Todos unidos

La lista de reclamos sindiciales está encabezada por el aumento de las tarifas, medida que el gobierno no está en condiciones de resignar pues sabe que se trata de una bomba de tiempo que necesita resolver.

Por Gonzalo Neidal
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2016-07-21_MACRI_CALO_BARRIONUEVO_MOYANOLos dirigentes sindicales de las principales centrales obreras está decididos a unirse. Esta vez, van en serio. Se suman incluso los que permanecieron callados durante todos estos años, abrigados al calor oficial.
Macri suma esa desventaja: la imposibilidad de alimentar a sindicalistas oficialistas. Primero, porque no es peronista y ningún sindicalista peronista aceptaría –no en las circunstancias actuales- tener una actitud negociadora o tolerante ante un gobierno que necesariamente tiene que ajustar algunos tornillos que al menos inicialmente pueden significar un golpe al bolsillo de amplios sectores. Pero, además, porque esa idea no forma parte de su estrategia ni de su estilo de gobierno.
Uno podría señalar que un sector del sindicalismo se la bancó calladito al lado de Cristina mientras arreciaba la inflación y subía el impuesto a las ganancias, achicando los salarios. Pero eso no cuenta. Los argumentos carecen de valor. Valen las situaciones de fuerza. Y el sindicalismo tiene una cuota de poder que utiliza no sólo para obtener ventajas hacia sus afiliados, lo cual resulta completamente inobjetable en el juego democrático. La dirigencia sindical –que muchos llaman “burocracia”, con cierto dejo despectivo- tiene intereses propios. Privilegios que también forman parte de los bienes que defiende con su política. Muchas veces ocurre que estos son los que están en un primer plano y su defensa se encubre con “la lucha por el salario de los trabajadores”. Pero son reglas de juego que hay que aceptar y el propio gobierno sabe que se trata de uno de los escollos más duros que debe superar.
La lista de reclamos sindiciales está encabezada por el aumento de las tarifas, medida que el gobierno no está en condiciones de resignar pues sabe que se trata de una bomba de tiempo que necesita resolver. Luego siguen las retenciones por el impuesto a las ganancias, cuya eliminación fue una promesa electoral de Macri que, luego verificó, no está en condiciones de cumplir en forma completa por razones fiscales aunque ya ha dado un paso importante.
Sigue la recesión y los consecuentes despidos que se originan en una baja performance económica. Esto es algo de difícil reversión en el corto plazo. El país lleva cuatro años en una situación de estancamiento económico que ahora, con los ajustes que fue necesario implementar, el cimbronazo se hace claramente perceptible. A ello se suma la imprudencia del ministro Prat Gay, que adora hacer pronósticos cuyo cumplimiento es incierto o decididamente imposible de concretar. Así ocurrió con la inflación (25%) y con las presuntas excelencias del segundo semestre.
Y es en este escenario complicado que aparecen los sindicalistas endureciendo su posición frente al gobierno. ¿Qué buscan? ¿Aparecer como gente preocupada por el destino de sus afiliados? ¿Torcer el rumbo de las correcciones emprendidas por el gobierno?
¿Apretar al gobierno para obtener beneficios para la dirigencia sindical?
¿Movilizarse como advertencia para no ser investigados?
¿O formar parte de una estrategia peronista de recupero del poder en el corto plazo?



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