad que hizo pensar a muchos acerca de la posibilidad de que se estuviera entrando en un estadio diferente del arte. No faltaron, por supuesto, voces que elevaran su queja para denunciar que esa banda virtual encarnaba la decadencia del rock.
Recién en marzo de 2001, el proyecto se materializó a través de un disco compacto, que atravesó as barreras de los prejuicios gracias a un hit que se hizo escuchar en todas partes: “Clint Eastwood”. Como parodia de los temas que difundía por entonces la cadena MTV, la canción funcionó en un doble sentido, porque fue tan perfecta su ironía que ella misma hizo estragos en los charts y terminó montada sobre la ola de los videoclips de mayor rotación en la deseada pantalla de la cadena estadounidense, que estaba ávida de productos innovadores.
A 15 años de ese disco debut de Gorillaz, que convirtió a un cómic de una banda de músicos virtuales en una máquina de vender discos y de llenar conciertos, el grupo vuelve a ponerse a prueba con el anuncio de que en 2017 lanzarán su cuarto álbum de estudio, en el que llevan trabajando unos 11 meses. La expectativa generada por esta noticia, es una muestra de que el invento de Damon Albarn y Jamie Hewlett fue visionario. Porque en un mundo en el que las grandes novedades del año pasado hoy ya quedaron antiguas, no es común que una criatura pensada como de vanguardia a finales de los noventa, mantenga intacta su vigencia casi dos décadas después, en el despertar a la realidad aumentada.



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